Cataluña

La legalidad es la base para construir cambios legítimos

Puigdemont en la manifestación de la Diada de 2016. | Foto: EFE

El día que se conocía la victoria de Pedro Sanchez como líder del PSOE, un diario nacional importante daba a conocer un documento secreto elaborado por sesudos políticos y juristas, en el que se detallaba cómo se llevaría a cabo la independencia de Catalunya en el caso de que no pudiera celebrarse el solicitado referéndum. En política, no existe la casualidad, pero las razones de ambas noticias ellos las conocerán.

Habitamos una sociedad avanzada y culta cuyas personas somos capaces de pensar por nosotros mismos y no necesitamos políticos que nos conduzcan sin consultarnos hacia cualquier destino, solamente para salvar su cabeza o creerse dioses conductores de hombres hacia un olimpo no deseado.

En España y en Europa, las sociedades se hallan encauzadas por el derecho, integrado por normas que las sociedades nos hemos impuesto y si no las aceptamos y deseamos modificarlas, debemos intentar cambiarlas y adaptarlas a las nuevas circunstancias. Todo ello mediante el juego de mayorías y minorías en parlamentos integrados por diputados elegidos por los ciudadanos.

Las personas o grupos que deseen modificar estas normas y no consiguen convencer a los suficientes diputados, deben aceptarlas e intentar, mediante métodos diversos, pero todos ellos pacíficos, que la sociedad y los suficientes diputados, apoyen los cambios. Si, a pesar de todos los esfuerzos realizados, no consiguen convencer a unas mayorías suficientes, deben asumir su fracaso y aceptar los criterios de las mayorías.

Este es el juego democrático al que estamos acostumbrados y por el que nos regimos en un mundo civilizado, y el que incumple la norma es juzgado y condenado.

Cuando una sociedad se halla regulada por normas que considera injustas y desea liberarse de ellas, también posee otra opción y es la revolución, la lucha física, la muerte, como tantas veces hemos contemplado a lo largo de la historia. Pero no existen términos medios. O se modifican las leyes en los respectivos parlamentos o se genera la revolución con todo lo que ello significa de tragedia y horror.

Rajoy por fin ha salido de su inmovilismo cómplice y ha solicitado a Puigdemont que defienda su proyecto en el congreso, a lo que éste se niega por considerar que su derrota está cantada. Al día siguiente a esta invitación, aparece un documento secreto en el que se planifica la independencia de Catalunya, cuando se sabe que todas las encuestas le dicen que la mayoría de los catalanes están en contra de ella. Esta actitud suicida de los políticos catalanes solamente tiene dos salidas, el procesamiento con su correspondiente medida cautelar de cese en el cargo o bien la revolución. Malos tiempos para los ciudadanos pacíficos, que son la inmensa mayoría.

*Juan Carlos Giménez-Salinas es abogado

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La legalidad tiene múltiples lectura. No existe mayor prueba que las Sentencias: mientras un asunto de gana en primera instancia, otro tribunal revoca la Sentencia en apelación. Y los profesionales del derecho lo vivimos cada día.

La legalidad Constitucional española, incluye, vía su artículo 96 de la Constitución, el contenido ÍNTEGRO de los tratados internacionales suscritos por España.

No voy a reproducirlo (se ha hecho hasta la saciedad) pero dentro del contenido de dichos Tratados se incluye el derecho de autodeterminación. Derecho que ha sido ampliamente explicado en la Resolución de la Corte Internacional de Justicia de 22 de julio de 2010, sobre la legalidad de la declaración unilateral de independencia declarada por las instituciones provisionales de autogobierno de Kosovo.

Luego la petición de un referéndum de autodeterminación está dentro de la legalidad española y esto no puede obviarse.

Y menos equiparar un movimiento ciudadano a un golpe de estado o revuelta.

Parece que a algunos les gustaría justificar una represión en toda regla, cuando el debate se está produciendo en términos absolutamente pacíficos, democráticos y legales.

Espero que nadie sea tan infantil de caer en la provocación y que algunos sean más responsables en sus opiniones.

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