Andalucía

González de Lara: "Andalucía necesita crear 100.000 empresas y 500.000 empleos"

Javier González de Lara, presidente de la CEA. Foto: Fernando Ruso

En tres duros años ha conseguido no sólo evitar la desaparición de la patronal andaluza, que heredó en absoluta quiebra, sino cambiar su percepción ante el resto de agentes políticos y sociales. Su reto es ahora acercarla a las pymes andaluzas siendo útil para sus intereses.

Es imposible no empezar una entrevista sobre economía andaluza hablando del paro. Estamos en el 28 por ciento, a diez puntos de España y 20 de Europa. ¿Qué estamos haciendo mal? Más que hacer cosas mal estamos haciendo cosas insuficientes. Para empezar, hay que recordar que el desempleo es el principal problema de Andalucía y no le estamos dando la trascendencia ni social ni política ni mediática a una cuestión que es clave en la dignidad de las personas, como es tener un puesto de trabajo. La crisis ha sido durísima y sólo en Andalucía en este tiempo se perdieron 54.000 pymes y autónomos, con su reflejo claro en el desempleo. En estos dos últimos años hemos recuperado 20.000, así que la tendencia ahora es favorable, pero hay que consolidar ese crecimiento y convertir al empleo en la prioridad política y social. Debemos crear ecosistemas favorables a la inversión, a la actividad empresarial y a la iniciativa productiva que es la que de verdad genera oportunidades y empleo.

La previsión para este año es una ralentización de la economía, ¿nos debemos acostumbrar a tener esa tasa de paro? En absoluto. Debemos rechazarlo y no podemos acostumbrarnos a tener una tasa de desempleo en Andalucía en torno al 28 por ciento, muy lejos de España y de Europa. Lo que hay que hacer son planes de acción concretos, precisos. Andalucía necesita 100.000 empresas más, que significarían unos 500.000 empleos más y disminuir drásticamente esa diferencia con respecto a nuestro entorno. Ese es un objetivo alcanzable. ¿Cómo? Facilitando políticas de autoempleo, ayudando a las pymes, eliminando trabas burocráticas innecesarias y, sobre todo, incentivando la contratación, que es quizá el gran elemento en estos momentos para fomentar el empleo y el autoempleo.

¿Por qué habla del coste de la contratación como prioridad? Porque siempre hablamos mucho del coste del despido, pero la gran traba es el coste de la contratación. Necesitamos una reducción de la fiscalidad, porque al final la masa bruta salarial que tiene que pagar un empresario se incrementa un 36 por ciento por cotizaciones sociales, más el 6,25 por ciento que aportan los trabajadores. Al final estamos hablando de más de un 40 por ciento que hay que pagar sobre lo que recibe realmente el trabajador. Eso provoca mayor dificultad a la hora de contratar y nos hace menos competitivos frente a otros países. En Alemania las cotizaciones sociales están al 19 por ciento, en Holanda al 18 por ciento, en Austria al 17... Tenemos un modelo que penaliza la contratación y es excesivamente cara. Y en el último año ha empeorado.

¿En qué sentido? Porque también cotizan los pagos en especie. Muchas empresas no sólo pagan sus salarios sino que realizan aportaciones a planes de pensiones, vales de comida, de transporte, seguros de salud? Al final, el coste del contrato es altísimo y estamos penalizando no sólo al empresario sino la retribución final que recibe el trabajador, al que le estamos eliminando muchas de esas retribuciones en especie porque el empresario no llega. Y eso no se lo queda el empresario, sino el sistema. Este año ha subido, además, un 3 por ciento la base máxima de cotización, un 8 por ciento la base mínima? Insisto, no es hora de hablar tanto del coste del despido, que me parece un tema superado, sino del coste del contrato y cómo fomentar el empleo.

Todos los años escuchamos un plan de la Junta para reducir las trabas burocráticas, pero nada parece mejorar. ¿Qué se puede hacer? La verdad es que no es fácil. Aquí tenemos un serio problema de fondo, que es el de la hiperregulación. Tenemos un modelo legislativo -local, autonómico y nacional- con una permanente tendencia a regularlo todo. Eso genera un bucle permanente. Y vemos una voluntad política que nos consta de reducir trabas que choca con esa tradición de la Administración pública española de controlarlo todo, y en muchos de esos casos buscar nuevos tributos. Hay que generar una Administración mucho más eficiente, no sólo en la reducción de trabas sino en cualquier aspecto. En lo últimos ocho años, la sociedad y la empresa se ha hecho mucho más competitiva, ha tenido que adaptarse para sobrevivir, ha tenido que superarse? Sin embargo, queda pendiente una profunda reforma de la Administración pública.

Para un joven emprendedor ¿es más complicado encontrar financiación o luchar contra esa maraña administrativa? A veces es más fácil conseguir financiación que superar las dificultades de tramitación burocrática. Ahora estamos viendo una cierta tendencia a la apertura del crédito tras los peores años de crisis, pero el modelo administrativo no ha cambiado y cada vez hay más exigencias a los jóvenes que deciden montar su empresa. Y más allá del papeleo, lo que suele frenar los proyectos y las ilusiones es la dilación de los plazos, que se alargan increíblemente por parte de la Administración en autorizaciones y licencias.

Por cierto, ¿por qué rechaza el término emprendedores? Bueno, no es que lo rechace, pero es un eufemismo y no queremos que sustituya a la palabra empresario. Un empresario es emprendedor, pero un emprendedor no tiene por qué ser empresario. Puede ser emprendedor artístico, cultural, social, personal?

¿Un autónomo es un emprendedor o un empresario? Un autónomo es un empresario, quizá con menor dimensión, pero tiene que llevar la gestión y la estructura de una empresa.

ATA se ha integrado en la CEA, ¿qué supone eso? Para nosotros es un paso muy importante y estamos muy agradecidos a la generosidad de ATA. Hemos tenido una colaboración estrecha en casi un año de conversaciones en las que hemos visto que el 99 por ciento de los temas nos une mucho más que nos separa. Tenemos muchísimas cosas en común. Y lo que se ha negociado es la integración de ATA en CEA como miembro de pleno derecho, con su responsabilidad y su representatividad en los ámbitos que le corresponde. Estamos muy orgullosos de este paso.

El director de la Fundación San Telmo decía recientemente que necesitamos 100 empresas con más de 1.000 millones de facturación. Ojalá podamos llegar algún día. En la CEA creemos que la actuación que hay que emprender para reactivar el tejido productivo andaluz tras estos ocho años de crisis pasa por tres retos: número, densidad y dimensión. En número, Andalucía está en unas 500.000 empresas, que es bastante digno pero carente de las otras dos patas. Nos falta densidad. Tenemos 58 empresas por cada 1.000 habitantes, muy por debajo de la media nacional, que está en 69 y que en Andalucía sólo cumple Málaga. En cuanto a la dimensión, 9 de cada 10 empresas tiene menos de 10 trabajadores en plantilla, y más de la mitad no tiene ningún trabajador, son los autónomos. Nuestro tejido empresarial sigue muy atomizado. Y debemos ganar en número, densidad y dimensión, que debemos sumar a otros dos grandes retos: la economía digital y la internacionalización.

Andalucía es la segunda comunidad española con menor índice de competitividad en Europa, según un informe de la Comisión Europea publicado este mes. Ocupa el puesto 220 de 263 regiones? Y eso que hemos mejorado un poco... Lo cierto es que tampoco podemos hablar de Andalucía con fríos números descontextualizados sobre su historia. Andalucía tiene un retraso de un siglo, lo que pasa es que en los últimos 25 años ha reducido casi un 50 por ciento el diferencial de competitividad y desarrollo con las zonas más desarrolladas de Europa. Pero no es suficiente y estos informes nos sirven para recordarlo. Y hemos tenido una escasa iniciativa empresarial en el siglo XIX y XX. Hemos empezado el siglo XXI con muchas ganas y energía, a pesar de la crisis, que nos ha frenado. Pero hay un cambio de mentalidad y de concepto, que es mucho más importante.

El informe mide 11 parámetros y destaca sus malas infraestructuras? Supongo que dependerá de las zonas de Andalucía. Si hablamos de Almería está claro un déficit que hay que solucionar cuanto antes, como en Granada o Jaén. Pero no olvidemos que Andalucía es casi tan grande como Portugal.

¿Es entendible que el principal puerto de mercancías de España y cuarto de Europa, el de Algeciras, siga sin conexión ferroviaria? No es comprensible. Por eso es fundamental el desarrollo del Corredor ferroviario Central y del Corredor Mediterráneo, que son compatibles y complementarios. Lo que queremos es que Algeciras tenga conexión ya con Europa. Estamos en una zona periférica con respecto a la UE y por eso son tan importantes las conexiones y nuestras infraestructuras.

Hablando de puertos, ¿cómo ve los enfrentamientos entre los puertos andaluces, como Sevilla, Huelva y Cádiz, mientras sigue creciendo el gran puerto de ?Tanger Med?? ¿Son visiones excesivamente localistas? Buena pregunta. Nos falta pensar en global, pero también nos falta visión de futuro. En Andalucía tenemos demasiadas tácticas, pero pocas estrategias. Somos excelentes en todo lo que es el análisis de las tácticas, político, social o empresarial; pero nos falta proyección a diez años de cuáles son las estrategias necesarias para crecer, para firmar pactos de Estado o para planificar a largo plazo. No he escuchado nunca a ningún partido y tampoco a ningún Gobierno hacer planes a diez años y consensuarlos para que nadie lo cambie en ese tiempo. Nos falta estrategia y nos sobran tácticas. Eso tiene una ventaja, que sabemos improvisar mucho, pero no nos deja crecer.

¿Y sobre los localismos en Andalucía? Pues es evidente que hay que superarlos. En el caso que me comenta es obvio, tendrán que complementarse el puerto de Málaga con el de Motril, y el de Sevilla con el de Huelva o Cádiz, y reconocer y apoyar el liderazgo del de Algeciras. En otros casos, como en los aeropuertos pasa lo mismo: si el primer aeropuerto de Andalucía y tercero de España es el de Málaga, habrá que potenciarlo y que los de Sevilla o Jerez tengan sus sinergias. Pero cada uno defiende sólo su espacio con una visión pobre.

Ustedes han firmado recientemente con la Junta y los sindicatos el Pacto por la Industria, pero sigue sin avanzar la concertación social... Bueno, nosotros preferimos llamarlo diálogo social. Estamos avanzando en cuestiones puntuales, pero creo que nos falta una visión más global del diálogo social y una estrategia a largo plazo. Creo que este diálogo es básico para el desarrollo de la comunidad, y buena muestra está en su existencia en diferentes comunidades autónomas de todo signo político. Por eso seguimos pidiendo una visión más global que los acuerdos puntuales en Andalucía.

¿Qué balance hace de estos tres años al frente de la CEA? Estoy relativamente satisfecho del trabajo, con una herencia recibida nada fácil. Han sido tres años muy duros para toda la organización, y creo que el proyecto de la nueva CEA se está convirtiendo en una realidad. Y lo estamos consiguiendo poniendo en marcha los cinco principios que tenemos por bandera y que expresé en mi toma de posesión: la participación, la sostenibilidad, la representatividad, la transparencia y la gestión eficiente. A partir de ellos dimos muchos pasos, como la modificación de estatutos, el código ético de buen gobierno, de transparencia, cambiar absolutamente los hábitos de la propia organización, las inercias del pasado... Y sobre todo transformar el modelo buscando ser mucho más eficientes para los servicios que nos piden los asociados. Somos una organización que gestiona intereses y queremos ser útiles para ellos y para la sociedad. Tenemos 170.000 asociados, que es una cifra muy relevante, y sumando los autónomos de ATA ahora incorporados sumamos más de 220.000. Así que miramos el futuro con mucha ilusión y esperanza.

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