Cataluña

Renovación generacional

Las organizaciones humanas, tales como empresas, asociaciones, fundaciones, instituciones o partidos políticos se constituyen en un momento dado por una o varias personas que consideran aquel instrumento útil para el momento en que se encuentra la sociedad en la que viven.

 Estas personas observan unas necesidades y carencias en la sociedad en la que habitan que desean cubrir creando las herramientas para ello. Unas se instrumentan de un modo altruista y otras con ánimo de lucro, pero todas ellas necesarias para que aquella sociedad en la que actúan avance y cubra los defectos generados en su crecimiento.

Estas organizaciones y las personas que las dirigen mantienen su vigencia siempre y cuando los servicios que prestan y los bienes y productos que generan sean útiles a la sociedad. No obstante, el tiempo es implacable y las personas envejecen. Aquello que fue útil en un periodo de tiempo, pierde su vigencia lentamente sin apenas percibirlo las personas que generaron aquella brillante idea. Estas personas no pueden admitir que algo que fue un gran éxito, hoy no sea valorado por las nuevas generaciones.

Las empresas, las instituciones, requieren una adaptación permanente a las necesidades de cada momento, en caso contrario, fracasan y fenecen. Para conseguir esta puesta al día en cada momento no sirven las personas que dirigieron sus comienzos. Salvo raras excepciones es muy difícil que las personas nos adaptemos con éxito a cada uno de los momentos de nuestra historia. Todos nosotros y nuestro pensamiento, somos producto de nuestra educación, del momento en que nacimos, de nuestras vivencias, de las reglas que imperaban en el inicio de nuestro caminar y por ende no somos capaces de adivinar los deseos, pensamiento e ilusiones de las nuevas generaciones. Las instituciones de toda índole deben ser dirigidas por la generación imperante en cada momento, la que posee la plenitud de energías, la que conoce a sus compañeros de viaje de su misma generación y sus ambiciones y deseos. La generación que en su momento fue decisiva debe proporcionar consejo, pero nunca pretender dirigir.

Este largo preámbulo viene a colación para intentar comprender aquello que acontece a nuestros grandes partidos que en un momento dado fueron hegemónicos y hoy, o bien han desaparecido, como Convergencia y Unió, o bien padecen una gravísima crisis generacional como la que atraviesa el PSOE. Fenómeno que también le ocurrirá al PP ya que casi todos sus dirigentes son los mismos desde hace más de veinte años y no han renovado, ni las personas, ni las ideas.

Es la propia sociedad la que se encarga de poner al día sus instituciones y sus empresas, abandonando aquellas que se encuentran en desuso u obsoletas y a las personas que las han dirigido. Esta es nuestra gran esperanza y el mecanismo por el que la persona ha avanzado siempre a lo largo de la historia.

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