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¿Peatonalizar las calles reduce realmente la contaminación? Polémica en París

El ayuntamiento de Madrid ha decidido peatonalizar en breve plazo la Gran Vía, una de las principales arterias de la almendra central de la ciudad. Esta iniciativa, como otras que se van implantando en los últimos tiempos, va a remolque y a semejanza de otras que se han puesto en práctica en diversas capitales europeas con mayor o menor éxito.

La Gran Vía se trazó y construyó a principios del pasado siglo como una solución para aliviar el creciente casco histórico, que heredaba todavía el trazado de la antigua ciudad medieval. Se facilitaba así la circulación entre la mitad occidental de la capital con su parte oriental que empezaba a expandirse hacia la carretera que partía hacia Alcalá de Henares.

En París, Anne Hidalgo hizo hace unos meses lo mismo, limitando parcialmente la circulación sobre otros ejes principales de la capital francesa. En concreto sobre amplios tramos de las vías que bordean ambos lados del río Sena, los llamados Quais Hauts de la Rive Droite y El Boulevard St Germain, donde se han ensanchado las aceras en detrimento de la calzada para tráfico rodado. El motivo de estas restricciones era, al igual que en el caso de la Gran Vía madrileña, mejorar los índices de polución en la atmósfera y convertir las riberas del río en amplios paseos peatonales.

Informe alarmante

Pues bien, tras este tiempo en funcionamiento, la región de Île-de-France, controlado por la oposición a la alcadesa de París, publicó la pasada semana un informe alarmante realizado por el Instituto de Ordenación Urbana (IAU) y un comité de expertos elegido por la región.

En primer lugar, el tiempo de los trayectos por esas vías se ha incrementado de 25% a 92% según las horas. Además, las mediciones de ruido también se han elevado de forma importante, desde un 12% hasta un 125%. Pero, lo más importante es que la medida no ha servido para rebajar las emisiones sino que el efecto ha sido el contrario, aumentando éstas del 15% al 49% en partículas tóxicas y de 18% a 53% en óxidos de nitrógeno (NOx).

La conclusión de la región es que ha sido desastroso para el medioambiente parisino el cierre parcial de estas importantes vías y las críticas ahora se centran en la intencionalidad de la medida, más política en contra del transporte privado que eficaz en cuanto a reducir la contaminación ya que ha conseguido todo lo contrario.

Sin embargo, desde el propio comité de expertos encargados de la evaluación y la propia región son cautos a la hora de valorar los resultados. Pierre Carli, presidente del comité y médico jefe del SAMU (servicio de Urgencias) aseguró en la presentación a la prensa que "los datos de calidad del aire son complejos de analizar, especialmente por los picos de polución de diciembre". Carli añadió que "se puede couestionar legítimamente" el papel de los vehículos en los problemas medioambientales del mes pasado.

En este sentido, Chantal Jouanno, vicepresidenta del Consejo Regional de Ile de France, reconoció que las mediciones se han realizado durante unos meses en los que las condiciones meteorológicas "fueron muy particulares, con viento, frío y sin lluvias", por lo que no es determinante, pero sí "un signo de advertencia".

AirParif, organismo regional encargado de supervisar la calidad del aire en Île de France, asegura por su parte que es demasiado pronto para sacar conclusiones, aunque en su primera valoración, también presentada la semana pasada, aseguraba que la calidad del aire había mejorado.

La conclusión que se deriva de todo esto es que decisiones de este tipo deberían estar avaladas por un estudio previo y alternativas realistas para las necesidades del conjunto de la población en lugar de atender a un calendario estrictamente político. Limitar una vía en concreto peatonalizándola podría trasladar los conflictos de circulación a zonas de tráfico aledañas, aumentando los tiempos de trayecto y por ende las emisiones en general.

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