Vivienda

Vivienda pública: sin beneficios se puede construir la 'ciudad del futuro'

Eco-Boulevard del PAU de Vallecas. Foto: Enrique Vinagrero (CC)

¿Cómo imaginaban las ciudades del siglo XXI? ¿Las imaginaban surcadas por miríadas de coches voladores?¿Pobladas por árboles flotantes y construidas según los trazos de singulares edificios multiformes con parpadeantes fachadas hipercromáticas?

Desde que Le Corbusier planteó la Ville Radieuse en los años 30 pasando por las docenas de visiones que se propusieron desde el cine, la televisión e incluso los parques temáticos, nos vendieron que la ciudad del mañana sería muy distinta a la que conocíamos.

Apenas había entrado en la mayoría de edad cuando visité por primera vez la Exposición Universal de Sevilla y, enseguida, me di cuenta de que así tenían que ser las ciudades del futuro, de mi futuro. Amplios y cómodos bulevares peatonales que discurrían entre espacios de sombra cuidadosamente controlados y construidos a base de artefactos artificiales o a veces naturales de vegetación integrada y lúdica.

El engaño del siglo XXI

Y los edificios, claro. Edificios diferentes, únicos. Fachadas que reflejaban el sol en paramentos de acero y vidrio y madera cómo yo no había visto nunca. Como nadie había visto nunca. Durante esos meses de 1992, el ser humano se encontró de frente con la ciudad del siglo XXI.

Después llegó el siglo XXI y nos engañó a todos. No solo no hay coches voladores ni árboles flotantes, sino que las calles siguen siendo estrechas y retorcidas y los edificios son exactamente iguales que siempre. Interminables fachadas de ladrillo cara vista y ventanas y ventanas y más ventanas idénticas las unas a las otras, con la misma forma y la misma superficie y la misma carpintería de aluminio y las mismas persianas enrollables de PVC y el mismo vidrio con cámara de 6 milímetros.

Salvo que visitemos un PAU. Al menos, alguno de los que se han colonizado con vivienda de protección pública. La explicación es lógica y ya la apuntamos en el artículo sobre las casas en Japón: la necesidad de beneficio económico. O la falta de ella. Los promotores inmobiliarios entienden la vivienda como elementos de compraventa sujetos a las leyes del mercado. Por tanto, el miedo a no poder realizar esa futura venta que consideran como principal actividad de su producto les lleva a apelar al mínimo común denominador. No existe el mínimo resquicio para el riesgo.

Construyen edificios de ladrillo visto porque son los que se vendieron en la anterior promoción y los que se vendieron en la promoción que iba antes de la anterior y los que se venderán en la próxima. Y como la oferta es tan uniforme, los ciudadanos tampoco tienen acceso ni capacidad para pedir o siquiera plantearse viviendas -y mucho menos edificios- distintas a las que ya conocen desde siempre.

Es un Ouroboros, una serpiente sin principio ni fin que ha convertido a las ciudades españolas en plantaciones de ladrillo. Incluso experiencias tan extraordinarias como el propio recinto de la Expo 92 en la isla de La Cartuja en la actualidad resisten a duras penas como espacios infrautilizados y, en algunos casos, casi ruinosos.

 Edificio en el PAU de Vallecas. Foto: M.Peinado (CC)

Una vivienda sin beneficio económico

La vivienda protegida se salta completamente los embistes de la rueda económica. No tienen que venderse porque ya están vendidas prácticamente antes de construirse. Sí, tienen unas limitaciones de superficie y también de presupuesto de ejecución, pero son las únicas. Los edificios se proyectan a través de concursos de arquitectura cuyo jurado está a su vez compuesto en su mayor parte por arquitectos, ni vendedores ni constructores ni promotores.

Y, como no hay necesidad de beneficio económico, la principal condición que se contempla a la hora de diseñarlos es el bienestar. El bienestar de los futuros usuarios y también el bienestar de la ciudad.

Así, las fachadas urbanas del PAU no son esa infinita pared de ladrillo naranja, sino que a menudo están salpicadas de chapas perforadas, vidrios coloreados y paramentos completos de celosías de madera e incluso bambú en mil retranqueos y volúmenes. En articulaciones y giros. En siluetas arquitectónicas que imaginamos por última vez cuando nos contaron cómo serían las ciudades del futuro.

De igual manera, siendo los PAUs artefactos de crecimiento urbano, tampoco se adscriben a los requisitos de la ciudad tradicional. Su trazado urbanístico se dibuja desde cero en suelos exteriores a los cascos históricos. Por eso pueden plantear avenidas anchas, calles capaces de absorber cualquier situación de tráfico, además de parques, espacios arbolados y rutas ciclistas y peatonales.

Uno de los ejemplos más interesantes es el Eco-Boulevard en el madrileño PAU de Vallecas, al este de la capital. Proyectado por el estudio Ecosistema Urbano en 2004 y terminado de construir en 2007, consiste en un mínimo trazado rodado asimétrico que permite que la mayor parte de la avenida se destine al ámbito peatonal y de relación vecinal.

El espacio se salpica con tres grandes estructuras bioclimáticas, bautizadas como Árboles Áereos por los propios arquitectos y que, además de arrojar sombra y funcionar como controladores de la temperatura, cuentan con columpios, gradas y pavimentos de distintos colores, texturas, resistencias, durezas, flexibilidades, sirviendo así como lugares de reunión y juego para los vecinos y los paseantes.

Interior de un Arbol Aéreo. Foto: Luis García (CC)

La ciudad del futuro está aquí

Teniendo en cuenta que los PAUs tienen como mucho diez o quince años, es lógico comprobar que la mayoría aún no estén a medio consolidar, que apenas haya locales comerciales abiertos y que la vida urbana aún dependa demasiado de los coches. También deberíamos señalar que parte de las infraestructuras, y aún más las experimentales, necesitan de un mantenimiento y un cuidado continuo que la crisis económica ha dejado de lado.

Los mismos Árboles Aéreos del Eco-Bouluverd están actualmente lejos de parecerse a la idea inicial que proyectaron los arquitectos. Pero también sucedió lo mismo con experiencias urbanas de crecimiento como el barrio de La Esperanza en Madrid o el mismísimo Eixample de Barcelona: pasaron años e incluso décadas hasta que se afianzaron como el robusto sector urbano que representan en nuestros días.

El tiempo dirá si los PAUs acabarán teniendo la misma importancia metropolitana que otras partes de la urbe, pero lo que es seguro es que, ahora mismo, son casi la única posibilidad que tenemos para pasear por las ciudades del futuro que una vez imaginamos.

Viviendas sociales en Izola, Eslovenia. Fotografía de Toma? Gregorič, cortesía de Ofis architekti.
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comentariosforum10

paleta
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mientras los políticos trinquen impuestos de las ventas privadas (impuestos) y trinquen de las comisiones ilegales de las construcciones privadas, qué incentivo tienen a hacer PAU el modelo general? ninguno. así que a seguir trincando amigos.

Puntuación 9
#1
Liberal y patriota
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La vivienda pública es comunismo. Los españoles de bien no queremos eso.

Puntuación 0
#2
JAJAJAJA
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Lo mejor es la especulación de la vivienda privada , ah no , que eso ha traido la ruina

España.

Puntuación -2
#3
Pepe
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Soñar no cuesta dinero

Puntuación -3
#4
M.A
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NO HE PODIDO TERMINAR DE LEER ESTA NOTICIA.,,SOY ALERGICO A LAS GELIPOLLECES

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#5
Usuario validado en elEconomista.es
Jaime Oro
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Esto es basura para bobos salidos de una clase de Pablo Iglesias en la Complutense. Si los mejores inventos dependieran de tener o no beneficios, no tendríamos coches ni las empresas que los fabrican; no existirían los aviones, los ordenadores, etc., etc., etc. Esto basura marxista para tontos de capirote. Basta con un estudio serio de lo que sucedió en la URSS con la vivienda pública, la cual se hacía exactamente sin estar marcada por el “criterio” del beneficio que estos arquitectos botarates ahora nos quieren venir a vender. ¡Encima, como si fuese una idea nueva! Si fuese cierto, las ciudades de la URSS serían eso, “ciudades del futuro”. ¿Y qué son? Basura, desde el primer edificio levantado en toda esa época hasta el último. Son un montaje para hacinar a la gente como si se tratase de animales de granja en ciudades inhumanas. Eso es lo que creó la vivienda pública en aquel sistema. ¿Volvemos a lo mismo? Como si no se hubiese probado ya con los resultados de todos conocidos… de todos menos los bobos adoctrinados por analfabetos como Pablo Iglesias.

Lo que estos personajes pretenden es colarnos los costes de sus estupideces y sus diseños a los contribuyentes. Eso es lo que venden estos arquitectos. “Ay, es que es muy duro trabajar bajo un presupuesto…” No han tenido bastante levantando catedrales a base de matar de hambre a la gente, como hicieron durante el absolutismo y el medievo. Ahora quieren vendernos su basura a coste infinito y que lo paguemos los de siempre… los imbéciles de siempre. Yo no sé si son imbéciles o se creen que lo somos los demás.

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#6
mau
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No creo que la calidad de la ciudad dependa de soltar las cargas económicas con que hemos llenado el barco, sino más bien de técnicos y profesionales comprometidos y valientes, gestores con altura de miras y ciudadanos participativos y con sentido crítico.

Y puede ser que los PAUs y los ensaches fueran buenos campos de experimentación en la última década, pero como el mismo artículo comenta, acusan un problema de monofuncionalismo residencial y excesiva dependencia de la movilidad privada. Debemos trasladar esos experimentos a la ciudad consolidada, rehabilitándola, reactivándola y completándola, haciendo un urbanismo de suma y superposición, en vez del modelo basado en la multiplicación y la expansión.

Y para resolver la duda del último comentario, yo te lo confirmo: ERES IMBÉCIL.

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#7
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El futuro pasa por construir viviendas de consumo energético casi nulo de obligado cumplimiento a partir de 2020. Mucha gente está harta de las pésimas calidades constructivas de la burbuja.

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#8
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Zendo Estudio
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Que desfachatez es esta de usar el dinero de todos para que los arquitectos "experimenten" sus ideas y caprichos. Los políticos se creen que somos esclavos del Estado o de ciertos colectivos privilegiados, el que quiera hacer experimentos arquitectónicos multimillonarios que los pague de su bolsillo.

Hasta cuando vamos a seguir permitiendo esta manía de querer que el Estado haga todo y que lógicamente eso nos lleva a una sociedad atrasada, parasitaria y pobre como ya se a visto con todos los malditos experimentos socialistas.

Puntuación -5
#9
Bastiat
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Hay que tener cara. Sr. Pedro Torrijos, no conozco ninguna promotora de cooperativas que no haya buscado el beneficio. Ninguna. Porque las cooperativas, las que la ley usa para canalizar eso de la vivienda pública, no surgen por juntarse unos cuantos ciudadanos, constituirla y luego buscar quien les fabrique la casa de sus sueños al mejor precio posible. No, ocurre realmente al revés. Es una promotora que busca unos cuantos amigotes que constituyen una cooperativa de manera legal a la cual gentes que necesitan vivienda se suman para construir con el diseño que el arquitecto que está detrás de esa promotora, o el sindicato, decide, el cooperativista no tiene nada que decir, y la constructora que la promotora impone, que es ella misma que impone las calidades, bajas de manera que si las quieres subir las pagas.... ¿Cómo que el beneficio no aparece por ningún lado en la vivienda pública? ¿No hay más que beneficios para los aprovechados que las construyen al socaire de sus buenas relaciones con el poder político?

Y si, una cosa es cierta, se hacen verdaderas “obras de arte”.... que no se compararían en un mercado verdaderamente libre. ¿Y por qué ocurre eso? Porque ante el reclamo de un buen precio los arquitectos someten a los ciudadanos con necesidades a sus gustos, proyectos que no verían la luz si no fuera porque la necesidad hace que muchos acepten bodrios con chapas y colgajos que para nada justifican el precio que les cobran. Y luego no hablemos de las calidades.

Si la vivienda pública no buscase el beneficio... ¿Cómo es que tienen calidades tan pésimas? Ha vivido Ud, en alguna VPO, Sr. Torrijos? Creo que no. Y cuando digo en una VPO, digo en una VPO, no en una VPO Plus, en la que se pone de manera graciosa una piscina, que como no viene incluida en el plan de la vivienda, se cobra por triplicado para mejorar en algo las calidades. Trampas. A eso se le llaman trampas. Vivienda, además, que no están justificadas su función social en el punto y hora que es difícilmente justificable una calificación de VPO a una vivienda con piscina, garaje doble, la mitad ocultado a los “inspecciones”, con habitaciones en forma de terraza, para disimular los metros demás, y que compran los papás a los hijos y que éstos no ocupan hasta pasados unos años, unos cobrando alquileres, otros simplemente dejándolas vacías sin que a nadie preocupe.

¿No se búsqueda el beneficio?

Cáspita, qué caradura!

Puntuación 3
#10