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La Tierra será inhabitable en 2050 si no cambia nada

  • El planeta tiene en la actualidad una temperatura 1,1 grados superior a la que tenía en el siglo XIX
  • Tan solo el 21% de la financiación internacional del clima se destina a la adaptación y la resiliencia

"La evidencia científica es inequívoca: el cambio climático constituye una amenaza para el bienestar de la humanidad y la salud del planeta. Si se sigue retrasando la puesta en marcha de una acción concertada a nivel mundial, se agotará el plazo breve y en rápida disminución del que disponemos para asegurar un futuro digno".

Es el mensaje de Hans-Otto Pörtner, copresidente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), en la presentación del informe de 2022. Unas palabras que resumen la principal conclusión del estudio: se nos acaba el tiempo.

A este respecto, si las emisiones de gases de efecto invernadero no decaen de manera contundente y rápida, es poco probable que el planeta sea habitable para 2050, es decir, en apenas 28 años. A día de hoy ya se están viendo los efectos del maltrato que está sufriendo el planeta: inundaciones cada vez más frecuentes, olas de calor extremo, incendios forestales incontenibles o la disminución de la biodiversidad.

En este contexto, como señala el informe, en las próximas dos décadas el planeta afrontará diversos peligros climáticos inevitables con un calentamiento global de 1,5 grados. Incluso si se supera temporalmente este nivel de calentamiento, se generarán impactos graves adicionales, algunos de los cuales serán irreversibles. En Europa, por ejemplo, el IPCC proyecta riesgos como una mayor mortalidad debido a las temperaturas extremas, escasez de agua, alteraciones de los ecosistemas marinos y terrestres o la pérdida de la producción de algunos cultivos.

Por tanto, según las conclusiones del IPCC, las emisiones de gases de efecto invernadero deben llegar a su momento álgido antes de 2025, con ese año como punto de límite. A partir de ahí deben caer, reduciéndose en un 43% para el año 2030.

Desde Naciones Unidas recuerdan que la Tierra tiene en la actualidad una temperatura 1,1 grados superior a la que tenía en el siglo XIX. Si las emisiones de dióxido de carbono siguen su curso actual, la temperatura podría aumentar hasta 4,4 grados a finales de siglo. En este sentido, 2021 continuó siendo uno de los siete años más cálidos registrados, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM). No en vano, los siete años más cálidos han sido todos desde 2015, con 2016, 2019 y 2020 a la cabeza.

En Europa, por ejemplo, el IPCC proyecta riesgos como una mayor mortalidad debido a las temperaturas extremas

"El año 2021 será recordado por una temperatura récord de casi 50 grados en Canadá, comparable a los valores registrados en el caluroso desierto del Sahara de Argelia, lluvias excepcionales e inundaciones mortales en Asia y Europa, así como sequías en algunas partes de África y América del Sur. Los impactos del cambio climático y los peligros relacionados con el clima tuvieron impactos devastadores y que cambiaron la vida de las comunidades en todos los continentes", indica el secretario general de la OMM, Petteri Taalas.

Si no se revierte la situación, Naciones Unidas calcula que podría haber 1.000 millones de personas desplazadas para 2050 como consecuencia de los escenarios climáticos extremos.

Imparable, pero se puede mitigar

Dado el panorama actual, desde el IPCC alertan de que el avance de la crisis climática es imparable, pero todavía estamos a tiempo de mitigar sus consecuencias. Eso sí, el estudio destaca que los avances en materia de adaptación son dispares, y las brechas entre las medidas adoptadas y lo que se necesita para hacer frente a los riesgos crecientes son cada vez más profundas. Estas brechas son mayores entre las poblaciones de menores ingresos.

Los científicos señalan que el cambio climático interactúa con distintas tendencias mundiales, como el consumo no sostenible de los recursos naturales, la creciente urbanización, las desigualdades sociales, las pérdidas y daños provocados por los fenómenos extremos y la pandemia, lo cual pone en peligro el desarrollo futuro.

De hecho, como explica Hans-Otto Pörtner, "al restaurar los ecosistemas degradados y conservar, con eficacia y equidad, entre el 30% y el 50% de los hábitats terrestres, marinos y de agua dulce, la sociedad puede beneficiarse de la capacidad de la naturaleza para absorber y almacenar carbono, y podemos acelerar los avances en la consecución del desarrollo sostenible, pero es fundamental contar con el apoyo financiero y político adecuado".

De ahí la importancia de las medidas de adaptación al cambio climático. Como explican desde el Gobierno de España, éstas se orientan a limitar los impactos, reducir las vulnerabilidades e incrementar la resiliencia frente al cambio del clima de los sistemas humanos y naturales, incluyendo la biodiversidad, los bosques, las costas, las ciudades, el sector agrario, la industria, etc.

La ONU prevé que los costes de adaptación anuales en los países en desarrollo son del orden de 70.000 millones de dólares, pero podrían alcanzar los 300.000 millones para 2030. Tan solo el 21% de la financiación internacional del clima se destina a la adaptación y la resiliencia. En esta línea, una inversión de 1,8 billones de dólares, a nivel mundial, en sistemas de alerta temprana, infraestructuras resistentes al clima, mejora de la agricultura de secano, protección de los manglares a nivel mundial y recursos hídricos resistentes podría generar 7,1 billones de dólares en costes evitados y beneficios sociales y medioambientales.

"Una clave del éxito es reconocer el clima, la biodiversidad y la sociedad humana como un sistema acoplado, lo que significa que todos los componentes están interrelacionados. Si cambiamos uno de ellos, afectará a los otros dos también", señalan desde IPCC.

Para poder tener un futuro, este grupo de expertos recuerda que los riesgos que plantea el cambio climático varían según la ubicación, el tiempo y entre las diferentes poblaciones. Eso significa que cada comunidad y cada nación tiene su propio punto de partida para la adaptación climática y el desarrollo sostenible.

La ONU prevé que los costes de adaptación anuales en los países en desarrollo son del orden de 70.000 millones de dólares

No obstante, cualquiera que sea el camino que se siga, el Desarrollo Resiliente al Clima solo será posible con cambios fundamentales en cinco áreas principales: en los sistemas energéticos de nuestro mundo; en la forma en que usamos, gestionamos y salvaguardamos la tierra y el agua dulce, los océanos y sus respectivos ecosistemas; en la forma en que se planifican, construyen, organizan y gobiernan las ciudades y las infraestructuras; en el modo en que funcionan nuestras economías e industrias; y en la forma en que se desarrollan nuestras sociedades a nivel local, nacional e internacional.

"No cumplir los objetivos del Acuerdo de París limitará nuestras opciones para un futuro sostenible y resiliente al clima, porque un mundo más cálido trae de la mano mayores riesgos a los que las personas y los lugares tendrán que adaptarse. Ahora sabemos que asegurar un futuro saludable y resiliente al clima para todos no solo es que sea difícil, sino imposible, con un calentamiento global superior a 2 grados a medio y largo plazo", alertan desde el IPCC.

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