Ecoaula

La adaptación de la educación ante la COVID-19

  • La prioridad es trabajar en el mejor modelo para acercar la escuela a los niños
Madrid

Solía tener problemas para identificar las etapas de la prehistoria hasta que un amigo arqueólogo me recomendó trasladar los "miles o millones de años" a euros, de manera que jamás volviera a confundir el Neolítico (6.000 a.C.) con el Neandertal (230.000 a.C.). Desde entonces, aplico su técnica cada vez que la magnitud de los datos me desborda y quiero establecer mi criterio frente a algo sin caer en el tremendismo. Veamos qué tal funciona:

De los 7.700 millones de habitantes humanos sobre la tierra, al menos 2 millones ha sido afectado por el COVID-19. Mientras tanto, 1.500 millones de niños y niñas en edad escolar se han visto obligados a renunciar a todo contacto con el exterior más allá de las cuatro paredes de su casa. De ellos, se estima que una media del 3,5% sufre trastornos de conducta (52,5 millones) y otro 5% tiene dificultades de autocontrol por hiperactividad (75 millones). Al mismo tiempo, según diversos estudios, la tasa de desórdenes psicológicos relacionados con conductas agresivas en adultos se sitúa entre el 18% y el 20% (1.178 millones) y, según el informe de Naciones Unidas sobre el consumo de sustancias, la posibilidad de que papá o mamá se droguen y alteren su percepción de la realidad, puede llegar a rondar el 10% (254 millones), un dato que se une al denunciado por Save The Children (uno de cada cuatro niños en España sufre o ha sufrido violencia por parte de sus padres o tutores).

Efectivamente parece que estamos en una situación de extrema alarma Infantil (si no fuera por las circunstancias, resultaría graciosa la aparente coincidencia etimológica: literalmente, los SIN VOZ). La exposición y riesgo de los menores se multiplica de forma inversamente proporcional a la contención del coronavirus: a mayor tiempo, más presión en los hogares y más opacidad y aislamiento del menor.

En este sentido, los colegios y los 60 millones de profesores, somos mucho más que meros centros de examinación, mucho más que meros transmisores de contenidos y, desde luego, mucho más que un lugar donde los niños esperan a que las familias vuelvan de trabajar. Los colegios somos comunidad y, en la medida que el tiempo de reclusión se está convirtiendo en indefinido, nos urge la necesidad de tomar medidas para sostener y acompañar a nuestros alumnos en este proceso de intenso aprendizaje que, como toda adversidad, ha llegado de forma inesperada y "no lectiva", pero también con la potencialidad de convertirse en una gran maestra.

Cada día que pasa también estamos perdiendo la oportunidad de comprender que la Educación, como el mundo, se ha parado... pero un parón no es una evolución, salvo que la aprovechemos para introducir los cambios necesarios. Sabemos que la tecnología sin pedagogía, ni enseña, ni educa, pero también sabemos que, en estas circunstancias lo contrario también se aplica. Y para eso estamos los colegios y profesores que, en estos tiempos debemos (y estamos dando) lo mejor de nosotros mismos para lograr que esta generación COVID-19 sea la generación del CAMBIO. Un cambio exigente que explora, se adapta y transforma, sabiendo sacar el máximo potencial de cada situación, a pesar de las limitaciones. Un cambio que no cierra los colegios, que prestigia y valora la actividad docente; un cambio que hace y aprende, que no se limita a esperar a que llegue septiembre porque, por mucho que queramos, nada volverá a ser del todo "normal".

Hoy, la prioridad es trabajar en el mejor modelo para acercar la escuela a los niños – no solamente el contenido – y permitir que profesores y orientadores puedan ser también héroes cotidianos: acompañarlos en su domicilio e, incluso, poder dar un paseo socrático. Si podemos protegernos para ir al supermercado, si podemos permitirnos una geolocalización para controlar los desplazamientos, podemos también protegernos para cuidar mejor de nuestros niños.

Y después tocará, con su voz y con la de sus profesores, colegios y familias, reinventar un mejor y más sostenible sistema educativo.

Elaborado por Sonia Díez, presidenta del Comité Científico del Congreso EducAcción

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