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Mayoría amplísima de chilenos rechazan propuesta de nueva constitución

Santiago de Chile

¡Ganó el Rechazo! Una vez más los chilenos debieron acudir a las urnas, esta vez fue para pronunciarse -Aprobar o Rechazar-, el contenido de una nueva constitución para Chile a propuesta de unos convencionales elegidos, especialmente, para este propósito.

Una grandísima y enorme participación ciudadana, más de 13 millones de ciudadanos equivalentes al 85,7% del padrón electoral acudió a depositar su voto, el 61,8% lo hizo por la opción Rechazo y solo un 38,1% optó por el apruebo.

Esta enorme presencia de votantes sería la más alta de cuantas ha habido a lo largo de la historia de Chile. Conforme a las cifras del Servicio Electoral de Chile (Servel), las personas habilitadas para votar en este plebiscito constitucional alcanzaban las 15.173.857, de las cuales el 49% son hombres y el 51% mujeres.

Consideramos particularmente interesante para los análisis que se hagan con posterioridad tener presente lo ocurrido en las votaciones acaecidas desde 2020 a la fecha en términos de concurrencia. En el plebiscito que tuvo lugar el 25 de octubre de 2020, fueron 7.562.173 los chilenos y chilenas que intervinieron en el proceso electivo, ello representó un 50,95% de un total de 14.753.394 registrados. En ese momento fue valorado como el de mayor convocatoria desde el establecimiento del voto voluntario en el año 2012. Entonces, el 78,28% optó por iniciar un nuevo proceso constituyente, versus un 21,72% que prefería mantener la actual Carta Magna.

A renglón seguido, durante la primera vuelta presidencial de 21 de noviembre de 2021, fueron contabilizados 15.030.963 de electores habilitados para votar, acudieron 7.114.800 a sufragar, esto significó un 47.33% en cuanto a asistencia. En la segunda esa proporción quedo corta, los candidatos Gabriel Boric y José Antonio Kast, atrajeron a 8.364.534 de electores, lo que es igual a un 55,02% de los inscritos para votar. Hasta este domingo era considerada como el porciento más alto desde la implantación del voto voluntario.

Por lo pronto, el resultado logrado confirma la vigencia de la actual Constitución de 1980 que ha sido reformada en varias oportunidades, la primera vez fue a mediados de 1989 al concluir el gobierno militar, el nuevo acuerdo consensuado entre los partidos políticos de aquella época entró en vigor de forma plena el 11 de marzo de 1990.

Entre 1990 y 2005, bajo los gobiernos de Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruiz-Tagle y Ricardo Lagos, hubo nuevas modificaciones a la Carta Fundamental, la más contundente fue la de 2005, firmada por el presidente Ricardo Lagos y sus ministros de Estado, en opinión de muchos la más profunda en cuanto a contenidos.

Luego continuaron en los períodos de Michel Bachelet y Sebastián Piñera, como todo país que se precie inserto en avanzar en su desarrollo, empeñado en reducir la pobreza, mejorando la calidad de vida al interior, optando por un enfoque multilateral en su política exterior, era lógico que a medida que las circunstancias fueran cambiando hubiera adaptaciones a la Ley Fundamental ante los diferentes escenarios que surgían.

Las normas jurídicas estipuladas en el cuerpo constitucional chileno son, de una parte, las que regulan el funcionamiento del poder político y a su vez reflejan la organización del Estado desde su óptica estructural y material, asegurando la preexistencia de un Estado de Derecho pleno, nada muy distinto de la de países abiertos y globales.

Digamos que esto es lo que ha hecho que inversionistas, nacionales y extranjeros, inviertan en Chile, creen puestos de trabajo y mantengan presencias de mediano y largo plazo. La pujanza y crecimiento de la economía chilena está anclada en un marco de leyes estables, claras, previsibles, en un ambiente de negocio atractivo, en donde la seguridad jurídica sea la constante. Tal es así, qué a pesar de estar atravesando una situación internacional convulsa, y una inflación de momento desbocada, el interés de los inversores por Chile sigue plenamente vigente. El entramado jurídico del país en estricto sentido es el correcto para operar dentro de Chile y con el resto del mundo.

Las insatisfacciones de la sociedad chilena actual apuntan a cuestiones de orden social, no solo mejores salarios, sino, también mejoras visibles en los servicios públicos especialmente para las rentas más bajas. Muchas de nuestras autoridades de izquierda, centro y derecha se quedan en los éxitos del país, léase grandes proyectos, sin aterrizar hacia las necesidades de los más rezagados, hablamos de solidaridad y familia. Hay mucha ideología que no sirve en estas situaciones, simplemente hay que sentarse y conversar hasta encontrar soluciones. La clase política no ha estado a la altura de las circunstancias, creen que todo está hecho, olvidan que las personas más humildes viven otras realidades y hay que incorporarlos

Es muy cierto que hay infinidad de programas para que personas individualidades o en grupo puedan postular a apoyos y sacar adelante sus ideas y planes, pero los más rezagados no pueden acceder a esta clase de ayudas.

En cualquier caso, hay otras miradas que van en la dirección de que la actual Constitución debe cambiarse sí o sí, por lo que este Rechazo es una oportunidad para continuar las conversaciones hasta alcanzar un texto de unidad y volverlo a presentar para que sea refrendado por la mayoría.

Otros dicen que al país le ha ido bien que no hay nada que cambiar. En parte es muy cierto, pero olvidan a los chilenos que están fuera del sistema, aquellos que no pueden postular a nada porque no saben cómo hacerlo, aquí es donde los representantes de las distintas fuerzas políticas deben reunirse y buscar soluciones.

Finalmente, el presidente de Chile Gabriel Boric, reconoció el triunfo del Rechazo, anunció un cambio de su gabinete ministerial y llamó a continuar con el trabajo de alcanzar pactos para redactar una nueva Carta Magna que una a todos los chilenos.

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