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El PP y Vox vencen al bloque de la izquierda por un estrecho margen en las elecciones europeas

  • Vox avanza en España aunque en menor medida que la extrema derecha en Francia y Alemania
  • Se acabó la fiesta entra en el hemiciclo con tres eurodiputados e inclina el resultado a la derecha
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La convocatoria de elecciones europeas de este fin de semana se ha planteado como una llamada a las urnas histórica, en la que se decide el futuro del club comunitario. No obstante, en países como España toda la campaña se ha focalizado en cuestiones puramente domésticas. Esa estrategia en la que los retos comunitarios quedan en un segundo plano beneficia al PP, pero también al PSOE, cuyos resultados le hacen capaz, junto a Sumar y Podemos, de casi igualar en escaños a los populares y Vox. La convocatoria de elecciones europeas de este fin de semana se ha planteado como una llamada a las urnas histórica, en la que se decide el futuro del club comunitario. No obstante, en países como España toda la campaña se ha focalizado en cuestiones puramente domésticas. Esa estrategia en la que los retos europeos quedan en un segundo plano beneficia al PP, pero también al PSOE, cuyos resultados le hacen capaz, junto a Sumar y Podemos, de casi igualar en escaños a los populares y Vox. La situación, no obstante, se desequilibra a favor de la derecha española si se suma a este bloque la sorpresiva irrupción de Se acabó la fiesta que ha restado votos a Vox y que, con su contribución, sí que da una ventaja a la derecha sobre la izquierda comparable a la de otros países europeos.

El reparto de eurodiputados en nuestro país, que contará con 61 asientos en el hemiciclo, ha quedado finalmente en 22 sitios para los populares, frente a los 13 de las anteriores elecciones. Los socialistas pierden un eurodiputado y se quedan con 20. La tercera fuerza sería Vox, con 6 escaños, dos más que en los anteriores comicios. Se quedarían igualados, con tres escaños Sumar, Ahora Repúblicas y Se Acabó la Fiesta. Cae Podemos, que pierde cuatro eurodiputados y se queda con dos, y Junts pierde dos asientos y se queda con uno. Además, Ciudadanos pierde sus ocho eurodiputados y desaparece su representación del hemiciclo comunitario.

Estos comicios, que los populares plantearon como un plebiscito al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se resuelve con un impulso a la derecha y extrema derecha. El Partido Popular y Vox obtuvieron más asientos en el hemiciclo comunitario que la izquierda conjuntamente, considerando a socialistas, Sumar y Podemos.

Es cierto que la extrema derecha de Vox replica en España la misma tendencia que el resto de las formaciones ultraconservadoras en Europa. Los de Abascal ganan peso, aunque no con la misma potencia con la que lo han hecho sus colegas europeos, donde han sido primera fuerza política en Francia, Países Bajos o Austria o segunda en Alemania. Se rompe el cordón sanitario a lo largo y ancho del bloque.

El resultado, por otro lado, constata que no se produce un sorpasso de Podemos a Sumar. La entrada de la formación de Alvise Pérez, Se Acabo la Fiesta, entra en el hemiciclo europeo. Los de Junts se aseguran un escaño en la Eurocámara, frente a los tres que ocupaban previamente.

Plebiscito a Sánchez

Los comicios europeos se conjuraban como una prueba de fuego para el Ejecutivo de Pedro Sánchez. Se ha hecho desde las dos principales formaciones. La pasada semana el juez Juan Carlos Peinado citó a declarar en julio a la esposa del presidente del Gobierno, Begoña Gómez, que está siendo investigada por tráfico de influencias y corrupción. Tras los cinco días de reflexión que se tomó el jefe del Ejecutivo español después de la apertura de la investigación judicial a su esposa, Sánchez urgió, en una carta a la ciudadanía, a utilizar su voto para dar al PP y Vox "la respuesta que merecen en las urnas".

Sin embargo, el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, planteaba esta convocatoria a las urnas como un plebiscito a Sánchez. A fin de cuentas, el mensaje es: si el PP gana, Sánchez deberá marcharse. El punto de partida era el mismo: las acusaciones contra Begoña Gómez. Su perspectiva de estos comicios se estructura como un punto de inflexión de la legislatura, una especie de convocatoria para determinar si los ciudadanos continúan respaldando al Ejecutivo de Sánchez.

Con un discurso duro frente a la ley de Amnistía, Feijóo rechazaba un empate con la formación socialista. Un argumento que, avisaba, Sánchez utilizaría para "decir que han ganado" y en base al cual instaba a no "caer en su trampa". En su pugna con el PSOE, Feijóo ha retratado al Sánchez como un "presidente dimitido" y "desesperado" por el mensaje que mandaba en esta segunda misiva a la ciudadanía.

Al tiempo, el líder popular ha ido endureciendo el discurso para distanciarse de Vox y evitar que la formación de ultraderecha se llevara los votos de los conservadores insatisfechos. De ahí también que se reiterara ese mensaje de que todo voto que no vaya a la formación popular irá a parar al PSOE, en un llamamiento a movilizar el voto hacia la candidatura liderada por Dolors Montserrat.

En un intento por acoger el voto más a la derecha, Feijóo propuso durante la campaña que los inmigrantes adquieran "un compromiso de adhesión y respecto a los valores fundacionales de Europa". El gallego se aproximó a los postulados de Vox y acogió la inmigración como uno de los temas principales de su campaña, en línea con la estrategia utilizada en las elecciones catalanas.

Pero la carta de Sánchez no solo ha generado nerviosismo en las filas del PP, la formación con la que forma coalición en el Ejecutivo, Sumar, veía como la concentración del voto en el grupo socialista ponía en peligro la consecución de asientos en la Eurocámara.

Fue arriesgada la elección de una cabeza de lista, en cierto modo desconocida para los votantes. Estrella Galán, hasta la fecha directora general de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, representaba los valores humanitarios y de solidaridad para una formación cuyas grietas internas amenazaban por sabotear la campaña. No en vano, Izquierda Unida a punto estuvo de romper con Yolanda Díaz por el posicionamiento de su grupo respecto a conflictos como el Palestino, que no sean lo suficientemente claros respecto a Gaza.

La formación de Yolanda Díaz se presentaba a unos nuevos comicios todavía lamiéndose las heridas de las elecciones gallegas, vascas y catalanas. Salvados por la mínima, el grupo se presentó a la campaña comunitaria manifestando sus posturas más próximas a la izquierda en un intento por hacerse con el votante socialista y de Podemos.

Su ejecución en esta convocatoria no solo delinea los asientos que la formación obtendrá en el Parlamento Europeo sino la supervivencia del propio partido. El proyecto de Yolanda Díaz se enfrenta a sus rivales en busca de validez más allá de las medidas implementadas como fuerza de coalición en el Gobierno.

Al tiempo que Sumar pujaba por una mayor condena a las actuaciones de Israel en la Franja de Gaza y el Gobierno aprobaba el reconocimiento del Estado palestino, convirtiéndose en uno de los primeros países de la UE en hacerlo, el líder de Vox, Santiago Abascal visitaba al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu con un mensaje claro de apoyo y una promesa de revisión de tal reconocimiento de llegar al Gobierno.

Tendidas las avenencias en la escena internacional, en la escena europea los mismos pronósticos arrojados en torno al resto de fuerzas de ultraderecha, se proyectaban también para Vox. El empuje que aúpa a los ultraconservadores a lo largo y ancho del Viejo Continente se reproduce en la formación de Santiago Abascal, que fue especialmente vocal en contra de la aprobación de la ley de Amnistía al grito de "traidor" a Sánchez. Tampoco dudó en presumir de avenencias con la codiciada primera ministra italiana, Giorgia Meloni, líder de la formación de extrema derecha europea ECR, en un evento en Madrid.

El auge de la formación de Abascal deja, en cierto modo, en evidencia a los socialistas. Queda difuminado ese mensaje por el cual el PSOE se promulgaba como la única fuerza capaz de detener a la extrema derecha, y se hace patente el empuje de las posturas populistas contrarias al Pacto Verde europeo, con un discurso fuerte con la inmigración. La idea de tratar de aislar al PP que ha liderado el actual eurodiputado Jorge Buxadé, de nuevo, como cabeza de lista, no ha surtido tanto efecto. Habrá que ver si cumplen con su promesa de no votar a Von der Leyen por lo que han tildado de "nefastas" políticas europeas.

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