Andalucía

Las cementeras se reivindican en Andalucía

Fábrica de cementos en Alcalá de Guadaíra (Sevilla). Foto: Fernando Ruso

Las siete factorías existentes en la región apuestan por la valorización de residuos sólidos urbanos para sustituir combustibles fósiles y colaborar en la economía circular

Actualmente en España son destinados a vertedero el 60 por ciento de los residuos sólidos urbanos (RSU) generados, dato que difiere bastante de otros países como Alemania (0,15 por ciento) o Suiza (0 por ciento), según datos de Eurostat. Las consecuencias de mantener el vertido como opción preferente favorece la aparición de efectos ambientales negativos, como la generación de gases con efecto invernadero (CH4 y CO2) y destructores de la capa de ozono, la presencia de COVs en el aire, la contaminación de aguas superficiales y subterráneas mediante los lixiviados del vertedero, y otros impactos como el ruido por trasiego de camiones, la presencia de fauna transmisora de enfermedades, la dispersión de los residuos y polvo, el peligro de explosión por biogás y residuos inflamables, los olores, el impacto visual, etc. Frente a esto, la industria cementera reclama su espacio para contribuir a acabar con esta situación mediante la denominada valorización de los residuos.

Actualmente, el 22,9 por ciento de la energía que utilizan las siete fábricas de cemento existentes en Andalucía ya procede de RSU, frente al 55 por ciento de media de la UE -Países Bajos, Alemania o Francia alcanzan niveles entre el 65 y el 80 por ciento-. En total, son 126.752 toneladas los residuos valorizados al año en Andalucía, pero los representantes de este sector se muestran convencidos de que esa cifra se podría elevar hasta las 800.000 toneladas.

El principal problema al que se siguen enfrentando estas empresas para avanzar en esta línea es la reticencia de los ayuntamientos frente al desconocimiento de los vecinos, entre los que se han asentado multitud de falsos mitos que la Fundación Laboral del Cemento y el Medio Ambiente (Flacema) intenta derribar, según explica su gerente, Manuel Parejo.

Uno de los principales es que la valorización de residuos es perjudicial para la salud, cuando lo cierto es que no incrementa las emisiones de las fábricas, ni genera riesgos añadidos para la seguridad y salud de las personas, respetando la calidad del producto. Este mito parte de la creencia de que valorizar es lo mismo que incinerar y de que en esos hornos se queman todo tipo de residuos, "incluso bolsas de basura de los domicilios".

Sin embargo, desde Flacema explican que las emisiones de una cementera son distintas de las de una incineradora y no se ven afectadas por el uso de residuos debido a la diferencia de temperaturas (2.000 grados), el tiempo medio de combustión y la presencia de cal en los hornos de clínker -material con el que se hace el cemento-.

La valorización energética, como apunta Parejo, supone una opción para tratar los residuos que no pueden ni reutilizarse ni reciclarse. Además de aportar competitividad a una industria en situación crítica, "es totalmente fiable y segura, dada las condiciones específicas que se dan en el proceso de fabricación de cemento. De hecho se trata de una opción utilizada de manera intensiva en los países más desarrollados de Europa (Alemania, Holanda, Países Bajos, Suiza, etc.)".

En los tres últimos años, las siete fábricas andaluzas han realizado inversiones por casi 28 millones de euros en la modernización de sus procesos, el 40 por ciento de ellos en mejoras medioambientales. "Contamos en las fábricas de nuestra región con las mejores técnicas existentes en el mercado", subraya el gerente de Flacema. Estas inversiones se han producido en un momento crítico de estas empresas, que han visto reducido el consumo de cemento en un 80 por ciento en Andalucía durante los años de crisis.

La producción en Andalucía alcanzó en 2017 las 4.615.000 Tn, de las que 2.678.000 Tn se dedicaron a la exportación. Sin embargo, a partir de 2017 las exportaciones han empezado a bajar en torno a un 30 por ciento anual, pues a estas empresas les resulta muy complicado ser competitivas por los altos costes energéticos.

Las siete factorías andaluzas dan empleo directo a 618 empleados, aunque entre el indirecto y el inducido supera con creces los 3.000 puestos de trabajo.

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