Banca y finanzas

Montes de Piedad, la financiación que acepta desde vacas a joyas familiares

  • Su origen se remonta a 1.462 para combatir la usura
  • Sus intereses son inferiores al crédito al consumo
  • El cliente medio es una mujer al cargo de la economía doméstica

"Un estudiante, que es ya es casi famoso, viene un día y me dice: "Juan, los estudios acaban dentro de un año, estoy en casa y me voy a Asia porque allí tengo un proyecto. Allí no puedo ir con mis francos suizos, mi banco no me sigue y solo me hacen falta 20.000". Tenía un reloj increíble, un Audemars Piguet Royald Oak Black Edition, que valía 200.000 euros y probaba la solvencia de la familia a la que no quería pedir el dinero. Nueve meses más tarde me dice: "Juan he pasado el millón en mi cuenta". Formó parte de un grupo de trabajo que vendió su proyecto a otra gente en China y ahora es millonario". La historia la comparte Juan Caído, presidente de la Asociación Internacional de Entidades de Crédito Prendario y Social (Pignus), que agrupa entidades de crédito social de Europa, África, Asia y América, como ejemplo del servicio universal y adaptados a los tiempos que prestan estas históricas instituciones.

Entidades procedentes de diferentes rincones del mundo se han dado cita en Madrid para celebrar su reunión anual bajo invitación de la Red de Montes de Fundación Montemadrid, que este año celebra su 320 aniversario. Al exponer la utilidad del servicio, Caído desvela que él mismo llevó tres monedas de oro a un montepío cuando vendió una empresa y necesitaba liquidez. Hoy está al frente de Pignus como presidente de Valorum, un monte de Ginebra que, con tan solo 7 años de edad, constata que estos servicios, de fuerte tinte social y de uso más generalizado entre la población, están más vivos que nunca.

Los Montes de Piedad nacieron en la edad media para erradicar la usura facilitando el préstamo en condiciones ventajosas o, incluso sin fijar interés alguno, a cambio de dejar en prenda algún bien, que recupera el cliente al saldar la deuda. De inspiración franciscana, el primero se funda en Perugia en 1462 y en escasos 30 años Italia contaba con 93. A su semejanza creará el Padre Piquer El Monte de Fundación Montemadrid en 1702, el más antiguo de Europa y que hoy tramita el 49% de estas operaciones en España. "En su día fue el germen para exportar el modelo a Latinoamérica y todo América del sistema traído desde Italia y hoy día sigue siendo una actividad exitosa. Es un crédito, además, que funciona muy parecido donde sea. Hablas con una persona de Chile o de México, de Argentina, con un indonesio o un indio, un argelino o un europeo y el sistema es similar: no necesitas un aval, tu aval es cualquier cosa que tenga un valor y puedas dejar en prenda", explica el director de la Red de Montes de la Fundación de Montemadrid, Santiago Gil -cuenta con 6 oficinas en toda España-.

El monte de Nueva York se fundó con el crack de 1927 y en China el primero arrancó en 1987, hoy tiene 3.000 regulados y 15.000 informales. Con más de seis siglos de antigüedad, el crédito prendario da en la actualidad servicio a más de 30 millones de personas en todo el mundo. Su mecanismo es simple: el cliente lleva un bien a empeñar, se lo tasan y recibe a cambio la cantidad solicitada, con unos intereses y plazos de amortización, aunque puede cancelarlo al día siguiente y soportar solo la tasa del primer día.

De obras de arte y bolsos de marca

En España y Europa se empeñan, sobre todo, joyas, la típica vajilla y cubertería de plata, obras de arte y antigüedades, aunque en Austria y Viena es fácil que dejen instrumentos musicales y bolsos de lujo y relojes en Ginebra, mientras que en Latinoamérica incorporan también tablets, ordenadores, neveras, herramientas, coches o móviles. Se han llegado a aceptar hasta vacas cuando el coste del pienso se disparó y mientras que algunos objetos, como joyas, quedan en depósito, otros, como los vehículos, continúan en uso del propietario y solo se embargan si no satisface la deuda.

De su origen queda el poso, garantía y reglas de institución con espíritu social y que están protegidos jurídicamente. En España proceden de las antiguas cajas de ahorros y en otros países dependen de la administración pública o están vigilados por ella, aunque sean entidades privadas. Su servicio y precio mantiene así máxima calidad y ventajas. Cuentan, por ejemplo, con expertos gemólogos para tasar de forma profesional y con garantías los bienes y los precios están muy por debajo del crédito al consumo al uso. El Monte de Crédito de Madrid fija un interés de entre el 5 y 8,25%, siendo el crédito medio de 640 euros, aunque puede facilitar cuantías desde 20 euros a varios miles.

"En Chile está muy regulado y hay que cobrar cómo máximo un 22% por debajo de lo que fije la banca", apunta el director general de la Dirección General del Crédito Prendario de Chile, Andoni Elorrieta. "Normalmente el cliente pide solo el dinero que necesita, no todo lo que puede obtener por el bien, porque su intención es recuperarlo y solo necesita dejarlo en prenda para obtener algo de liquidez", agregan. "La transacción se basa además en una relación de confianza", expone Caído. No en vano, el 95% de los usuarios devuelve las cuantías a escala internacional y recupera su prenda. La tasa llega al 97% en España y solo un 3% se subasta, ratio muy inferior a la morosidad en el crédito al consumo y que da idea además de su diferencia frente a otros negocios no reguladas como casas de empeño o de compra-venta de oro.

Se trata de una alternativa inmediata y fácil para contar con liquidez a fin de atender emergencias temporales o realizar compras. El perfil de cliente predominante en todos los países es una mujer de mediana edad, que está al cargo de la economía doméstica y que utiliza el empeño ante imprevistos o necesidades puntuales. Pero no solo, desde el 2018 ha aumentado el recurso por parte de autónomos o trabajadores de sectores estacionales y hay clientes habituales que buscan maximizar el valor de sus bienes en la planificación financiera doméstica.

Hay personas que monetizan temporalmente algún artículo para hacer mejores regalos a los nietos en un momento dado, planear vacaciones con menos restricciones e, incluso, en algunos países los frecuentan reconocidos deportistas que hacen liquidez cuando el pago por sus contratos y fichajes se demora o artistas cuando sufragan una producción que tardarán en cobrar. Concha Velasco desveló en su día ser usuaria y el periodista Andrés Aberasturi contaba que su máquina de escribir entraba y salía del Monte, a medida que cobraba los artículos que escribía. 

Los montes guardan con celo la identidad de clientes y de las codiciadas piezas que entran en sus circuitos, y solo salen a la luz cuando los revelan ellos mismos o se ejecutan en subastas. Entre las más preciadas conocidas en España figura un reloj de oro de la marca Patek Philippe que el Monte madrileño vendió por un récord de 240.000 euros cuando su dueña solo había pedido 12.000 euros, sin llegar a desempeñar. Satisfecha su deuda, la entidad entregó el valor restante a la propietaria como siempre hacen con las ejecuciones de bienes ya que su único negocio son los intereses aplicados. Y el dinero que dejan esos márgenes revierten además en fines sociales con iniciativas como financiar escuelas, apoyar programas para personas en riesgo de exclusión o centros culturales, porque son entidades sin ánimo de lucro.

Son servicios de larga historia al corriente de los tiempos. "Estamos en la economía real", defienden. Y la pandemia les ha obligado además a acelerar su modernización con la adopción de webs que permiten gestionar y renovar los créditos a golpe de click a sus clientes. Gracias a este servicio, el Covid ha sido el único evento que clausuró físicamente El Monte de Fundación Montemadrid. No cerró ni durante la Guerra Civil. Sirvió de búnker a la población y aseguran que no desapareció ni una sola joya u objeto del local.

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