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Este es el alto coste que conlleva llevar una vida online muy activa

  • Las publicaciones constantes en redes pueden erosionar la privacidad
  • Varios psicólogos creen que parte de la identidad se forma hoy en Internet
  • El tener información limitada de lo que otros usuarios opinan puede causar estrés y ansiedad
Redes sociales representadas en piezas de ajedrez (Dreamstime).
Madrid

Cuanto más publica una persona sobre su vida en redes, más expuestas estará al público general. Aunque podría parecer algo normal, nunca en la historia de la humanidad se dieron casos en los que el individuo estuviese tan expuesto en todos los aspectos de su vida.

Cuando una persona publica algo en Twitter, sobre cualquier índole, puede recibir respuestas de personas que no conoce y a las que probablemente nunca llegue a conocer, en las que estos extraños publican sus críticas y pensamientos al respecto.

La gente ve las últimas fotos de Instagram, y literalmente pasa el dedo por la cara de los demás. Cuando los mensajes y las reacciones se amontonan en una misma publicación, aquel que la haya subido a sus redes podrá sentir que el mundo les está observando.

Los efectos psicológicos

Parece que el ser observado por tanta gente podría tener efectos psicológicos significativos. Más allá de las ventajas para conectar con otras personas (algo especialmente útil en los peores meses de pandemia), algunos expertos en psicología aseguran que esta exposición acarrea numerosos inconvenientes.

Un estudio de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos muestra una relación directa entre el elevado uso de las redes sociales y un significativo riesgo de sufrir síntomas propios de la ansiedad o la depresión. El mismo trabajo habla de la evidencia sobre la conexión entre la salud mental y los hábitos online de la persona.

"Lo que estamos encontrando es que la gente está pasando mucho más tiempo delante de pantallas que lo anteriormente informado, o del que ellos creen que pasan", asegura en profesor emérito de psicología en la California State University, Larry Rosen. "De algún modo se está convirtiendo en una epidemia", sentencia.

Atrapado en su vida virtual

Rosen lleva estudiando los efectos psicológicos de las nuevas tecnologías desde 1984. Habla de personas que reciben docenas de notificaciones diarias, lo que muchas veces les hace pensar que no pueden huir de sus vidas virtuales. "Incluso si no estás delante de las pantallas, las pantallas están dentro de tu cabeza", añade.

Un valor fundamental de la privacidad es que permite a operar libremente sin ser juzgado, y cuando se utilizan las redes sucede lo contrario: usuarios que ven el contenido, que reaccionan mediante 'likes' o comentarios, y que lo comparten a su vez con sus propios contactos.

A la vez que el usuario online hace pública una parte de quién es, no sabe completamente cómo se le recibe en el mundo virtual. El profesor de psicología de la George Washington University, Fallon Goodman, cree que precisamente este desconocimiento puede causar estrés y ansiedad en el usuario.

Una constante exposición a riesgos

"Cuando publicas una imagen, los únicos datos reales que percibes son los 'likes' y comentarios de la gente. Eso no es necesariamente un auténtico indicador de lo que el mundo piensa de tu foto o publicación", explica Goodman. "Ahora que te has metido ahí y que tienes información limitada de cómo se ha recibido tu interacción, entonces tienes también información limitada sobre las evaluaciones que la gente está haciendo sobre ti".

Según la profesora de ciencias psiquiátricas y conductuales en Stanford University, Anna Lembke, la gente construye sus identidades a través de cómo la ven otras personas. Y buena parte de esa identidad, de acuerdo con Lembke, se forma ahora por Internet, hecho contra el que puede ser complicado luchar.

"Esta identidad virtual es una composición de todas esas interacciones online que tenemos. Es una identidad muy vulnerable, porque existe en el ciberespacio. De una manera extraña, no tenemos control sobre ella. Estamos muy expuestos", sentencia Lembke.

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