Cataluña

Opinión: Un panorama político desolador

El abogado Juan Carlos Giménez-Salinas. Foto: Luis Moreno.

Siempre con características similares, pero con detalles específicos, nuestra vida política es tan rica en pintoresquismos que es muy fácil acudir a ella cuando se pretende escribir sobre hechos y parlamentos que llevan a cabo los políticos en cada momento.

Aun cuando el tono de las palabras expuestas a continuación evidencie cierta ironía, se ha utilizado para desdramatizar unos hechos tan deplorables que, si se comentaran de un modo serio, tendrían como único resultado posible el destierro de estos políticos de toda lista electoral y de toda institución pública.

Varios hechos relevantes merecen nuestra atención. El primero, por ser más propio de un vodevil, género teatral ligero plagado de enredos y frases superficiales de doble sentido, que de un país serio. Me refiero al voto de dos diputados de UPN sobre la reforma laboral, contrario a los acuerdos de su partido con el PSOE.

El PP, mediando sibilinas compras de voluntad, consiguió que dos diputados de UPN votaran en contra de la modificación de la Ley Laboral y de este modo, creían ellos, provocaría la sublime derrota del diabólico Gobierno de Pedro Sánchez. Estaba todo atado y bien atado, en su leguaje franquista. Pero el azar les castigó sus maneras de hacer torticeras al acontecer que, horror, un pobre y anodino diputado de su propio partido, hoy el hazmerreir de España, equivocara su sentido de voto, y donde tenían que ganar con inmensa alegría, fueron puestos en evidencia y ganaron sus enemigos.

Afloró la compra de voluntades por parte del PP, la desobediencia a sus jefes por parte de los diputados de UPN y la incapacidad telemática de algunos diputados de la derecha. El vodevil continúa, el PP niega el error de su diputado, a lo Donald Trump, y lo achaca a los informáticos, los diputados de UPN alegan a su conciencia para justificar la destrucción de su partido y el PSOE sonríe bondadoso ante tanto disloque.

Otro asunto: las elecciones de Castilla León. El ciudadano de a pie ha descubierto que la mayoría de sus políticos, especialmente los de la derecha, se sienten frustrados porque no han dedicado sus vidas a la agricultura o la ganadería en lugar de algo tan vulgar como la política. Estampas bucólicas entre terneros, cabras y otros animales se repiten cada día, escuchando frases que evidencian la nostalgia de la clase política, añorando una vida apacible al cuidado de los frutales, de los trigueños campos de Castilla y de los rebaños de todo tipo de cuadrúpedos.

Todos los ciudadanos se ruborizan durante los telediarios nacionales y autonómicos y compadecen a los pobres políticos su dura y esforzada vida, que les obliga a hacer el ridículo de tal guisa, y lo único que espera el perplejo televidente es que aparezcan algunos diputados ordeñando cabras y vacas para alimentar a sus votantes.

Otro hecho que requiere comentarse es la última actuación de nuestra insigne presidenta del Parlament, Laura Borràs, quien nos ha demostrado que las mujeres pueden hacer el ridículo a pesar de su género. Contra toda sentencia, consejo legal y administrativo, ha pretendido que el diputado de la CUP condenado por sentencia continuara su vida parlamentaria como si nada hubiera ocurrido. Anunció esta decisión como segunda autoridad de Cataluña y como árbitro, por tanto, imparcial, de la dialéctica y natural confrontación ideológica en el seno del Parlament.

El desprecio aparente de toda norma y la postura política de confrontación, la tuvo que reconducir al día siguiente de la propuesta, debido a las gravísimas consecuencias tanto de índole personal como colectivo a las que se enfrentaba.

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Se suponía que los políticos estaban para gestionar y resolver los problemas del país. Lo gordo del asunto es son ellos mismos (No importa el color) los que causan la mayor parte de esos problemas.

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