Deporte y Negocio

La otra cara del fin de la burbuja del fútbol chino: los inversores empiezan a abandonar Europa

  • Cinco dueños venden sus acciones en clubes europeos en un año
  • El país ha limitado las inversiones futbolísticas en el extranjero
  • Varios empresarios han resultado ser figuras oscuras o desconocidas
Tony Xia, expropietario del Aston Villa. Foto: Reuters.

El poderío del fútbol chino trazó un efecto champán: tan rápido como se propagó el esplendor económico de la Superliga, el Gobierno tomó cartas en el asunto y elaboró una muy restrictiva legislación por la que se reventó, unos pocos meses después, la burbuja del balompié nacional en pos de un modelo más constructivo encaminado a hacer del fútbol del país una inversión de futuro.

Las medidas del Gobierno de Xi Jinping redujeron el endeudamiento de los equipos y fomentaron la participación de jugadores nacionales y el interés en el deporte autóctono. Pero, además de estas decisiones con tintes mayoritariamente deportivos, el ejecutivo chino se puso manos a la obra para limitar las inversiones en el extranjero. El fútbol no escapó a esta normativa y los efectos ya se notan: hasta cinco empresarios han abandonado sus proyectos en Europa en el último año.

Lo cuenta el Financial Times: el adiós de Tony Xia al Aston Villa cierra un ciclo en el que Milán, Atlético de Madrid, Slavia de Praga y Northampton (cuarta división inglesa, la League Two) se han visto desprendidos de su capital chino. Xia, a través de Twitter, escribía entre líneas que su decisión de dejar el club no se debía precisamente a su propia voluntad. Wang Jianlin, por ejemplo, se deshizo de su paquete accionarial en el Atlético para diversificar sus negocios de acuerdo con las directrices estatales. Le sustituyó Idan Ofer, empresario israelí de Quantum Pacific.

El de los inversores del fútbol es uno de los ejemplos que muestra la mano omnipresente del Gobierno chino en todos los asuntos que afectan al país. Así, en paralelo a su lucha contra la especulación (y su inevitable burbuja por las elevadas cantidades de dinero ofrecidas a jugadores extranjeros), China se planteó como objetivo el freno a la fuga de capitales. El negocio futbolístico, a través de las entradas en equipos extranjeros, significó una inversión en el exterior de, aproximadamente, más de 2.100 millones de euros durante el periodo 2014-2017.

De toda esta cantidad, la más significativa (la perteneciente al Milán, 740 millones de euros), ha sido la que ha tenido peor final: el empresario Yonghong Li no pudo hacer frente a las deudas con Elliott Management y el fondo de inversión se quedó con el equipo italiano. El magnate, un personaje casi desconocido, terminaba así su breve aventura en San Siro con la sombra de la justicia china trás de él por impagos en su propio país.

El caso de Yonghong Li refleja el problema al que se refiere el abogado deportivo (y antiguo presidente del Bournemouth) Trevor Watkins, consultado por Financial Times, y que habla del ambiente imperante en años anteriores como cercano al del Lejano Oeste. Con este concepto explica la desmesurada inyección de dinero por parte de ciertos empresarios de un pasado oscuro o desconocido que no escatimaron en gastos y en procesos de endeudamiento. En esta parcela también se enmarca Xia, que perdió 50 millones de euros en su paso por el Aston Villa. Algo parecido sucedió con Ye Jianming, detenido por las autoridades chinas en el mes de febrero, paso previo a su salida del Slavia de Praga.

Otras inversiones, sin embargo, han sido más razonables o rentables. Destaca por encima del resto el grupo CFC, con un gasto de 340 millones de euros para estar en el accionariado del Manchester City, además de en New York City, Melbourne City, Yokohama Marinos, Atlético Torque y Girona. El grupo Fosun (cuyo dueño, Guo Guanchang, llegó a estar detenido en una operación anticorrupción) compró la mayoría de las acciones del Wolverhampton y le ha llevado a la Premier League. Suning Holdings Group compró la mayoría de participaciones del Inter de Milán pagando cerca de 260 millones de euros y consiguiendo, el último curso, el acceso a la Champions League.

Otros equipos con una importante presencia de capital chino son el Southampton, West Bromwich, Espanyol, Olympique de Lyon o Granada.

El futuro

Nikki Wang, encargada de Deloitte para negocios deportivos en China, aporta la clave: los empresarios deben estar más pegados al cambiante marco regulatorio del país. Este viraje ha sido el que, tras alentar el interés por el fútbol en 2015, ha llevado pocos años después a China a ser más restrictiva después de la creciente especulación y endeudamiento. Ahora, lo ideal sería una sinergia entre sus inversiones en el exterior y el plan estatal para el fútbol.

Watkins da el último hilo del que tirar: el filón que pueden suponer otros negocios que rozan en mayor o menos medida el sector del fútbo, como pueden ser los esports, las infraestructuras para la venta de entradas o los acuerdos de patrocinio. Otras vías de inversión que ocupen el hueco que las primeras marchas de propietarios están dejando en Europa.

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