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El 30% de los recién graduados no encuentra trabajo en España

  • La clave recae en que actualmente el mercado de trabajo está demandando más habilidades laborales que logros académicos
Madrid

Un título universitario ya no es sinónimo de acceder al mercado laboral en un tiempo récord. De hecho, los requisitos que tienen las empresas a la hora de contratar a los recién graduados cada vez son más exigentes, intentando buscar el perfil adecuado para la evolución del mercado de trabajo.

En este sentido, la situación de España deja mucho que desear: más de 20 puntos lo separan del país con la tasa de empleo de posgrado más alta de Europa: Islandia.

TheKnowledgeAcademy.com, empresa formada por expertos en capacitación y calificaciones adicionales, investigó en qué punto se encuentra la tasa de empleo de los recién graduados en toda Europa, con el objetivo de ver en qué países se clasifican mejor y aquellos en los que es posible que se tenga que llevar a cabo una reconsideración de las políticas que se ofrecen a estos alumnos, una vez culminado el proceso formativo.

Islandia, Malta, Países Bajos, Noruega y Alemania lideran esta clasificación, mientras que en el otro lado del espectro hay países que no disponen de todo lo necesario para lograr el éxito laboral de los recién graduados de educación superior. De hecho, en países como Rumanía, Francia, Bulgaria, Croacia y España, alrededor del 30 por ciento de los recién graduados no tienen trabajo después de graduarse. No obstante, hay algunos países en los que a los estudiantes les resulta aún más difícil conseguir un trabajo: Italia y Grecia, donde aproximadamente el 50 por ciento no encuentra trabajo al terminar la carrera universitaria.

La situación de España es crítica: la tasa de paro de la población con formación superior es del 8,9 por ciento, el doble que la media de la Unión Europea, y asciende al 14,9 por ciento en el caso de los jóvenes entre 24 y 29 años. Según el informe de Inserción laboral de los egresados universitarios, presentado en el mes de julio por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, en este país los licenciados desempeñan en mayor medida trabajos de baja cualificación, concretamente un 37,1 por ciento, frente al 23,2 por ciento de media europea.

Las profundas transformaciones económicas y sociales han generado un entorno laboral más diversificado, especializado y globalizado. Estos cambios afectan directamente a la empleabilidad y a la formación de los graduados universitarios y que exigen, por tanto, nuevos retos al sistema de educación superior. La universidad española ha sido cuestionada en numerosas ocasiones por los bajos índices de empleabilidad de sus graduados, generado principalmente por las limitaciones en el proceso de formación, la inexistente relación de la teoría con la práctica o la poca vinculación del diseño curricular con las necesidades reales del entorno. Esta crítica situación desemboca en el aumento de graduados universitarios que terminan trabajando en puestos de baja cualificación, que no son acordea al nivel de formación.

Medicina, mejor carrera

La inserción laboral depende no solo de la situación económica que esté viviendo el país, sino que también influye la especialización profesional y las capacidades del candidato. Según un estudio realizado por BBVA, la titulación elegida es determinante para el futuro laboral del alumno. Este ranking está liderado por los estudiantes de medicina, que tienen el triple de posibilidades de lograr un buen empleo que los graduados en Turismo.

En este sentido, más del 90 por ciento de los médicos que se titularon hace cuatro años tiene trabajo, su empleo se ajusta a su formación en prácticamente el cien por cien de los casos y cobran de media anual más de 34.000 euros. Su indicador de inserción laboral es 1,47, a diferencia del 0,57 de Turismo.

Según el informe de Inserción Laboral, estudiar ingeniería ofrece más posibilidades de tener un trabajo. Estos estudiantes superan el 80 por ciento de afiliación a la Seguridad Social, mientras que los estudiantes de Derecho y Humanidades, son los que menos afiliaciones registran al cuarto año de terminar sus estudios.

Los recién graduados superiores españoles, en los últimos tres años, observan una tasa de empleo del 75,9 por ciento, 7,5 puntos porcentuales por debajo del dato de la Unión Europea, según datos de Eurostat. Atendiendo a los titulados en los últimos tres años, Navarra y La Rioja sobresalen, con una tasa de empleo superior al 90 por ciento. En los graduados en los últimos cinco, Navarra vuelve a destacar, seguida muy de cerca por País Vasco y Cataluña. En el otro extremo, con una tasa por debajo del 60 por ciento en ambos casos, se encuentra Extremadura.

Por sexos, las mujeres graduadas superiores tienen una tasa de actividad y empleo inferior a los hombres y una tasa de paro superior, según el estudio de CYD 2018. De hecho, respecto al total de mujeres, las graduadas superiores muestran una mayor ventaja en tasa de actividad y de empleo que los hombres.

Las diferencias entre España y la UE eran mínimas en el año 2007, no obstante, la crisis afectó más al mercado de trabajo en España y elevó la tasa de paro diez puntos, frente a poco más de dos puntos en la UE. En el caso de la tasa de actividad de los graduados superiores, en España se produce una tendencia clara al descenso desde el año 2012, sin embargo, una de las conclusiones del informe de la Fundación CYD es que cuanta más formación posee un trabajador mayor proporción está trabajando con contrato indefinido, a tiempo completo y por cuenta ajena.

En España, los ingresos procedentes del trabajo a tiempo completo de una graduada superior equivalen al 81,4 por ciento de los de un graduado en enseñanza terciaria.

Habilidades exigidas

Alto nivel de idiomas, habilidades técnicas y sociales, empatía, asertividad o sensibilidad intercultural son algunos de los requisitos que necesitan los recién titulados para enfrentarse al mundo laboral. Los expertos en reclutación de talento confiesan que es complicado encontrar un perfil que se adapte a la rapidez del mercado, ya que las instituciones educativas no cambian al mismo ritmo y se están quedando atrás en la evolución de la sociedad.

La clave recae en que actualmente el mercado de trabajo está demandando más habilidades laborales de los graduados que logros académicos, una cuestión que cada vez ofrece más la universidad privada, al invertir en talleres y formación.

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