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Más de 100 millones de niños no van a la escuela por vivir en zonas de combate

  • Dos de los países más afectados son Yemen y Siria
Madrid

La educación es un derecho de toda la población mundial, sin embargo, en muchos países afectados por conflictos bélicos, esta obligación decae a un segundo y tercer plano que difícilmente se recupera. Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), la cifra asciende a 104 millones de niños que no van a la escuela por vivir en zonas de conflicto. Supone un tercio de la población total de 303 millones que hay sin escolarizar. La cifra de menores que no acude a los colegios en estos países representa a uno de cada tres.

Si esto no supusiera un grave problema por sí solo, es necesario añadir que más de 21.000 alumnos y profesores han resultado heridos por los ataques lanzados a escuelas en países de conflicto durante los últimos cinco años, según un informe realizado por la Coalición Global para Proteger a la Educación de Ataques (GCPEA), que ha estudiado más de 12.700 incidentes entre 2013 y 2017. Se han analizado concretamente 28 países con más de una veintena de ataques, entre los que destacan República Democrática del Congo, Nigeria, Filipinas, Sudán del Sur, Israel, Palestina, Siria y Yemen. En lo que se refiere al nivel de educación primaria, Sudán del Sur tiene la mayor tasa de niños sin escolarizar, con más del 70 por ciento que no acuden a las clases. En cuanto a la educación secundaria, las mayores tasas de se dan en Níger, con más de un 65 por ciento. Ante esta crítica situación, Unicef ha alertado de la escasez de fondos que está afectando el acceso a las escuelas.

Según el informe Futuros Robados: jóvenes y sin escolarizar de Unicef, uno de cada cinco jóvenes de 15 a 17 años que viven en países afectados por conflictos o desastres nunca han ido a una escuela y dos de cada cinco nunca han terminado los estudios primarios. Esta situación hace reflexionar sobre en qué punto se encuentra la educación dentro de los problemas mundiales, y es que menos de un cuatro por ciento de los llamamientos humanitarios a nivel internacional se destinan a la educación. En este informe se pide una mayor inversión en la calidad que permita que niños y jóvenes de los países afectados por emergencias humanitarias complejas y crisis prolongadas aprender en un entorno seguro. No obstante, estos datos están relacionados con la pobreza, que sigue siendo el obstáculo más importante para la educación en todo el mundo, ya que los más pobres tienen cuatro veces más probabilidades de no asistir a la escuela que aquellos que pertenezcan a familias con más recursos económicos.

Yemen y Siria, en el objetivo

El informe realizado por Unicef no es optimista a la hora de analizar el futuro que le espera a la educación en estas regiones. Según las tendencias estudiadas en la actualidad, el número de jóvenes de 10 a 19 años aumentará a más de 1.300 millones en 2030, lo que representa un alza del 8 por ciento.

Dos de los países más afectados y que están en el punto de mira en esta materia son Yemen y Siria. En el primer caso, más de 1.500 escuelas y universidades sufrieron daños o fueron destinadas con fines militares. Antes de iniciarse la guerra, el número de jóvenes que no asistía a clase en este país ascendía a 1,4 millones de niños. Desde el conflicto la cifra se disparó y los menores se enfrentan a una amenaza diaria de falta de comida, enfermedades, desplazamientos y graves carencias de servicios sociales. Unicef teme que más alumnos se queden sin acceso a la educación por el impago de nóminas a funcionarios, que se ve re-flejado en los dos años que algunos profesores llevan sin co-brar. Además, según informes de la ONU, más de 2.500 escuelas permanecen cerradas, exactamente el 66 por ciento como consecuencia de combates. Un 7 por ciento se ha convertido en refugio para poblaciones desplazadas o grupos armados. La principal consecuencia de esta falta de escolarización recae en que los niños se enfrentan a riesgos. En el caso de los varones pueden acabar en el ejército formando parte de los denominados niños soldado, teniendo en cuenta que ya hay más de 2.600 casos. Las niñas se enfrentan al matrimonio temprano, además de ser víctimas de abusos y violaciones en los centros educativos o cerca de ellos.

Según el informe citado anteriormente de la GCPEA, se han registrado ataques deliberados contra escuelas de niñas. Concretamente, en la República Democrática del Congo, un grupo armado secuestró en 2017 a ocho menores y las violó durante tres meses. Dicho estudio constata además el uso de escuelas y universidades con fines militares en 29 países.

En Siria, según el representante gubernamental Saed Zakhyia, al menos mil centros escolares deberán ser demolidos y reconstruidos debido a ataques terroristas. El pasado mes de enero, el Ministerio de Educación sirio incrementó la cifra de psicólogos para atender a las secuelas dejadas por la guerra en los niños y se organizaron cursos intensivos de nivelación para los menores que no recibieron clases durante años debido al conflicto.

La Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) publicó un informe el pasado 29 de agosto en el que manifiestaba que cuatro millones de menores refugiados no asisten a la escuela, lo que supone un aumento de medio millón en un solo año. Este informe, denominado Turn the Tide: Refugee Education in Crisis, explica que a pesar de los esfuerzos de los gobiernos y Acnur, la matriculación de alumnos refugiados en la escuela no sigue el ritmo de la creciente población de refugiados. Tan solo el 61 por ciento de estos estudiantes asiste a la escuela primaria, en comparación con el 92 por ciento de los de todo el mundo.

Este estudio es crítico con el asunto, ya que casi dos tercios de los niños refugiados que van a la escuela primaria no llegan a la escuela secundaria. Además, se insta a los países de acogida a inscribir a los menores refugiados en los sistemas nacionales, con un plan de estudios adecuado, a través de la escuela primaria y secundaria.

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