Ecoaula

Los efectos de la pandemia generan desigualdad en la educación de los estudiantes de entornos menos favorecidos

  • El 9'2% de las familias con niños, no tiene acceso a internet, según Unicef
Carla Carmona Tarín, Participante del programa Empieza por Educar
Madrid

Me llamo Carla Carmona y soy profesora en un colegio situado en el madrileño distrito de La Latina, concretamente en el Poblado Mínimo de Caño Roto. Formo parte del programa Empieza Por Educar, que acompaña a docentes jóvenes que trabajan en entornos de especial complejidad por motivos socioeconómicos. Si la situación de mis alumnos antes de la pandemia ya estaba muy marcada por su contexto, ahora sus oportunidades de éxito educativo se ven aún más mermadas.

La actual situación sanitaria mundial sigue contribuyendo a aumentar las desigualdades educativas en todo el mundo y, por supuesto, en España. Los niños y niñas de nuestro país afrontaron el comienzo del nuevo curso entre fuertes medidas sanitarias y después de haber pasado en muchos casos 6 meses sin pisar un centro escolar.

Según recoge Unicef, si ponemos el foco en el rango de ingresos más bajo (900 euros o menos) el 9'2% de las familias con niños, no tiene acceso a internet. Por lo tanto, durante el confinamiento no todos los estudiantes tuvieron las mismas oportunidades de aprendizaje o herramientas de trabajo y las consecuencias de esa realidad se han destapado con la vuelta a las clases: el alumnado más desfavorecido ha sufrido un efecto "olvido veraniego" (que consiste en olvidar aquello que se ha aprendido durante el curso) en mayor grado.

La realidad es que durante el confinamiento muchos de mis alumnos no contaban con los dispositivos suficientes en casa para hacer un seguimiento online de los contenidos. A la vuelta a las clases, los profesores nos hemos encontrado con estudiantes cuyas rutinas de estudio habían desaparecido, con un desfase curricular notorio y con un gran desapego de las dinámicas escolares. Ante esta situación, la brecha educativa y las desigualdades aumentan a pasos agigantados. Por ejemplo, muchas veces tengo que detenerme en clase para explicar a mis alumnos de 14 años cómo enviar un email porque sus competencias digitales son prácticamente nulas al no haber tenido en casa acceso a dispositivos electrónicos.

En un contexto socioeconómico más adinerado estos problemas serían fácilmente reversibles: los padres y madres se afanarían en buscar refuerzo educativo para sus hijos, dedicarían más horas por las tardes a ayudarles con los deberes, etc. Sin embargo, el contexto en el que han nacido mis alumnos hace que su realidad sea muy distinta. ¿Puede un padre dedicar más horas a hacer la tarea con su hijo cuando tiene dos empleos precarios para subsistir que le impiden estar en casa?, ¿Pueden unos padres que han perdido su trabajo durante el confinamiento permitirse llevar a sus hijos a clases de repaso? Desgraciadamente la respuesta a estas preguntas marca las oportunidades de éxito para mis estudiantes.

Ya en 2017, la ONG Save The Children a través de su informe "Desheredados" alertaba de que "A mismo nivel de competencias en matemáticas, lectura y ciencias, el alumnado de nivel socioeconómico bajo tiene 4 veces más probabilidades de repetir". Precisamente esta es una de las posibles consecuencias a las que se verán condenados los estudiantes de entornos vulnerables a causa de la pandemia: mayor tasa de repetición. Una medida que según múltiples informes, no funciona. Sin ir más lejos, el último informe PISA pone de manifiesto que "la repetición de curso no mejora las competencias que se miden en PISA".

Los docentes que trabajamos en estos contextos luchamos a diario para que la trayectoria educativa de nuestros estudiantes no se vea afectada a causa de las consecuencias de la actual crisis sanitaria mundial. Sin embargo, nos estamos enfrentando a diario a situaciones para las que no hemos recibido formación. Desde luego, en el claustro del que formo parte podemos seguir buscando recursos de tarde para que nuestros alumnos no pasen el día solos porque sus padres están trabajando, podemos seguir buscando recursos para las familias de los estudiantes que han quedado en paro por el confinamiento o brindando apoyo emocional a nuestro alumnado, pero además, se necesita una intervención política y administrativa a nivel macro para poner fin al aumento de la brecha educativa.

No es justo a nivel social pedirles a los niños niñas de nuestro país que sean más o menos resilientes según sea su realidad, lo que les debemos a los niños y niñas de España es la oportunidad de afrontar los retos educativos derivados de la pandemia en las mismas condiciones, independientemente del contexto socioeconómico en el que hayan nacido. Como sociedad, no es digno que les pidamos a los menores españoles alcanzar unos niveles de éxito educativos iguales si no parten desde las mismas oportunidades.

Elaborado por Carla Carmona Tarín, Participante del programa Empieza por Educar

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