Ecoaula

¿Cómo deben ser los espacios y los entornos virtuales con la vuelta a los colegios?

  • Investigadores de la UOC coordinan un proyecto que repiensa los espacios educativos
Barcelona

Con el desconfinamiento, los centros de trabajo, los comercios, los lugares de ocio e incluso las playas se están adaptando para cumplir con las medidas de prevención y evitar el contagio por el coronavirus SARS-CoV-2. Esto también incluye a los centros educativos, algo que han analizado investigadores del Smart Classroom Project de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), quienes han diseñado un decálogo pedagógico respetando las medidas de higiene y el distanciamiento físico.

«Está pensado para iniciar una reflexión sobre cómo entendemos el espacio de aprendizaje de los centros educativos en cualquier nivel, desde infantil hasta la universidad, y cómo lo vamos a adaptar en esta situación excepcional —y esperemos que transitoria—», explica Guillermo Bautista, miembro del proyecto y profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC.

Entre las medidas, los investigadores proponen educar a los estudiantes para usar el espacio, es decir, explicarles la importancia de mantener las distancias y las normas de higiene pero sin perder los hábitos de relación y contacto interpersonal (por ejemplo, saludándose con los codos).

Más espacios y contacto visual

En esta línea, los autores plantean aligerar el espacio eliminando mobiliario y utilizando lugares que antes no se destinaban a sitios de aprendizaje (pasillos, salas de tutoría, porches o patios). A la hora de organizar la disposición de las mesas, es preferible que sea de forma circular o semicircular en grupos pequeños o grandes, para favorecer el contacto visual entre todo el alumnado y también con el profesorado, teniendo en cuenta el uso de mascarillas a partir de una determinada edad.

«La mascarilla provoca perder una parte importante de la comunicación interpersonal, de la expresión y la comunicación no verbal, por eso es importante usar las manos para gesticular y fomentar la expresión de sentimientos y emociones con el lenguaje verbal», describe Bautista. En ese sentido, los investigadores proponen potenciar al máximo la conexión visual, dejando las puertas abiertas y eliminando las barreras físicas.

Dentro del aula, el decálogo plantea que se potencie el trabajo autónomo de los estudiantes, fomentando las preguntas y la reflexión, siempre manteniendo las distancias. Los docentes pueden dividir la clase en diferentes grupos y resolver dudas con cada uno de ellos de forma independiente.

Para evitar aglomeraciones, los horarios tendrían que flexibilizarse, tanto la entrada como la salida, y también los momentos de descanso. «Desde los más pequeños hasta los mayores, la clave es, poco a poco, ir creando una cultura de uso del espacio que sea adecuada a las necesidades actuales», subraya el investigador. En este nuevo escenario resulta imprescindible potenciar la comodidad y el movimiento controlado del alumnado.

Educación presencial y en línea

Respecto a las herramientas educativas, en el decálogo se propone potenciar dispositivos tecnológicos como tabletas o escritorios portátiles, que permiten al estudiante hacer sus tareas desde cualquier lugar. Los autores del decálogo apuestan por un aprendizaje combinado, con educación presencial y en línea, incorporando el uso de las tecnologías digitales como una práctica educativa cotidiana.

«Lo ideal es equilibrar muy bien el trabajo que se hace en línea para no sobrecargar ni a profesorado ni a alumnado, y también que los momentos presenciales potencien la comunicación y el diálogo, así como aquello que es más difícil hacer de forma autónoma en casa», señala Bautista.

Esto implica que los niños y niñas tengan acceso digital tanto en las aulas como en sus hogares, lo que no siempre es posible. «Es algo de lo que se tiene que ocupar la Administración, porque aunque el profesorado y los centros estén preparados para ello, estas propuestas no servirán de nada si los estudiantes no tienen acceso a estos dispositivos», recalca el docente.

Los investigadores de Smart Classroom Project también apuestan por aprovechar esta nueva situación para fomentar la autorregulación de los estudiantes, es decir, que los docentes ayuden, moderen y supervisen, pero que sean los alumnos y alumnas quienes aprendan de forma autónoma y desarrollen la competencia de autorregularse. Eso significa que se responsabilicen de una buena parte del proceso educativo.

Un nuevo aprendizaje, más allá de la pandemia

Aunque las medidas surjan en el contexto de la pandemia actual, los autores proponen que sirvan también para cuando termine la crisis sanitaria. «Esta necesidad de repensar el espacio puede ser una buena oportunidad para repensar cómo se plantea para el aprendizaje, de modo que esta reflexión sirva no solo para dar respuesta al momento de emergencia actual», destaca Bautista.

Smart Classroom Project es uno de los finalistas del SpinUOC 2020, programa anual de emprendimiento impulsado por la plataforma Hubbik de la UOC, que celebrará su final el próximo 1 de octubre. Junto con Guillermo Bautista, forman parte del equipo del proyecto Anna Escofet y Marta López, profesoras de la Universidad de Barcelona, así como María Casanovas, profesora y asesora técnica en educación y diseño de espacios de aprendizaje.

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