Ecoaula

Más allá de la empleabilidad, la responsabilidad

  • Las prácticas organizacionales de las Universidades deben servir como epítome de los valores y actitudes que transmitimos a nuestros estudiantes
Madrid

Entre las diferentes misiones de la Universidad se encuentra la de potenciar la empleabilidad de los estudiantes. Aspecto éste que adquiere un trascendental impacto social en un país con unas tasas de paro que superan el 15% de la población activa y el 36% entre los menores de 25 años. Esta situación preocupante, lo es aún más si atendemos a la creciente desigualdad, agravada por el impacto de la pandemia sobre nuestra peculiar economía. Siendo nuestro país uno de los que presenta porcentajes más elevados de trabajadores pobres, o en riesgo de exclusión.

En este contexto, las Universidades tienen la responsabilidad insoslayable de capacitar a las personas para facilitar su integración y permanencia en el mercado laboral. Han de proporcionar una formación inclusiva y de calidad, que responda a las necesidades del tejido empresarial e institucional, contribuyendo, a su vez, a su competitividad y desarrollo innovador. Esta formación ha de abarcar tanto las competencias propias de la disciplina, como aquellas denominadas transversales o soft, las cuales acaban siendo, en muchos casos, la clave de acceso al mercado laboral. En este entorno dinámico, proporcionar a las personas la capacidad de aprender a aprender –y desaprender-, así como ofrecer formación de actualización o recapacitación que promueva la progresión profesional e impida la expulsión del mercado laboral constituye una necesidad ante el rápidamente cambiante mercado laboral y los avances de la sociedad en general.

En el caso de las facultades, que además tienen el propósito de formar a líderes y directivas/os de empresas de cualquier dimensión, esta misión debe ir ineludiblemente acompañada del fomento de los principios de gestión responsable, en coherencia con los objetivos de la agenda 2030. El propósito último es que cada una y cada uno de las graduadas y los graduados se conviertan en agentes del cambio, promotores de una economía y una sociedad global más responsable y sostenible a través de su comportamiento y liderazgo en el seno del tejido empresarial y organizativo. Cuando su espíritu emprendedor les mueva a plantear innovaciones y nuevos proyectos empresariales, deben ser capaces de analizar correctamente su viabilidad, teniendo en cuenta sistemas de producción responsables, que minimicen el impacto medioambiental de la actividad, así como estableciendo un sistema de relaciones laborales inclusivo, promotor de la igualdad de género, y que en definitiva, ponga a las personas en el centro, respetando los principios del trabajo decente. Si la viabilidad económica de los proyectos queda comprometida por el cumplimiento de estas condiciones, éstos deberían quedarse en "simples proyectos".

Este enfoque y compromiso de responsabilidad se extiende al resto de misiones de esas facultades, como es la contribución a la generación y difusión de conocimiento sobre las estrategias y políticas públicas y organizativas que permitan cambiar la estructura productiva del país, y orientar la actividad económica hacia la creación de valor sostenible social, ambiental y económicamente. En este punto destaca también la necesidad de contribuir a asentar rigurosamente las bases de lo que ya se conoce como un Nuevo Contrato Social.

Por otro lado, como muy bien sabemos, la mejor manera de enseñar a ser responsables es con el ejemplo. Las prácticas organizacionales de las Universidades deben servir como epítome de los valores y actitudes que transmitimos a nuestros estudiantes. Entre esas prácticas que deberían representar un modelo a seguir estarían, entre muchas otras:

- Una manera de trabajar fundamentada en el diálogo, la colaboración y la creación conjunta de conocimiento entre todos los miembros del ecosistema universitario (profesores, investigadores, empresas, estudiantes, administraciones públicas, instituciones, organizaciones de la sociedad civil y demás grupos de interés), generando sinergias mutuamente beneficiosas que permitan dar respuesta de manera más efectiva a todos los desafíos aquí planteados.

- Una estructura laboral que tenga como pilar fundamental el talento, promoviendo su captación, desarrollo y el reconocimiento de su valor y contribución a la transformación social. En esta ocasión quisiera remarcar que se hace imprescindible que la Universidad asuma la responsabilidad de la capacitación de su propio personal, especialmente el profesorado, para que esté en condiciones de dar respuesta al reto de ofrecer formación actualizada e inclusiva de calidad que responda a las necesidades cambiantes de la disciplina, aprovechando las oportunidades que abren las innovaciones metodológicas y tecnológicas.

En la última década se ha puesto de manifiesto la carencia formativa del profesorado universitario en relación al diseño de procesos de aprendizaje que favorezcan el logro y la evaluación de la adquisición de las citadas competencias transversales. El profesorado habitualmente domina su propia disciplina y cómo enseñarla, pero desconoce cómo enseñar y evaluar competencias como, por ejemplo, el trabajo en equipo, o el comportamiento ético y el liderazgo responsable. Aspectos, por otro lado fundamentales, en la promoción de un aprendizaje que permita trasladar a la práctica una gestión responsable.

Además, en este último año de pandemia y confinamientos, hemos visto la necesidad de que la transformación digital alcance en toda su dimensión a la formación universitaria, cambiando sus metodologías pedagógicas y aprovechando todo el potencial que la tecnología ofrece y avanzando, en definitiva, hacia una educación en la que las virtudes de la formación tradicionalmente presencial y la virtual se integren y potencien mutuamente. Para lograrlo, una condición necesaria -aunque obviamente no suficiente- la constituye precisamente la formación del profesorado.

Por otro lado, estos recientes acontecimientos han evidenciado, sin ningún género de duda, la importancia de la generación de conocimiento científico y el papel clave de las universidades en dicha creación. Potenciar el talento investigador y dotarlo de las mejores condiciones para desarrollar su actividad debe ser una responsabilidad de todos. En caso contrario, a la elevada tasa de paro entre los jóvenes, y al gran porcentaje de trabajadores pobres, tendremos que añadir un elevado éxodo de talento, de jóvenes altamente capacitados en nuestras universidades, y que aportan su conocimiento y buen hacer allende de nuestras fronteras.

Aquí la responsabilidad de los gobiernos es insoslayable. La infradotación de recursos de las Universidades para hacer frente a toda su actividad y responsabilidades constituye ya un tema manido, de tanto abordarlo sin que se vislumbre ninguna solución efectiva. Para hacer frente a esta responsabilidad los gobiernos han de considerar estos recursos como una imprescindible inversión en nuestro futuro y desarrollar los cambios institucionales precisos para que esta inversión retroalimente nuestro propio entramado productivo y social, huyendo de la habitual visión cortoplacista de la realidad y adoptando una mirada a más largo plazo, una mirada hacia nuestra "sostenibilidad" como sociedad.

La resolución de este complejo puzzle requiere del compromiso e implicación de las diversas organizaciones, empresas, facultades, universidades y gobiernos. Todas las instituciones deben asumir sus responsabilidades, pero no debemos olvidar que en última instancia somos las personas las que configuramos las instituciones. Si somos coherentes y responsables en nuestro comportamiento a nivel individual y como miembros de diferentes organizaciones, podremos cambiar el futuro. En definitiva, siguiendo la máxima de predicar con el ejemplo, el comportamiento diario y multidimensional -individual y colectivo- de cada una/o de nosotras/os se debe guiar por la asunción madura y coherente de nuestra responsabilidad, y compromiso individual y social.

Elaborado por M. Jesús Martínez-Argüelles, la directora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC

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