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La brecha de género también está presente en el examen del MIR, según un estudio de Esade

Celebración de los exámenes MIR en enero de 2022, en Madrid. / Jesús Hellín (Europa Press)

El examen del MIR es una prueba de evaluación a través de la cual los estudiantes de medicina acceden a convertirse en Médicos Internos Residentes (de ahí su nombre). Es de sobra conocido el esfuerzo y la dificultad que conlleva preparar esta prueba, dada la elevada competitividad que se concentra sobre ella. Lo que no es tan conocido, al menos por quienes no nos hemos enfrentado al temido examen, es la brecha de género que existe en torno a la prueba.

Esta afirmación se extrae de un estudio recientemente publicado por el laboratorio de ideas EsadeEcPol Insight, titulado La brecha de género en los exámenes de acceso: el caso del MIR, y qué podemos hacer para reducirla.

A partir de una extensa revisión de datos de las pruebas llevadas a cabo en los tres últimos años, el estudio encontró patrones sorprendentes, como que las mujeres obtienen peores resultados en el MIR en comparación con los hombres con los que comparten la misma nota de expediente. "En la convocatoria de 2022, las mujeres con las notas más altas obtuvieron hasta 3 puntos menos que los hombres con igual expediente. Esta diferencia equivale a entre 500 y 600 puntos en el ranking final, lo que significa que las mujeres obtuvieron especialidades menos demandadas que los hombres", detalla el informe.

Según indica su autor, Carlos Sunyer, los estudios revisados para elaborar este análisis permiten explicar este fenómeno. En concreto, Sunyer alude a tres factores.

Por un lado, Sunyer encuentra en las mujeres una mayor propensión a dejar preguntas en blanco, pese a que "el sistema de puntuación está pensado para que el candidato sea indiferente entre dejar una pregunta en blanco o responderla al azar". Son los hombres quienes arriesgan con las preguntas de forma más frecuente.

Por otro lado, el estudio señala que el contexto externo de la prueba. Con una elevadísima competitividad, el desempeño de las mujeres es peor que el de los hombres. " Esto es especialmente cierto entre los candidatos con mejores resultados".

Por último, Sunyer advierte que estos dos fenómenos anteriores se reproducen especialmente entre los repetidores (un 22 % del total de candidatos), "donde se observa que, en efecto, las mujeres son más propensas a dejar respuestas en blanco, lo que hace que incrementen menos su nota en comparación con los hombres repetidores".

Cómo paliar la brecha

Para solventar esta situación, el autor sugiere "reconsiderar la penalización de errores en este tipo de pruebas para promover la igualdad de género".

"Una solución que permite seguir midiendo las diferencias entre los candidatos de más nota, y que podría extrapolarse a otros exámenes, sería un sistema de pérdida de puntos donde preguntas en blanco o incorrectas penalizan, y los candidatos empiezan con la máxima puntuación posible", considera Sunyer.

Junto con esta medida, el autor del estudio de EsadeEcPol arroja otras dos medidas adicionales, como reducir el peso de este tipo de exámenes en la nota final o mejorar la coordinación entre el número de graduados y el número de plazas creadas en el sector público.

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