15 Aniversario

Del boom del ladrillo a la pandemia: los últimos 15 años de la historia económica de España

Madrid

Corría el año 2006. España era el milagro económico de Europa. En unos pocos años, la convergencia económica con Europa era casi una realidad. El PIB per cápita de los españoles había superado la media de la Unión Europea, mientras que la economía alcanzaba el octavo puesto en el ranking mundial, tras superar a Canadá en 2007. Quince años después, la economía de España ha caído hasta el decimocuarto puesto en el ranking global y todo el proceso de convergencia se ha evaporado. Los últimos 15 años han sido intensos para España y pese al drástico descenso en el ranking global de economías, lo cierto es que ni en 2006 éramos tan buenos, ni ahora somos tan malos.

En 2006, casi todos los indicadores económicos reflejaban el 'milagro' español. La tasa de paro había caído al 8,5% y se encontraba en un nivel más bajo que en Alemania, las finanzas públicas presentaban un superávit del 2,1% del PIB, la deuda pública era del 39,1% del PIB y la economía crecía al 4,1%, muy por encima de la media del euro y de la UE.

Sin embargo, gran parte de esta esta fortaleza fortaleza se sostenía bajo unos pilares de barro. El boom económico de España era una consecuencia de una burbuja inmobiliaria que se había levantado a base de endeudamiento con el exterior, con un déficit por cuenta corriente que era de los más grandes del mundo y que en 2006 rozó el 7,9% del PIB. Las empresas y familias de España se endeudaban para levantar y comprar casas, generando un bienestar artificial que era insostenible y daba lugar a una economía poco diversificada, nada productiva y muy vulnerable a un shock externo.

Ángel Talavera, economista jefe para Europa de Oxford Economics, comenta en declaraciones a elEconomista que en ese momento existía "un excesivo endeudamiento privado y un sector inmobiliario y de la construcción sobredimensionado, que estaba hinchando de manera artificial los balances empresariales, los ingresos del sector público y los niveles de empleo, a la vez que un sector financiero que estaba en una posición muy vulnerable ante un potencial pinchazo de esta burbuja".

El shock y el pinchazo que señala Talavera llegó entre 2007 y 2008. La crisis de las hipotecas subprime en EEUU se propagó rápidamente, secando los mercados de capitales y el interbancario. Nadie quiso seguir financiando el gigantesco déficit exterior que había alimentado a España durante años. La economía tuvo que reajustarse de forma drástica, destruyendo los cimientos de barro, disparando la tasa de paro, el déficit y la deuda pública, que cogió el testigo de la deuda privada, que había dominado el panorama hasta la crisis. El milagro tornó a pesadilla. Pese a todo, Miguel Cardoso, economista de BBVA Research, sostiene que "muchos de los avances logrados en el período 1994-2008 han sido permanentes".

No obstante, esta crisis tuvo dos partes. El fuerte crecimiento de la deuda pública en España y otros países del sur (que intentaron suavizar el derrumbe de sus economías), junto a la cuestionable actuación del Banco Central Europeo, desembocó en una crisis de deuda soberana entre 2011 y 2013 que estuvo a punto de suponer la desintegración del euro. El PIB per cápita de los españoles se alejó del de la UE borrando de un plumazo casi toda la convergencia y dejando al país con unos niveles de paro superiores al 25%, una deuda pública cercana al 100% y el déficit público estructural más grande del euro.

A finales de 2013, y tras la intervención sin precedentes (por fin) del BCE, dio comienzo una recuperación económica intensa, pero muy diferente a la de los años de crecimiento de la burbuja inmobiliaria. Lo positivo es que este crecimiento fue sostenible y más diversificado que el de los años anteriores. España corrigió el déficit por cuenta corriente, logró un crecimiento positivo (aunque escaso) de la productividad y la tasa de paro comenzó a retroceder. No obsntante, aunque la economía mostraba mayor diversificación, el turismo y la hostelería empezaron a ganar demasiada fuerza aprovechando los problemas de seguridad en países que competían directamente con España por el turismo. Sin darnos cuenta, estos desequilibrios iban a terminar siendo la gran debilidad de la economía nacional ante la llegada de una crisis que era imposible de prever.

Durante esos años de 'sol' no se abordó el problema del déficit público estructural, ni de la deuda. No se aprovecharon los años de crecimiento para equilibrar las finanzas públicas: "Sin duda, una de las asignaturas pendientes fue no conseguir mejorar las cuentas públicas en mayor medida durante los años de recuperación. Arreglar el tejado mientras brilla el sol, como se suele decir", comenta Talavera.

Además, tampoco llegaron "las reformas que habrían sido necesarias para reducir el desempleo, la temporalidad e incrementar la productividad (y los salarios). La mejor manera de dar confianza sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas es a través de reformas que aumenten la capacidad de crecimiento de la economía", añade Cardoso. El problema es que si las reformas no se acometen en los buenos tiempos, al final hay que implementarlas cuando no queda más remedio.

Tras años de crecimiento, la economía global comenzó a sufrir ciertas turbulencias en 2019. La guerra comercial entre EEUU y China y un ciclo expansivo que parecía estar agotándose empezó a restar décimas de crecimiento a buena parte de las economías del globo, algo que también afectó a la zona euro. Sin embargo, esta vez parecía que España contaba con ventaja. La fortaleza del turismo y de un mercado laboral que aún creaba empleo con intensidad mantenía viva a la economía española mientras que la zona euro se iba apagando.

Pero entonces sucedió lo que casi nadie podía prever. Un virus proveniente con origen en Wuhan (China) llegó a Europa a principios de 2020, golpeando de lleno a Italia, un aviso que nos dio una ventaja preciosa para tomar unas medidas de precaución que solo llegaron cuando el daño ya estaba hecho. El covid-19 torpedeó los nuevos pilares de la economía nacional, el turismo, la hostelería, el transporte... haciendo de España la economía más afectada de la zona euro.

Talavera reconoce que hay algo de factor suerte (más bien mala suerte) para la economía nacional. En 2007 la crisis golpeó al ladrillo y el inmobiliario, y ahora es el turismo y la hosteleria, dos sectores clave para el país. "Es bien sabido que España tiene una excesiva dependencia del turismo y que idealmente habría que potenciar actividades con mayor valor añadido, pero también es cierto que una pandemia global que ha hundido el sector turístico en todo el mundo es algo contra lo que era prácticamente imposible estar preparado".

Cardoso incide en este aspecto porque "esta crisis es diferente, no se produce por desequilibrios que se hayan generado en el sector. Es cierto que desde hace unos años se ha venido teniendo una discusión sobre la masificación que se vio al incrementarse la oferta de alojamiento gracias a las nuevas tecnologías. Sin embargo, las empresas del sector turístico tenían elevados niveles de recursos propios, bajo endeudamiento y alta rentabilidad... no obstante, siempre es bueno tener una economía diversificada".

Además, el elevado déficit estructural y una deuda pública alta han impedido (y siguen impidiendo) en parte que el Gobierno brinde el apoyo que la economía necesita durante la pandemia, y aunque ahora parece que se empiezan a desplegar ayudas directas para el tejido productivo, los expertos coinciden en señalar que llegan tarde y no son suficiente. El covid-19 ha vuelto a sacar a la luz las debilidades que habían permanecido ocultas bajo la 'marea' del crecimiento económico de los últimos años. El PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo ha caído por debajo del de la República Checa. Ahora, España necesita reinventarse una vez más para que dentro de 15 años podamos contar una historia con un final feliz.

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