Ecoaula

Toni Solano: "Los deberes son un elemento que agrava aun más el fracaso en los niveles más bajos"

  • Muchas de las iniciativas de este centro pretenden reducir el fracaso escolar
Madrid

"Un centro sin deberes". Así define Toni Solano el IES Bovalar, centro que dirige como director. Se trata de un instituto con un alto porcentaje de alumnos en desventaja social. Destaca la aplicación de metodología por proyectos y la tutoría entre iguales.

Como director del IES, ¿qué le hace tomar la decisión de cambiar la metodología de enseñanza?

La implantanción del trabajo por proyectos es muy anterior a mi desempeño como director del IES Bovalar. Cuando el actual equipo asumió el proyecto de dirección, incorporamos experiencias que ya estaban funcionando en el aula desde hacía años, experiencias que buscaban precisamente salvar el enorme fracaso escolar del centro. Cuando tienes 6 o 7 grupos de primero de ESO y solo uno o dos grupos de Bachillerato, debes pensar que algo no funciona correctamente. Es posible que muchos factores sean ajenos a la Escuela, pero otros se deben intentar resolver desde dentro. Por otro lado, nuestro centro tiene una gran diversidad de alumnado, incluso con un aula específica de alumnado de espectro autista, algo que nos imprime una particular sensibilidad que acaba convirtiéndose en seña de identidad: la inclusión. En ese sentido, los esfuerzos se orientan a la mejora de todo el alumnado, sin dejar a nadie atrás.

¿Qué ventajas considera que tiene no enviar deberes a los alumnos? ¿Cree que debe tomarse esta misma decisión en otros centros?

En nuestro centro detectamos que muchos alumnos no hacían los deberes porque no tenían apoyos externos, bien porque las familias no tenían formación o bien porque ni siquiera tenían tiempo para ayudarlos o supervisarlos. La única manera de salvar ese escollo es recurriendo a academias por las tardes, algo que tampoco se pueden permitir muchos alumnos. Los deberes son por tanto un elemento que agrava aun más el fracaso en los niveles más bajos. Es posible que una cantidad razonable de deberes contribuya al trabajo autónomo del alumnado, pero lo que observamos es que en la mayoría de casos, los deberes son desmesurados e innecesarios. De ahí que promoviésemos un compromiso de "Centro sin deberes" en el que los docentes se adhieren de manera voluntaria a la iniciativa de reducir, racionalizar o suprimir los deberes, fomentando de este modo el trabajo tutelado en el aula.

¿En qué consiste la tutoría entre iguales?

Consiste en un programa que asigna a cada alumno que llega nuevo en 1º de ESO un tutor/ayudante de 3º o 4º de ESO. En nuestro centro estamos desarrollando concretamente el programa TEI, desarrollado por la Universidad de Barcelona en colaboración con otras universidades y centros educativos de todo el país. Este programa nos ha permitido reducir el número de incidentes en 1º de ESO y está contribuyendo a mejorar la convivencia en el centro. Pensamos que, si se mejora la convivencia, también mejorará el rendimiento académico.

En cuanto al fracaso escolar, ¿qué medidas ha tomado para intentar reducirlo?

Casi todas las iniciativas arriba mencionadas van en esa línea: cambio metodológico, especialmente bajo el desarrollo del aprendizaje basado en proyectos, reducción de los deberes, mejora de la convivencia, participación del alumnado, estableciendo foros y comisiones en las que tengan voz y voto, vinculación al contexto, fomentando la participación con el barrio, el ayuntamiento, la universidad, otras asociaciones, etc. Hay que destacar que los resultados de todas estas actuaciones se van obteniendo poco a poco, en un proceso dilatado en el tiempo, algo que también exige que los recursos se mantengan y que no volvamos a padecer recortes.

¿Qué papel juega la tecnología en su modo de ver la educación? ¿y en el centro?

La tecnología forma parte de nuestro mundo y de nuestra vida, por ello ha de estar presente en la Escuela, como en cualquier otro ámbito. En nuestros proyectos usamos documentos compartidos, aulas virtuales, robótica, drones, etc. Sin embargo, la tendencia es a pensar que toda la tecnología escolar es usar los móviles en el aula y que el reto es prohibirlos o permitirlos. Creo que el asunto de los móviles y los menores no es tema exclusivo de la Escuela y que no debería recaer en los docentes la responsabilidad de educar en su uso. Estamos para enseñar con las tecnologías, no para ejercer de policías. Frente a una sociedad que permite que un niño de siete u ocho años tenga un móvil cuyo uso ni se limita ni se supervida, queremos que los profes sean los malos de la película y les prohíban usarlo para aprender. Es un gran error.

¿Qué habilidades cree que debe tener un buen docente?

Ante todo debe ser un buen profesional de su ámbito o materia. No se puede ser buen docente sin tener conocimientos de lo que se ha de enseñar. Pero tampoco se puede ser buen docente si no se sabe enseñar. En muchas carreras se descuida este aspecto pedagógico, a pesar de que es la docencia una de las principales salidas profesionales de algunas titulaciones. Hablar mal de la pedagogía es no haber entendido que enseñar y aprender es algo más que volcar conocimientos de un individuo a otro. Además, hay numerosas habilidades que los docentes ejercemos a diario: empatía, paciencia, curiosidad, sentido del humor, compasión… Es una labor bastante compleja si se quiere hacer bien.

¿Cómo considera que está evolucionando la educación en España?

Vivimos un momento crucial en lo educativo, en lo social y también en lo político. He manifestado en muchas ocasiones que la aparición de Internet ha cambiado el modelo de aprendizaje y por tanto debería cambiar también el modelo de Escuela. Nuestros jóvenes no van a aprender igual que nosotros y eso requiere que planteemos un currículo diferente y también que reorganicemos el sistema escolar de otro modo: espacios, horarios, titulaciones… Ante esto, la sociedad y los políticos deberían dejar de lado las disputas banales y centrarse en definir qué modelo de Escuela hace falta para enfrentarse al futuro en las mejores condiciones. Cambiar las leyes educativas cada cuatro años es lo peor que le puede pasar a nuestro país.

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