Banca y finanzas

El riesgo de colocar acciones propias a pequeños clientes ahorradores

  • Los reguladores deberían prohibir la venta de los propios valores a clientes
Un hombre camina frente a una oficina del antiguo BES en Lisboa. Foto:Reuters.

La venta de títulos propios a clientes, extendida entre la banca de España, Italia o Portugal e inusual en países anglosajones, implica riesgos para los depositantes.

El recurso de la banca del Sur de Europa a la colocación de acciones o valores propios a clientes a través de sus ventanillas, incuba un riesgo para los depositantes que, durante la crisis, se ha hecho latente. En Portugal, los empleados del quebrado Banco Espirito Santo (antiguo BES) colocaron a ahorradores 550 millones de euros en deuda de la matriz a finales de 2013. El holding ya atravesaba problemas de financiación, sin que fuesen de conocimiento público, y cuyo estallido final han colapsado al grupo, dejando sin sus ahorros a un amplio número de clientes.

La también lusa Montepío (Caixa Economica Montepio Geral) vendió 200 millones en participaciones -equivalente a las acciones en una mutualidad- para encarar un déficit de capital en 2013. La mayoría de los clientes compraron el grueso de los títulos a través de oficinas por 1 euro, que hoy valen 0,79 euros. Cuando la entidad intentó colocar otros 200 millones, el supervisor le disuadió de volver a colocarlo a clientes y, ante la ausencia de interés en la emisión de inversores institucionales, acabó colocándoselo a su matriz, como detalla The Wall Street Journal.

El Sabadell, con TSB

El Sabadell, según el mismo rotativo, instruyó a los empleados para vender acciones a los clientes cuando necesitó recaudar 2.000 millones para comprar el británico TSB Banking Group. La entidad financiera explicó a dicho diario que su personal llama a clientes para informarles sobre la oferta, no para convencerles de la compra. Los que adquirieron acciones en su ampliación de 2013 han visto crecer su inversión. Otros casos menos afortunados, como afirma The Wall Street Journal, son las pérdidas de 3.000 millones en emisiones de bonos convertibles emitidos por el Santander en 2007 por 7.000 millones; y los alrededor de 300.000 depositantes que compraron acciones en la Opv de Bankia en 2011.

"El banco siempre debe actuar de buena fe y en interés del cliente", refiere el portavoz de la asociación de consumidores Adicae, Fernando Herrero, quien cree que si el banco vende sus propios valores "el interés que va a tener prioridad es el interés del banco en la obtención de financiación".

The Wall Street Journal denuncia que las entidades recurren al cliente particular cuando los inversores institucionales son remisos a comprar todo el papel o exigen precios superiores. El pequeño ahorrador suele ser un accionista benévolo porque delega el derecho de voto en los ejecutivos de la entidad. Otra razón para acudir a él es construir una gran base de accionistas individuales pequeños. "Ellos son los accionistas que no muerden", relata al rotativo Javier Santomá, profesor de gestión financiera en la escuela de negocios IESE.

Desde la crisis financiera, los legisladores de la Unión Europea han aprobado normas que permiten prohibir a partir de 2017 la venta de productos de riesgo a clientes sin perfil adecuado para comprenderlos y saber a qué se exponen con su suscripción.

Los reguladores lo toleran

Pero los reguladores se han quedado cortos al no prohibir la venta de los propios valores a clientes, práctica poco común en Reino Unido y los Estados Unidos, donde los particulares suelen realizar la inversión a través de su broker o asesor financiero que trabaja en una firma separada del banco emisor.

En España, Portugal o Italia sí es frecuente que la oferta la realicen los mismos empleados que comercializan créditos y otro tipo de productos en sucursales. "Es una característica peculiar en la mayoría de mercados continentales de Europa que la gente que vende esas emisiones no cuente con una formación especial", detalla Luis Arenzana, del hedge fund londinense Ronit Capital.

En Italia, The Wall Street Journal apunta la colocación de las no cotizadas Banca Popolare di Vicenza y Veneto Banca. Cuando sus títulos se hundieron un 20% en abril, acusando la recesión económica, sacaron a la luz que habían colocando sus acciones bajo promesa de no infravaloración.

Los empleados habían garantizado que los títulos no se depreciarían al no cotizar el bolsa, refirieron al rotativo asociaciones de consumidores y abogados de clientes afectados. En Veneto Banca detallaron al diario que trabaja en la búsqueda de una solución viable para que los accionistas que deseen vender las acciones.

El daño producido a los ahorradores ha motivado una investigación por parte de las autoridades reguladoras italianas, como detallan personas familiarizadas con el proceso a The Wall Street Journal.

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