Aragón

Incendios en el campo: Aragón da los primeros pasos para prevenirlos

Zaragoza

Un estudio pionero permitirá detectar las principales causas de los incendios que se producen por las cosechadoras para minimizar los riesgos, realizar el adecuado mantenimiento de la maquinaria y desarrollar labores de prevención específicas.

Con la llegada de las altas temperaturas, existe un mayor riesgo de incendios. Y el campo suele estar muchas veces en el punto de mira porque se producen incendios, que se relacionan, por ejemplo, con la quema de rastrojos. Pero no es la única posible causa. También las averías de las cosechadoras pueden estar detrás, de forma accidental, de la quema de campos, montes o bosques, a pesar de que el parque de maquinaria agrícola está bastante actualizado en España y las máquinas más antiguas a penas realizan horas de trabajo.

Una situación que ha llevado a que haya autonomías en la que sus normativas en materia de prevención de incendios forestales impidan cosechar con temperaturas superiores a los 30 grados y cuando el viento alcanza una velocidad superior a los 30 kilómetros por hora, entre otras medidas.

Pero los incendios en el campo no se producen solo en esta autonomía, sino que es un problema generalizado en España ante el que se está optando por establecer prohibiciones -lo que se vive con preocupación en el sector-, en lugar de buscar soluciones como se está haciendo en Aragón. Una comunidad está última donde aproximadamente el 46% del total de los incendios por negligencias o causas accidentales se produjeron por quemas agrícolas y un 14% por motores y máquinas en 2017, según datos provisionales facilitados por el Gobierno de Aragón.

Pese a esta estadística, "la comunidad aragonesa no es una de las comunidades más afectadas", según explica Gerardo Torralba, de Asaja Huesca, quien añade que sí se está siendo pioneros en esta autonomía en tratar de hallar soluciones a través del 'Estudio para el análisis de riesgos en cosechadoras de cereales'. Una investigación que está financiada por el Programa de Desarrollo Rural para Aragón 2014-2020 del Gobierno de Aragón y que cuenta con socios como Asaja-Huesca, AGPME-ITACA, la Escuela Politécnica Superior de la Universidad de Zaragoza, ANSEMAT, AGRACON y la sociedad cooperativa Campo Santa Leticia, entre otros.

"El objetivo es ir a las causas de los incendios porque, cuando se produce un incendio por maquinaria agrícola, no se va a las causas. El agricultor lo vive como un riesgo importante y con una posible pérdida económica fuerte. Se pierde la cosecha y toda la campaña y, posiblemente, la cosechadora o máquina incendiada que tiene un elevado coste. Hay que reducir los riesgos al mínimo", añade Gerardo Torralba, quien incide en que muchas veces se pone el punto de mira en el agricultor, "tratándole de manera injusta" cuando el sector agrario contribuye a la lucha contra los incendios. De hecho, se han dado casos en los que los productores han tenido problemas con la justicia hasta que se demuestra si ha sido una imprudencia o un accidente, entre otras posibles causas, habiendo tenido alguno que pasar la noche en el calabozo.

El agricultor, normalmente, tiene un seguro de responsabilidad civil, aparte del de circulación, que puede cubrir los daños, pero "si se produce el incendio y le cargan los costes de extinción, puede que el seguro no cubra tanto". Además, el agricultor "está obligado a llevar medidas de extinción en la cosechadora, pero es para una pequeña llama. Si el incendio pasa al campo, tienen que ser los bomberos o los propios agricultores con tractores y aperos quienes colaboran" para su extinción y no propagación.

Para evitar todas estas situaciones, se ha comenzado a trabajar en Aragón en este estudio, que se desarrollará hasta diciembre de 2019 y que se centrará en las cosechadoras que se utilizan en cultivos, cuya cosecha se realiza en los meses de mayor riesgo de incendios -de junio a agosto-, como es el caso de la cebada o el trigo. "Queremos ver en qué puntos hay que incidir en el mantenimiento y cuáles son los más críticos para que el agricultor los pueda tener en cuenta y se reduzcan los riesgos con una prevención más específica".

Aunque todavía no están las conclusiones finalizadas, se ha observado que "lógicamente, los puntos y componentes de las cosechadoras que alcanzan mayores temperaturas son los más susceptibles de generar un incendio. A veces, estos puntos se calientan por funcionamiento natural -por ejemplo el motor-, pero en otros casos puede ser debido al deterioro de piezas, accidentes, etcétera", según indica Javier García Ramos, director de la Escuela Politécnica Superior de la Universidad de Zaragoza, que está llevando a cabo el estudio.

Para ahondar en las posibles causas, poner soluciones y decir adiós a los incendios, el estudio se desarrollará en tres fases: prospección de las máquinas cosechadoras existentes en Aragón y su tipificación, estudio del funcionamiento para buscar puntos de riesgo y análisis de resultados, propuestas de mejora en la prevención y la divulgación de los resultados.

De momento, "se está trabajando con el censo de maquinaria agrícola de Aragón en el que figuran todas las máquinas registradas con la finalidad de conocer las características técnicas de las mismas y estimar el número real que se utilizan en el campo, ya que muchas de las máquinas registradas no están trabajando y, por lo tanto, el censo no es fiable al 100%", expone Javier García.

Además, se van a realizar "encuestas con los usuarios de cosechadoras para saber de primera mano sus experiencias y opiniones respecto al riesgo de incendio en sus máquinas" y se trabajará en campo durante la época de cosecha "para conocer el riesgo de incendio en los puntos críticos de las máquinas, principalmente, mediante la medida de temperaturas de los componentes de la cosechadora", incide Javier García. También se realizarán trabajos de laboratorio sobre la combustibilidad del producto recolectado y el deterioro de componentes de las máquinas.

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