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¿Educación para reducir desigualdades y mejorar el bienestar?

  • La educación constituye la variable más explicativa del estado de salud
Madrid

La educación no solo puede ayudar a reducir las desigualdades en salud, fundamentalmente haciendo funcionar el ascensor social, sino también –y destacadamente- a mejorar el bienestar social.

Esta es la conclusión y presentación que Rosa Urbanos, presidenta de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria y componente del cuarteto para la evaluación independiente de la respuesta de España frente a la pandemia provocada por la covid-19, y quien suscribe este artículo hicimos en un debate en el Palau Macaya organizado por la Fundación Ernest Lluch. Su contenido giró en torno al título Políticas para reducir las desigualdades en salud tras la Covid-19.

En los países desarrollados, la educación constituye la variable más explicativa del estado de salud y éste, junto con renta, los factores más explicativos del bienestar

En los países desarrollados, la educación, incluso medida como años de escolaridad formal, constituye la variable más explicativa del estado de salud y éste, junto con renta, los factores más explicativos del bienestar. Por otra parte, la educación como inversión en capital humano es la que puede permitir a un país aumentar su productividad y cimentar su cohesión pues una mejor educación se correlaciona no sólo con estar ocupado con sueldos más altos y mejor salud sino también con mayor confianza en la sociedad, más efectividad en la actuación política y participación más elevada en tareas de voluntariado social.

Los resultados de España en PISA (15 años) y PIIAC (18-65) años no solo quedan por debajo de nuestros países de referencia, excepto Italia, sino también por debajo de la mayoría de los países del Este de Europa. El sistema educativo español efectúa un trabajo mediano en los procesos rutinarios, pero cuando se precisa iniciativa y creatividad fracasa. Sin iniciativa ni creatividad no hay innovación, sin innovación no hay crecimiento posible, y sin crecimiento el futuro solo ofrece más devaluación interna y menos progreso social.

Conocimientos o conocidos. En general, una alta educación de los padres pronostica una alta educación de los hijos con el problema de lo que en una generación pudo ser meritocrático se convierta en dinástico en la siguiente pues los hijos de profesionales de éxito hablaran muchos idiomas y programaran en muchos lenguajes. Cuestión espinosa pues aunque el mandarinato dinástico (hereditario) estropea el ascensor social tampoco resulta sencillo penalizar a los padres que invierten en sus hijos para que sus oportunidades sean iguales a las de los hijos de familias desestructuradas, monoparentales o desasistidas. En España e Italia, la situación se agrava, pues pertenecer a la clase alta mejora las oportunidades para encontrar trabajo así como la calidad del puesto de trabajo, bastante más que en otros países europeos como Países Bajos o Reino Unido.

Para igualar las oportunidades hay que centrarse en la educación preescolar y la primaria complementada con un gasto social centrado en los niños y niñas con mayor riesgo de exclusión social

Para igualar las oportunidades hay que centrarse en la educación preescolar y la primaria complementada con un gasto social centrado en los niños y niñas con mayor riesgo de exclusión social. Por eficiencia en la asignación de talento y por movilidad social. Datos de Madrid indican que el nivel educativo de los progenitores explica las competencias y las destrezas indispensables de los hijos, y datos de otros lugares señalan que también las capacidades no cognitivas (autocontrol, motivación, consideración adecuada del futuro, etc.), de nuevo explicadas por las condiciones uterinas y de los primeros 5 años de vida, afectan tanto las condiciones de vida futuras como la salud de las personas (Heckman, 2012). Cada vez más, en un mundo en que fácilmente puede crecer la desigualdad entre quienes disponen de suficiente capital humano para trabajar con máquinas inteligentes y quienes precisamente serán reemplazados por esas máquinas.

Disponemos de buenos análisis del componente universitario de la educación. Sabemos qué hay que hacer, la UPF particularmente. Sigue costando hacerlo. No hemos superado siquiera la situación que Marx denunció en 1875: In some states higher education institutions are also 'free', that only means in fact defraying the cost of education of the upper classes from the general tax receipts. Esa afirmación está vigente en la actualidad. Hablamos mucho de progresividad fiscal, pero olvidamos completamente el otro platillo de la redistribución de renta, el de la utilización de servicios financiados públicamente: en España el 20% de las familias de renta más alta reciben el 25% de los beneficios sociales mientras que el 20% de las familias de renta más baja recibe únicamente el 10% de los beneficios.

En España el 20% de las familias de renta más alta reciben el 25% de los beneficios sociales mientras que el 20% de las familias de renta más baja recibe únicamente el 10% de los beneficioss

A medio y largo plazo hay retos relacionados con la selección del profesorado, con sus incentivos, incluyendo el marco regulatorio laboral, con la formación continua del profesorado, con el diseño de las titulaciones y su orientación a contenidos, y con la financiación del sistema. Propuestas detalladas sobre estas cuestiones pueden encontrarse en Kuan Chung, una entrada escrita precisamente con la citada Rosa Urbanos y Beatriz González López-Valcárcel, a quien podremos escuchar, con Ildefonso Hernández, este 11 de noviembre.

Elaborado por Vicente Ortún, Director del Máster en Administración y Dirección de Servicios Sanitarios de la BSM UPF

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La gente que vive "estupendamente" de estudiar a los pobres.

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