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La gramática cambia más rápidamente que el vocabulario y está influenciada por el contacto con lenguas no relacionadas

Un estudio a gran escala de las lenguas del Pacífico revela que las fuerzas que impulsan el cambio gramatical son diferentes a las que impulsan el cambio léxico: la gramática cambia más rápidamente y está especialmente influenciada por el contacto con lenguas no relacionadas, mientras que las palabras son más resistentes al cambio.

Un equipo internacional de investigadores, dirigido por científicos del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, en Alemania, ha descubierto que las estructuras gramaticales de un idioma cambian más rápidamente con el tiempo que el vocabulario, dando la vuelta a una suposición de larga duración en el campo. El estudio, publicado este lunes en 'Proceedings of the National Academy of Sciences', analizó 81 lenguas austronesias teniendo en cuenta una base de datos detallada de estructuras gramaticales y léxico.

Al analizar estos lenguajes, todos de una sola familia y región geográfica, utilizando un sofisticado modelado, los investigadores pudieron determinar con qué rapidez habían cambiado diferentes aspectos de las lenguas. Sorprendentemente, diferentes procesos parecían estar moldeando el léxico y la gramática: el léxico cambiaba más cuando se creaban lenguas nuevas, mientras que las estructuras gramaticales resultaban más afectadas por el contacto con otros lenguajes.

Una cuestión fascinante para los lingüistas es si todos los aspectos de un lenguaje evolucionan como un sistema integrado con todos los aspectos (gramática, morfología, fonología, léxico) compartiendo la misma historia a lo largo del tiempo o si diferentes aspectos de un lenguaje muestran diferentes historias.

Esta investigación, realizada por un equipo internacional compuesto por investigadores del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, el Instituto Max Planck de Psicolingüística, la Universidad Nacional de Australia, la Universidad de Oxford, en Reino Unido, y la Universidad de Uppsala, en Suecia, se centraron en esa cuestión estudiando las estructuras y el léxico de más de 80 idiomas austronesios.

Los autores aplicaron métodos computacionales de vanguardia para analizar no sólo un gran número de palabras, sino también una gran cantidad de elementos gramaticales, todos de idiomas que estaban agrupados geográficamente, permitiendo comparaciones valiosas y profundas.

LOS HABLANTES DE UNA LENGUA ENFATIZAN ELEMENTOS PARA IDENTIFICARSE

Curiosamente, el estudio reveló que las estructuras gramaticales en promedio cambiaron realmente más rápido que el vocabulario. "Encontramos diferencias sorprendentes en el patrón general de las tasas de cambio entre el vocabulario básico y las características gramaticales de un idioma", explica el autor principal del estudio, Simon Greenhill, del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana. "Las estructuras gramaticales cambiaron mucho más rápidamente y parecían ser más propensas a verse afectadas por lenguas vecinas, mientras que el léxico cambiaba más a medida que se formaban nuevos idiomas", añade.

Otro de los autores, Stephen Levinson, comenta que este es un "hallazgo inesperado". "Muchos han pensado que la gramática podría darnos una visión más profunda del pasado lingüístico que el vocabulario, pero todavía hay algún motivo de precaución: comparamos vocabulario altamente conservador con una variedad sin filtrar de variables de la gramática, y la familia de la lengua es inusual para la manera en la que se diversificó durante la colonización de sucesivas islas --indica--. Pero lo que está claro es que los cambios de la gramática y del vocabulario no están estrechamente acoplados, incluso dentro de las ramas de una familia, de forma que mirándolos ambos se avanza significativamente en nuestra capacidad de reconstruir la historia lingüística".

Los investigadores encontraron que había elementos específicos de vocabulario y gramática que cambiaban a un ritmo lento, así como elementos que se modifican más rápidamente. Un hallazgo interesante fue que las estructuras gramaticales que evolucionaban lentamente tendían a ser aquellas de las que los hablantes son menos conscientes.

Cuando dos lenguas se juntan, o cuando una lengua se divide en dos, los hablantes de las lenguas enfatizan o adoptan ciertos elementos para identificarse o distinguirse de otros. Todos estamos familiarizados con la facilidad con que podemos distinguir grupos entre hablantes de nuestro propio idioma por acento o dialecto, y con frecuencia hacemos asociaciones basadas en esas distinciones. Los seres humanos en el pasado también lo hicieron y, según los investigadores, éste fue uno de los principales motores del cambio de lenguaje.

Sin embargo, si un hablante no es consciente de una estructura gramatical determinada porque es muy sutil, no intentará cambiarla o usarla como un marcador de identidad de grupo. Por lo tanto, esas características de un lenguaje, a menudo permanecen estables.

Los investigadores sugieren que, aunque la gramática en su conjunto podría no ser una mejor herramienta para examinar el cambio de lenguaje, un enfoque más matizado que combine los métodos computacionales con las bases de datos a gran escala de la gramática y el léxico podrían permitir una mirada en el más profundo pasado. "Una de las cosas realmente geniales que encontramos fue que este enfoque nos permitiría detectar cuándo y dónde hablaban los hablantes de diferentes idiomas hace miles de años", concluye el autor principal del artículo, Russell Gray.

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