Canarias

El paraíso fiscal de los Reyes Católicos en Canarias

  • En 1483 los Reyes Católicos comienzan a adoptar medidas para aumentar la población
Las Palmas de Gran Canaria

El interés por tener una plataforma de negocios con las que abordar el continente africano y dar el salto a las Indias fue lo que motivó la Conquista de Canarias. Los Reyes Católicos tenían muy claro que si querían mantener esa base bajo control y fuera de manos portuguesas debían poner sobre la mesa condiciones a la inversión privada y atraer a peninsulares con los que desarrollar las infraestructuras de la región. Los datos de la población de Canarias antes de la Conquista varían según los diferentes autores, de tal manera que para Lanzarote las cifras oscilan entre los 480 y los 12.000 habitantes; entre 875 y 24.000 para Fuerteventura; 500 y 3.000 para El Hierro, mil y 4.200 para La Gomera, 2.500 y 8.000 para La Palma; 4.500 y 60.000 para Gran Canaria y 7.000 y 36.000 para Tenerife.

Las dos islas con mayor población, Gran Canaria y Tenerife, sufrieron crisis demográficas junto antes de la Conquista, entre otros motivos, por el infanticidio femenino como práctica de control de nacimientos y por la llegada de una epidemia durante la guerra. Sólo se recurrió a tropas profesionales experimentadas por parte de los conquistadores entre noviembre de 1495 y marzo de 1496, cuando el duque de Medina Sidonia envió 38 jinetes y 722 peones para finalizar la Conquista de Tenerife como inversión privada.

En 1483 los Reyes Católicos comienzan a adoptar medidas para aumentar la población y hay dos de ellas que se firman en Valladolid en 1487 y otra en Salamanca en 1494. El espíritu de esas potencialidades fiscales se mantienen actualmente y es lo que se llama Régimen Económico y Fiscal (REF) (Ley 19/94). La primera impide al personal de confianza de los monarcas a permutar mano de obra a cambio de dinero, es decir, hacer esclavos a los isleños. Las otras dos son sobre la libertad de negocios y ausencia de impuestos. El llamado privilegio grancanario se hizo efectivo en 1494. Las islas donde la conquista estaba subcontratada a operadores privados escaparon de esas normas y debían liquidar los beneficios obtenidos sobre ellas, es decir, territorios como La Palma o Tenerife. En estas islas los Reyes Católicos no tendrían tanta prisa por controlar porque ya tenían para estabilizar la región Gran Canaria y La Gomera. En Lanzarote, Fuerteventura y El Hierro Maciot de Béthencourt en 1430 estableció una serie de incentivos en la misma línea que los aplicados por los Reyes Católicos en 1494.

El profesor Salvador Miranda, de la Cátedra del REF de la ULPGC, sostiene que mientras en Gran Canaria el proceso se acelera "en los años en que se proyecta y desarrolla la conquista de las islas de La Palma y Tenerife observamos un menor interés de la corona en dichas empresas si lo comparamos con el que tuvo para la dominación de la primera de las islas realengas que se incorporó al Derecho castellano". A su juicio, la tesis de los Reyes Católicos tiene lógica por los intereses en la búsqueda de una ruta a las Indias y "por otro, el tratado de Tordesillas de 1494 que estableció la paz con Portugal y el reparto de las zonas de influencia del Océano Atlántico".

No hay que olvidar que las islas entraron a formar parte de la Corona de Castilla en 1485, "por lo que no figuraba una única isla anexionada jurídica y políticamente, sino el reino de Canarias al completo" y que "ese menor interés se traduce en la no financiación con cargo a las arcas reales de los costes de las respectivas conquistas y en una relajación de los monarcas y sus consejeros a la hora de legislar y aplicar la normativa específica a los territorios incorporados". Por eso, Tenerife se convirtió en su integridad como zona franca, y que hizo necesario, en aras de la seguridad jurídica, que la reina Juana la ratificase en 1510". Para el profesor Miranda Calderín "con la conquista de Gran Canaria ya habían obtenido los monarcas una base firme para consolidar la ruta del oro y la expansión africana; pero tanto las expectativas sobre el oro como la expansión geográfica habían pasado de África a América. Con el territorio grancanario habían consolidado la industria azucarera y sus propietarios competían con las industrias lusas en Madeira, por lo que bienvenidos eran los amplios terrenos del norte de ambas islas, pero no a cualquier coste".

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