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Un estudio recomienda integrar modelos romaníes en la enseñanza y analizar las causas del fracaso escolar dentro de esta comunidad

  • Se ha basado en varios talleres y sesiones de diálogo con familias y profesores

El proyecto "Vakeripen" ( "conversación", en lengua romaní) que combina la investigación cualitativa con el trabajo social, tiene como principal objetivo mejorar tanto aspectos prácticos como de conocimiento sobre la construcción de modelos de trabajo sostenibles contra la exclusión, el fracaso escolar y el abandono de los estudios entre la comunidad romaní. Está cofinanciado por la Unión Europea, dentro del programa "Rights, Equality and Citizenship".

Zenia Hellgren, investigadora de GRITIM-UPF, presentó los resultados del proyecto "Vakeripen. Roma inclusion in education: fostering constructive attitudes and good practices in the Barcelona area "el pasado 15 de mayo de 2018, en el marco de la reunión sobre la inclusión romaní organizada por el Ayuntamiento de Barcelona. Esta reunión se enmarca en el grupo de trabajo de EUROCITIES en el que participa el Grupo de Investigación Interdisciplinario sobre Inmigración (GRITIM-UPF) del Departamento de Ciencias Políticas y Sociales.

Algunas de las principales conclusiones preliminares que se desprenden del proyecto, que ha sido llevado a cabo por GRITIM-UPF desde enero de 2017 y que se alargará hasta julio de 2018, son las siguientes: tanto las familias romaníes como el personal escolar encuentran limitaciones estructurales que afectan a la relación entre ellos; las familias romaníes no tienen expectativas bajas en cuanto a la educación de sus hijos, y los niños y las niñas de este colectivo tienen una falta de modelos de romaníes en la sociedad donde conviven.

El estudio ha sido elaborado por los investigadores Zenia Hellgren, junto con Lorenzo Gabrielli, Evren Yalaz y Dirk Gebhardt, de GRITIM-UPF, en colaboración con los socios del proyecto Pedro Casermeiro, de la asociación cultural Rromane Sikl?vne, y Miguel Ángel Franconetti, de la Fundación Privada Pere Closa. Se ha llevado a cabo en cuatro áreas residenciales consideradas marginales en el área metropolitana de Barcelona: Bon Pastor, La Mina, Sant Roc y El Gornal.

La investigación se ha basado en un gran número de talleres y sesiones de diálogo con familias y profesores de estas zonas, complementadas con entrevistas en profundidad con madres y padres romaníes (han participado un total de sesenta familias), profesores y actores intermediarios, mediadores escolares e integradores sociales. Ha incluido la observación de los participantes y la formación de los docentes, organizada por el equipo del proyecto.

"Hace falta una visión más amplia sobre el fracaso escolar"

Una de las principales conclusiones del estudio, cuyo informe final se publicará en agosto de 2018, es que "es necesario saber los motivos subyacentes por los que un niño o niña romaní no acude a clase, ya que lo que la escuela puede percibir como falta de interés o implicación, puede reflejar una situación de vida difícil de sostener", afirma Zenia Hellgren, que recalca la necesidad de trabajar en múltiples niveles.

Por un lado, a nivel estructural, hay que mejorar las perspectivas económicas y laborales y la movilidad social en estas áreas, y revisar la función de los servicios sociales, para que los profesores puedan centrarse en la enseñanza. Por otro, a nivel interpersonal, hay que trabajar con conciencia, comprensión y flexibilidad desde la escuela, para buscar canales viables para la comunicación.

Algunas de las limitaciones estructurales que se pueden encontrar tanto las familias romaníes como el personal escolar, y que pueden afectar a la relación entre ellos, están vinculadas con el hecho de que muchas madres y padres romaníes se ven afectados por la precariedad económica y laboral, y también sufren discriminaciones frecuentes. Este hecho genera frustración y temor a que su hijos sean discriminados por personal de la escuela y otras personas.

Además, el personal escolar debe afrontar una falta de recursos constante: el déficit en cuanto a tiempo y presupuesto hace que los docentes no puedan atender ni centrarse suficientemente en las necesidades docentes de sus alumnos y tengan que llevar a cabo "trabajo social" (hay alumnos que llegan a clase sin las necesidades básicas cubiertas, incluso con hambre, ya veces los proporcionarán bocadillos, por ejemplo).

"Las familias romaníes quieren que sus hijos sigan estudiando y que tengan una vida mejor que la suya. Sin embargo, son muy conscientes de que la falta de recursos económicos puede dificultarles, por ejemplo, pagar las tasas universitarias", afirma la investigadora de GRITIM-UPF.

Asimismo, cabe destacar el hecho de que la actitud individual de cada profesor y su nivel de implicación son básicos para apoyar y motivar a los estudiantes. "Es fundamental que los docentes de las escuelas de estos barrios realmente quieran trabajar en el lugar donde se encuentran, que crean en sus alumnos y que sean capaces de transmitir estas expectativas positivas", asegura Zenia Hellgren, que recalca que las expectativas de las familias deben poder ser realistas.

Para hacer posible todo esto, las escuelas necesitan mejorar y desarrollar estructuras de apoyo e información sobre las perspectivas de futuro, sobre todo en la enseñanza secundaria: por ejemplo, programas de mentoría e información detallada, como de las becas existentes o del camino que hay recorrer para llegar a trabajar en diferentes profesiones.

"Hay una falta de modelos romaníes en la sociedad"

Otra de las conclusiones del estudio es que hay que hacer visible la cultura y la historia romaníes en el currículo escolar general, no sólo en las escuelas con una proporción alta de estudiantes romaníes. Por ejemplo, incluyendo autores y artistas romaníes de una manera normalizada en las clases sobre literatura catalana y castellana; hablar sobre las víctimas gitanas del holocausto, y también trabajar para reclutar profesores y otros modelos de origen romaní, no sólo con la función de mediador.

"Los niños romaníes en estos barrios rara vez conocen adultos con los que puedan identificarse que tengan estudios superiores y trabajo estable. No hay profesores gitanos en las escuelas, la cultura gitana y la historia casi nunca se explican en clase. Los niños y las niñas y sus familias casi nunca ven una imagen positiva de su propia cultura o de personas de origen romaní transmitidas por la sociedad mayoritaria. Se tendría que cambiar este modelo", concluye Zenia Hellgren.

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