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Julián Rodríguez: "El recurso más importante de una universidad es su claustro académico"

  • Nos hemos propuesto tener un claustro con dedicación exclusiva
Madrid

La Universidad Austral es la primera institución de educación superior argentina en realizar un acuerdo con Coursera, la plataforma líder a nivel mundial en educación online. Es una institución inspirada por San Josemaría, fundador del Opus Dei. Es considerada por diversos rankings la mejor institución privada de la República Argentina.

¿Cómo valora la formación universitaria en su país?

Considero que en nuestro país existe un gran respeto por la institución universitaria, debido a su historia y sus logros, y por el aporte que ha hecho a la sociedad argentina y a su devenir histórico. Por otro lado, también ha significado un elemento de movilidad social muy importante. Es necesario igualmente tomar conciencia que tanto nuestra sociedad como la Universidad han cambiado y por tanto es necesario adaptarse al mundo moderno, con sus nuevas demandas y desafíos.

¿Cuál es el éxito de vuestras instituciones para despuntar por encima del resto de países de Latinoamérica?

Considero que la calidad del claustro docente y los altos estándares que nos proponemos en el proceso de aprendizaje nos han permitido obtener resultados que son muy satisfactorios para nosotros. Nos hemos propuesto tener un claustro con dedicación exclusiva lo más numeroso posible dentro de nuestras posibilidades, pues estamos convencidos del valor agregado de la relación cercana entre alumno y docente. Por otro lado, siendo muy comprensivos con los alumnos y las diversas situaciones personales, procuramos que su principal interés y dedicación en esta etapa sea su formación universitaria: esto exige un gran compromiso de la Universidad y sus docentes con los alumnos, para acompañarlos muy de cerca.

¿Qué opina de los rankings internacionales?

Los rankings son una buena herramienta que ayudan a tener una mirada comparada en dimensiones ampliamente aceptadas como indicadores de la performance de las Universidades. Como cualquier medición, es natural que tengan un sesgo determinado y, por lo tanto, ayudan a hacer una lectura de la realidad de la Universidad y sirven para comparar, de un modo más o menos objetivo, entre instituciones universitarias, pero no son suficientes para describir la totalidad de la organización. La Universidad no puede ser gobernada a través de los rankings, pero los rankings nos ayudan a disponer de mediciones externas de la marcha de la institución y nos ayudan también a entender las percepciones que se generan en el público.

¿Cómo afrontan el reto de adaptar los programas académicos a lo que demanda el mercado?

Pienso que a veces se presenta una falsa oposición entre mercado y academia. Las demandas de cambio son una oportunidad de servir mejor a la sociedad y no se pueden reducir simplemente a cuestiones económicas, laborales, etc. Es necesario tener una cercanía con las organizaciones, las empresas, los organismos públicos para entender cuáles son sus demandas y por lo tanto qué profesionales debemos formar. Para esto son clave los profesores, que son quiénes están en contacto permanente con esos actores y con los alumnos. Por otro lado, la Universidad debe estar pensando en el futuro, diseñando el futuro, viendo más allá, y para eso es clave la investigación. De allí la importancia que los profesores que investigan, que generan conocimiento, estén en contacto con el mundo laboral, con la demanda de las organizaciones, para orientar su estudio e investigación y volcarla en las aulas.

¿Cuáles son los retos de futuro de la universidad en su país?

Los retos que tenemos como Universidad en el mediano plazo están relacionados con cómo desarrollarnos con serias restricciones de recursos por el contexto económico de nuestro país, por un lado; y por otro, cómo poder hacer nuestro aporte para que Argentina pueda tener un desarrollo sostenible e inclusivo tan necesario para salir del 30% de la pobreza estructural en la que se halla nuestro querido país desde hace muchos años.

Nos proponemos fortalecer el protagonismo de la Universidad en el área de las Ciencias de la Salud, tanto en la docencia, la investigación y la transferencia; el Hospital Universitario nos ayuda enormemente a descubrir nuevos caminos de desarrollo e investigación en esta área. A su vez estamos comenzando a recorrer el camino del desarrollo de la ciencia de los datos, con la creación de un centro dedicado a esta temática, que tiene múltiples implicancias en distintas áreas del conocimiento: management y nuevos modelos productivos, salud, comunicación, educación, etc.

También tenemos el reto de seguir trabajando en la innovación educativa en la Universidad, sin olvidar que el desafío más importante no pasa por la tecnología, sino entender bien las nuevas metodologías de aprendizaje que deje claro que la clave está en la generación de competencias y habilidades en nuestros alumnos, que los preparen a un mundo futuro lleno de incertidumbres, de oportunidades y de desafíos.

A su vez, debemos identificar aquellos problemas sociales en los que la Universidad pueda aportar valor, desde su lugar, principalmente desde la investigación y la actividad de extensión; en particular, lo que se refiere al desarrollo integral de la comunidad local.

¿Cómo pueden ser las universidades más competitivas?

El recurso más importante de una Universidad es su claustro académico. Contar con un proyecto que atraiga profesores que sean apasionados de lo que enseñan por un lado y, a la vez, tengan la capacidad de interesarse y estudiar los temas que inquietan a la sociedad y demandan las empresas e instituciones, le permitirá a una Universidad realizar un aporte de alto valor agregado. No sé si es correcto hablar de competitividad de una Universidad, pero sí debemos pensar en qué es lo que aporta una Universidad a su entorno, a la sociedad, desde la investigación y la docencia.

¿Qué le parece un sistema universitario gratuito, como hay en otros países europeos?

No conozco en detalle el sistema universitario europeo, pero sí estoy de acuerdo con la existencia de una oferta universitaria gratuita en nuestro país. Como he mencionado más arriba, la posibilidad del acceso a la Universidad es un elemento de movilidad social significativo en nuestro país y por ello celebro la existencia de esa posibilidad. Me animo a hacer dos consideraciones al respecto: por un lado, que la gratuidad no debe ir en contra de la calidad, eso es algo que debe cuidarse; si no se vela por la calidad del sistema universitario, todas las instituciones de ese ámbito nos veremos devaluadas. Por otro lado, entiendo que la gratuidad no debe ser pura y exclusiva de las Universidades de gestión estatal, como es en nuestro país: el Estado debería pensar mecanismos – como becas o créditos universitarios - que permitan que chicos sin posibilidades económicas puedan estudiar en Universidades aranceladas, como son las de gestión privada.

¿Quién tiene la culpa del desajuste que existe entre la formación que reciben los universitarios y su bajo nivel de empleabilidad?

En Argentina, y me atrevería a decir en toda la región, los graduados universitarios tienen una alta inserción laboral, ya que el problema del desempleo afecta mucho más a quienes no han podido realizar estudios superiores. En nuestro caso, la empleabilidad es muy alta, tenemos un nivel de empleabilidad del 97 % de nuestros graduados en menos de seis meses. En este sentido estamos muy contentos pues en 2018 fuimos la 1° Universidad de Argentina en términos de empleabilidad según el ranking QS. Considero que esto lo hemos conseguido por varios motivos: en primer lugar, por la calidad de la enseñanza en nuestra Universidad; por la cercanía que procuramos tener con el alumno y con los empleadores futuros; y también por la buena consideración que tienen los empleadores sobre nuestros graduados, al verlos trabajar y desarrollarse en el ámbito profesional, no solo por sus capacidades técnicas sino también por la impronta humanista que procuramos darles en todas las carreras.

¿Hay demasiada endogamia en la universidad? Y, si la hubiera, ¿es necesariamente mala?

Procuramos incorporar graduados nuestros a la carrera académica y a las tareas de gestión de la Universidad, pues ya conocen la institución, conocen sus valores, su ideario, cómo nos gustan hacer las cosas y tratar a las personas. Esto debe ser compatible con la posibilidad de incorporar profesionales, administrativos o académicos, que vengan de otras Universidades de prestigio pues pueden ayudarnos a ver cosas que no vemos y a traer buenas prácticas de otros ámbitos o de otras organizaciones. Igualmente, lo natural en una Universidad es que su claustro académico se forme y se vaya renovando con graduados propios, pues hay todo un proceso de desarrollo profesional que es muy conveniente que se realice dentro de la misma organización.

A título personal, ¿qué le gustaría dejar hecho cuando abandone el rectorado?

Dos logros me propongo dejar a la Universidad cuando termine mi gestión:

1° Terminar de consolidar bases sólidas para una gestión eficiente, que permita que los que dirijan la Universidad en el futuro piensen principalmente en su desarrollo académico y de investigación y dispongan de los recursos necesarios.

2° Dejar definido un rumbo claro, preciso y consensuado por la comunidad universitaria para el año 2030, de tal modo que la gran mayoría de las personas - con la razonable y típica diversidad que caracteriza y enriquece a una institución universitaria - estén comprometidas con su realización, que es lo que considero clave para garantizar su consecución.

¿Por qué cree que hay tanta resistencia de muchos sectores a que haya estudiantes extranjeros en la Argentina?

Muchas veces se parte de prejuicios que no están basados en la evidencia: lo cierto es que el impacto estratégico de tener estudiantes internacionales es enorme. De hecho, no vemos que haya grandes resistencias. Desde el anterior gobierno se ha puesto en marcha y se ha consolidado el programa de internacionalización de la educación superior, que constituye un caso no tan frecuente en nuestro país de continuidad en políticas públicas. Así Argentina ha liderado durante muchos años en cuanto a participación de instituciones en programas de movilidad bilateral, de cooperación internacional con la UE, etc. Por ejemplo, el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, a través de Study Buenos Aires, impulsa fuertemente la llegada de estudiantes internacionales en todos sus niveles y estamos muy conformes con la ayuda que prestan a las Universidades en esta tarea. Tener aulas con diversidad cultural es algo que considero muy enriquecedor, tanto para los alumnos como para los profesores.

¿Cómo imagina la universidad y las profesiones del futuro?

En un congreso universitario en el que participé en el año 2018, decía Pam Fredman, presidenta de la Asociación Internacional de Universidades (IAU), que debemos entender muy bien lo que es humano, qué es lo propio del hombre en el ámbito del trabajo y del saber, pues en el futuro, todo el resto lo harán las máquinas. Veo en el futuro una Universidad más profunda, más concentrada en su saber específico, más preocupada por las preguntas de fondo sobre la humanidad, a la vez que sigue con su firme paso en el desarrollo de nuevas tecnologías que mejoren la calidad de vida del hombre.

¿A cuánto están de poder generar un nuevo Nobel en Argentina?

La calidad de la formación y producción de los investigadores argentinos es reconocida. El principal desafío es que esos talentosos, creativos y muchas veces muy sacrificados científicos se queden en el país porque haya instituciones que los acojan y potencien sus capacidades. Se requiere mucho tiempo e inversión de recursos ingentes hasta que la investigación básica, típica de las ciencias que se reconocen con los premios Nobel y otros, 'cuaje' en equipos consolidados y con proyección. Como universidad joven, con apenas 41 años, intentamos sumarnos a esa tradición argentina que nos enorgullece. Hay algunos científicos de nuestra Universidad que están realizando importantes investigaciones en el área de la Salud, en particular en el área de genómica y en el tratamiento del dolor, de calidad mundial. No sabría decirle si podremos aportar un premio Nobel en el mediano plazo, pero sí le puedo asegurar que ese equipo de trabajo lo está haciendo muy bien, con gran seriedad, está formado por profesionales prestigiosos que van consiguiendo resultados valiosos, aunque el camino a recorrer es largo y hay que hacerlo con mucha paciencia y perseverancia.

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