Deporte y Negocio

El plan de Japón para someter el fútbol mundial en los últimos fichajes de Barcelona y Real Madrid

  • El país asiático empieza a exportar talento tras años de vigilia
  • Su plan comenzó en los 90 con una reforma sistemática de su fútbol
  • La hoja de ruta incluye meterse en el 'top 5' de ligas en una década
Takefusa Kubo, en un entrenamiento con el Real Madrid. Foto: EFE.
Madrid

Japón, una de las potencias económicas del planeta, se ha mostrado tradicionalmente reticente al fútbol a lo largo de su historia. En un país dominado por el béisbol como deporte de equipo más seguido y con una grandísima influencia de las artes marciales, el balompié no empezó a ver su hueco hasta los años 90. En esa época se pergeñó un plan para dominar el fútbol mundial que aún está en proceso y que tiene un nuevo brote verde en dos de los últimos fichajes de los dos equipos más grandes de España.

Porque, si bien el público español ha asistido con indiferencia a las incorporaciones de Takefusa Kubo e Hiroki Abe por Real Madrid y Barcelona, en el país asiático esto se percibe como un paso más de una estrategia a largo plazo que tiene un objetivo claro, ambicioso: ganar un Mundial en 2050 pasando por el fortalecimiento de su liga, la J-League, haciendo que sea una de las cinco mejores del mundo. Una idea repetida por los dirigentes de la liga, especialmente por Mitsuru Murai (CEO) en el World Football Summit del pasado mes de abril y por Takeyuki Oya, mánager general de su departamento internacional, en una entrevista al portal especializado SportsPro.

Todo comenzó en un año significativo también para España: ese 1992 en el que la selección nacional ganó los JJOO de Barcelona. Fue el inicio de la liga profesional japonesa, que venía a sustituir a una suerte de torneo semiprofesional que la federación nipona se encargó de ajusticiar para mirar al largo plazo. Las premisas: conseguir que los clubes se desvinculasen de las empresas privadas, que fuesen sostenibles y que fomentasen la creación de talento patrio.

Siempre con vistas a la selección nacional y a ese objetivo de ganar el Mundial en 2050, existen una serie de imposiciones en pos de la cantera: la limitación a cuatro extranjeros titulares, una cuota para menores de 21 y jugadores de los filiales, la creación obligatoria de academias...un modelo al que ya trató de sumarse el fútbol chino después de varios años de burbuja.

Es precisamente la Superliga china el rival a batir en Asia en este momento. Antes, otros contrincantes han ido cayendo. Es el caso de ligas regionales como las de Tailandia o Singapur. Se revertió la tendencia por la que jugadores nipones disputaban esos campeonatos...y se les repescó de vuelta a casa. Tras ello, la liga japonesa fue, poco a poco, convirtiéndose en un torneo atractivo en su entorno.

Para ello, complementó su nuevo modelo de liga con el toque mediático que aportaron incorporaciones como Gary Lineker y Zico (que ahora es entrenador en el Kashima Antlers que jugó ante el Real Madrid una digna final del Mundial de clubes de 2016 y que en 2018, con Hiroki Abe, perdió las semifinales ante los blancos) y que recibió un espaldarazo tan importante como el de la organización, junto a Corea del Sur, del Mundial de 2002.

La fórmula de los fichajes mediáticos se ha repetido décadas después, pero el empujón ya va encaminado a cotas más altas. Los fichajes de Andrés Iniesta, Fernando Torres o David Villa ayudaron a poner el foco sobre un mercado que ya en 2016 subió un peldaño comercializando sus derechos televisivos con la emergente DAZN, que ofrece la retransmisión de varios partidos en España.

Los resultados empiezan a ser significativos. Las dos últimas Champions asiáticas han sido para equipos japoneses, la selección masculina es tercera en el ranking de Asia (tras China y otra emergente que tendrá su Mundial en 2022, Qatar) ha participado en los últimos cinco Mundiales, ha ganado cuatro Copas de Asia desde 1992 (la mitad de las disputadas) y se quedó a un paso de las medallas en los Juegos Olímpicos de 2012.

La sección femenina, por su parte, ganó el Mundial de 2011, fue subcampeona del de 2015, medalla de plata en los JJOO de 2012 y ha ganado las dos últimas Copas de Asia. En un año, en casa, intentará, al igual que la masculina, dar un paso más en la cita olímpica de Tokio.

Ahora, el fútbol japonés encara una nueva fase en la que se prepara para el desembarco de los grandes de Europa en Asia, territorio de oportunidades. La J-League deberá saber moverse entre el peligro que ello supone (una posible pérdida de atención ante los Real Madrid, Barcelona, Manchester City, PSG...) y la ventana hacia el balompié que puede abrir en un país en el que menos del 50% de la población sigue el fútbol.

Si lo consigue, tendrá más posibilidades de hacerse un hueco permanente en el fútbol mundial, intentar ese acelerón para colarse entre las cinco mejores ligas del mundo...y, en unas décadas, atacar el más difícil todavía: levantar el trofeo del Mundial.

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