Canarias

Un aire que casi arde en Canarias con la calima

  • Se calcula que el Sáhara aporta dos tercios de todo el polvo que se genera en la tierra
Aeropuerto César Manrique de Lanzarote en un amanecer con calima. Foto Aemet.
Las Palmas de Gran Canaria

Canarias atraviesa esta semana jornadas con calima. El aire sahariano tiene impacto en el gasto sanitario y en cambios de conducta de los turistas ya que no es aconsejable la práctica de prácticas como el senderismo.

Investigadores rastrean la contaminación por polvo y la salud para detectar peligros en África occidental de la Universidad Estatal de Pensilvania han lanzado este febrero un estudio donde apuntan que han encontrado nuevos riesgos por calima.

Y es que el Sáhara es la principal fuente de partículas en suspensión de todo el planeta se encuentra a poco más de 100 kilómetro de Canarias. De hecho, se calcula que el desierto norteafricano aporta dos tercios de todo el polvo que se genera en la tierra y que el 26% acaba en los océanos, recuerdan los autores de este trabajo. Su cercanía a canarias provoca con el aire sahariano temperaturas altas este invierno.

Algo similar a lo que han investigado científicos de la Universidad de Antioquía (Colombia) y el Instituto de Oceanografía y Cambio Global de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) sobre los minerales que transportan las calimas y sobre cómo se comportan mientras el polvo del Sahara permanece en el aire y cuando cae al mar.

El equipo de la Universidad Estatal de Pensilvania, dirigido por el profesor Gregory Jenkins en meteorología y ciencias atmosféricas, rastreó las concentraciones de polvo durante 2015-16 en Senegal, con un enfoque particular en la capital densamente poblada de Dakar. Utilizaron simulaciones e instrumentos climáticos para encontrar niveles poco saludables de polvo de diciembre a marzo.

En otras áreas de Senegal, se observó aire insalubre durante más del 90% de las veces. De acuerdo con los estándares de la Agencia de Protección Ambiental de EEUU, las partículas de polvo de menos de 10 y 2,5 micras se controlan y se consideran inaceptables a 150 microgramos por metro cúbico y 35 microgramos por metro cúbico, respectivamente. Los niveles superiores a los que ocurren más de una vez durante tres años son inaceptables. Un cabello humano tiene aproximadamente 50 micras de diámetro.

Los técnicos ha apuntado que los modelos climáticos señalan al desierto del Sahara como la principal fuente de polvo; pero que otros factores de contaminación probablemente contribuyeron a la calidad negativa del aire, particularmente en áreas más pobladas porque las enfermedades respiratorias continuaron aumentando durante los meses de verano. La conexión más fuerte entre la calidad del aire y la salud respiratoria se encontró en las áreas urbanas, lo que sugiere que la contaminación industrial, las emisiones de los vehículos y los factores domésticos también desempeñaron un gran papel.

Tanto antes como después de las calimas, la capa de agua situada a diez metros de profundidad tenía el doble de concentración de polvo del Sahara que el aire

En Canarias, las concentraciones de polvo en suspensión en la atmósfera se multiplican, de acuerdo con los datos de la ULPGC, por 20 en el aire (la medición se hizo en Las Palmas de Gran Canaria, en la estación de Las Rehoyas, a 300 metros de altitud), por ocho en el océano a diez metros de profundidad y por 1,6 en aguas más profundas, a 150 metros bajo la superficie. Tanto antes como después de las calimas, la capa de agua situada a diez metros de profundidad tenía el doble de concentración de polvo del Sahara que el aire, y también el doble que el agua a 150 metros. Los minerales más pesados del polvo del Sahara, los distintos óxidos de hierro encontrados (hematitas y goetitas), se hunden más despacio en el océano que otros compuestos más ligeros, de forma que su concentración a diez metros de profundidad es mucho mayor que en el aire. Pero lo que la física no explica, lo aclara la biología: "Esta pauta de concentración selectiva de partículas de hierro puede explicarse por procesos de retención biológica en el agua".

Los científicos de la ULPGC y la Universidad de Antioquía recuerdan que están documentados varios microorganismos presentes en el agua del mar que se alimentan de compuestos férricos, cuyo comportamiento ayuda retener esos nutrientes en las capas superficiales del océano. A juicio de los expertos, esta retención de hierro (y no de otros minerales presentes en el polvo del Sahara) "sugiere una adaptación evolutiva de los microorganismos marinos a utilizar micronutrientes limitados en el océano". Es decir, un ejemplo de cómo los primeros escalones de un ecosistema puede adaptarse a sobrevivir en la escasez con cualquier recurso, aunque este sea el molesto polvo del desierto.

Por ello, se propusieron observar en una de las islas que con más frecuencia se ven envueltas en las calimas, Gran Canaria, qué tipo de minerales transportan las tormentas de polvo de Sahara y qué ocurre con esas partículas cuando se depositan en el mar, tomando como referencia dos episodios concretos de calima ocurridos del 19 de al 25 de marzo y del 31 de marzo al 2 de abril de 2011. Los técnicos recuerdan que las "nubes de arena" del Sahara pueden cubrir de polvo lugares situados a miles de kilómetros e incluso cruzar el océano Atlántico en menos de una semana (la NASA fotografió en 2016 una enorme calima sobre Canarias cuyos efectos se notaron en México y Texas, EEUU).

En este caso, las dos calimas estudiadas se generaron a unos 700 kilómetros de Gran Canaria, en el oeste de Argelia, el Sahara Occidental y el norte de Mauritania, según los datos aportados por el sistema de predicción de polvo en la atmósfera del Centro de Supercomputación de Barcelona, cuyas localizaciones se corroboraron luego por el tipo de minerales encontrados en el aire y el agua.

Los autores recuerdan que están documentados varios microorganismos presentes en el agua del mar que se alimentan de compuestos férricos, cuyo comportamiento ayuda retener esos nutrientes en las capas superficiales del océano. A su juicio, esta retención de hierro (y no de otros minerales presentes en el polvo del Sahara) "sugiere una adaptación evolutiva de los microorganismos marinos a utilizar micronutrientes limitados en el océano". Es decir, un ejemplo de cómo los primeros escalones de un ecosistema puede adaptarse a sobrevivir en la escasez con cualquier recurso, aunque este sea el molesto polvo del desierto.

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