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Universidades españolas mejor preparadas para un futuro bajo en emisiones

  • La importancia de este informe radica en que las universidades son agentes fundamentales en la acción contra el cambio climático
  • Para ello han analizado un total de 58 universidades: 47 de ellas públicas presenciales, 10 privadas presenciales y la UNED
Madrid

Los fundadores de The Planet App una startup que trabaja en la lucha contra el cambio climático ayudando a crear hábitos de vida sostenibles, es decir, bajos en emisiones. Como parte de dichos proyectos han realizado un informe bajo el título ''Las universidades españolas frente al cambio climático: huella de carbono institucional y de sus estudiantes'' sobre cómo afrontan desde las universidades el cambio climático, poniendo especial énfasis en su proceso de descarbonización institucional, concienciación del alumnado, así como también el impacto de la huella de carbono de los estudiantes universitarios.

La importancia de este informe radica en que las universidades son agentes fundamentales en la acción contra el cambio climático y, por tanto, el impacto que estas mismas tengan en él también es relevante. Para el estudio han analizado un total de 58 universidades de todo el territorio español, 47 de ellas públicas presenciales –representan el 85% de los estudiantes que acuden de forma presencial a los centros-, 10 privadas presenciales y la UNED.

Uno de los primeros datos que destacan en su estudio es que tan solo el 40% de las 58 universidades analizadas llevan un conteo de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Entre algunas que sí lo hacen están la Universidad de Cantabria (UC), Universidad de Barcelona (UB), Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) o la Universidad Pontificia de Comillas, etc. Además, señalan en su informe, que el 10% de las universidades españolas registran sus emisiones en el registro de emisiones del Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico. Este tipo de mecanismos públicos sirven para fomentar la reducción de emisiones, precisamente al tener que rendir cuentas sobre las mismas.

A esto hay que añadir que prácticamente todas las universidades cuentan con algún organismo específico -como por ejemplo una oficina especializada en medio ambiente- encargado de los asuntos que confieren a la sostenibilidad, ya sea bien, la gestión de residuos, promoción de programas educativos para los estudiantes o la recogida de datos sobre la cantidad de emisiones que emiten.

El problema de que no todas las universidades lleven este conteo de GEI está en la falta de recursos a nivel presupuestario, que las limita para poder destinar partidas a planes formativos además de carecer de personal que pueda trabajar sobre ello. Progresivamente se espera que se incrementen desde estas instituciones, las actuaciones en materia de formación no formal en virtud de la Ley de Cambio Climático, aprobada por las Cortes Generales la Ley 7/2021, de 20 de mayo, de cambio climático y transición energética.

De manera que, según lo expresado en el artículo de 35.5, el Gobierno valorará la influencia que tiene la educación formal e informal y la educación no formal, para realizar mediante ella campañas de concienciación y sensibilización, sobre los efectos del cambio climático, pero también de cómo se agravan a causa la mano humana, dirigidas a la ciudadanía. Para ello, en la misma ley especifican que el Ejecutivo y las Administraciones Públicas dotaran de recursos y medios para que las entidades para que puedan realizar dichas actividades de educación catalogada como ''no formal''.

El impacto de las universidades

El 59% de las universidades que reportan huella de carbono adquieren su electricidad con Garantías de Origen (GdO), una acreditación electrónica que evalúa si los megavatios-hora han sido generados a partir de fuentes de energía renovables o de cogeneración de alta eficiencia (producción combinada).

En el estudio también se considera que aquellas ''universidades más electrificadas estarán mejor posicionadas para la reducción futura de huella de carbono, a medida que el mix eléctrico de generación se descarbonice''. Un ejemplo de ello es la Universidad de Alicante (UA), que es altamente eficiente además de electrificada, mientras que la Universidad Pompeu Fabra (UPF) está muy electrificada, pero es poco eficiente. De lo que se trata es de evaluar el mayor o menor grado de electrificación y eficiencia para entenderlo como un indicador de la facilidad para descarbonizar una universidad.

Lo que se traduce en que existen diferencias determinantes –en sus emisiones directas- entre las universidades analizadas, por ejemplo, en cuanto a huella de carbono entre las que se sitúan -en su mayoría- entre 0.20 y 0.40 ton CO2eq/año/estudiante para emisiones directas y de electricidad. Es decir, las propias universidades serán las que determinen hacia dónde orientar sus inversiones, si a conseguir una mayor eficiencia energética o a electrificar aún más sus consumos.

Huella de carbono de los estudiantes

Para entender el impacto de los estudiantes sobre el medio ambiente, han llevado a cabo una recopilación de información sobre la huella de carbono de los estudiantes universitarios a través de su aplicación The Planet App y del Observatorio de Huella de Carbono Personal, constituido para caracterizar y dar seguimiento a la huella de carbono de la sociedad española. Esta segunda parte del estudio pretende entender cuáles son los patrones de conducta de los estudiantes –tanto personales como los asociados a acudir a la universidad- e identificar las líneas de formación o acción con mayor impacto potencial para reducir la huella de carbono.

a huella de carbono derivada del uso del transporte por parte de los estudiantes es de 1.42 ton CO2/año, el 34% del total. Resulta como estimación que 0.21 ton CO2/año corresponden a sus desplazamientos para poder acudir a las clases en los diferentes medios de transporte, equivalente a entre el 30 y 40% de las emisiones indirectas de la universidad. Este dato variará en función de la distancia de la universidad frente al lugar de residencia del estudiante, así como también las posibilidades de transporte que estén a su alcance.

En cuanto a sus hábitos de vida personales, que también tienen su impacto en el medio ambiente, han determinado que la huella de carbono del universitario promedio es de 4.17 toneladas CO2eq/año, siendo mayor el peso en alimentación y transporte.

Según los datos que manejan, han observado que la concienciación medioambiental realmente sí puede suponer una reducción entre el 6-12% de la huella de carbono que emite cada estudiante y, añaden, ''comparable a la eliminación total de la huella de carbono institucional correspondiente a ese mismo estudiante''. Por lo que, educar en materia de medio ambiente es un asunto que puede ayudar no solo a los estudiantes a reducir sus emisiones sino también a las universidades para lograr acercarse a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) fijados en la conocida Agenda 2030.

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