Turismo y Viajes

El Tren Lunático, el ferrocarril más romántico de África

Cuando en 1896 el Imperio Británico decidió construir una línea de ferrocarril que comunicara la ciudad costera de Mombasa -en su naciente colonia de Kenia- con el lago Victoria, un grupo de opositores del Parlamento Inglés tachó el proyecto de monumental pérdida de tiempo y dinero bautizándolo irónicamente como Lunatic Train (El Tren Lunático). Transcurridos más de cien años, la vía sigue aferrada a la tierra, el tren funciona con sorpresiva normalidad y el recorrido por la sabana keniata sigue siendo hoy uno de los viajes más apetecibles, carismáticos, simbólicos y románticos por el continente africano.

La construcción de la vía férrea se inició en Mombasa, a orillas del Índico y capital por aquel entonces de la colonia inglesa, pero nadie sabía con exactitud dónde estaría el otro extremo. La línea tenía que atravesar zonas pantanosas, selvas plagadas de peligrosos animales y espacios desérticos, así que la 'lunática empresa' tuvo que afrontar innumerables adversidades. Las tribus locales -masai y samburu-, además de no colaborar, robaban los materiales, y las enfermedades diezmaron mucho personal. Pero ningún contratiempo superó la expectación causada por la muerte de 30 hombres que fueron presa de los leones. Estos depredadores atacaban los campamentos nocturnos y merodeaban por las instalaciones ferroviarias causando el consiguiente pánico, incluso subían a los vagones a capturar sus presas.

La situación llegó a tal extremo de inseguridad, que hubo que contratar a un cazador profesional, el coronel John Henry Patterson. Al finalizar su proeza, describiría sus peripecias en el libro "Los devoradores de hombres de Tsavo". No sin razón Tsavo significa en swahili "lugar de sacrificio".

Superado el contratiempo, se decretó la interrupción temporal de la construcción en una altiplanicie llamada Nyrobi (lugar de agua fresca), a orillas del río al que los masai llevaban su ganado. Era la última llanura antes del valle del Rift y, por lo tanto, un lugar adecuado para convertirse en la estación terminal. Así comenzó su historia la ciudad de Nairobi, que en 1900 se convertiría en la capital del África Oriental Británica.

En 1901, el ferrocarril continuó su andadura hasta Port Florence (hoy Kisumu), a orillas del lago Victoria, donde se dieron por finalizadas las obras a los cinco años de su inicio y después de 935 kilómetros de trazado.

A bordo de la leyenda

Después de soportar una caótica cola para obtener el número que corresponde al billete que previamente había reservado, subo al tren. Ya ha caído el atardecer en la estación de Nairobi. Algunos pasajeros, todavía sin número, se agolpaban ante un tablón iluminado por la luz de una linterna buscando su sitio. Los viajeros de primera y segunda clase se distribuyen en compartimentos de dos o cuatro literas, con ventilador, jofaina y lavabo. A los viajeros de tercera clase solo se les ve en la estación, con su eficaz trasiego de enormes fardos de ropa, paquetes de huevos atados con soga y llevando a la gallina viva dentro de una cesta... haciendo honor a los viajeros de tercera de todas las épocas.

Nairobi.

Por fin el tren se pone en marcha. Un empleado arrastra por el pasillo unos gigantescos fardos con la ropa de cama, que reparte por los compartimentos: sábanas, una manta, la clásica pastillita de jabón y el ticket para the dinner con el número de turno asignado.

La noche es ya cerrada. Impacientes aguardamos el momento de acudir al coche restaurante, donde el mêtre y los camareros van uniformados de blanco -no inmaculado, pero de blanco- y se diría que tratan de mantener la excelencia de otros tiempos. Sobre las mesas aparecen perfectamente colocados toda suerte de cubertería, algunas piezas milagrosamente sobrevivientes al expolio turístico para el recuerdo y que intuyo originarias de la época colonial. Pesadas cucharas (que me parecen de plata) alternan espacio junto a cuchillos y tenedores de acero inoxidable, también de plata (que cada vez me parecen más de plata) son las salseras con las iniciales KR (Kenya Railways), teteras de un metal (que ya no me parece tan de plata), vajilla con perfiles dorados, tazas de porcelana china, copas de cristal? y unas enormes servilletas blancas que probablemente en otros tiempos fueron una y mil veces almidonadas. Curiosamente todo cabe en las mesas, que son para cuatro comensales, y todo se muestra distribuido con meticulosidad británica. Algo en el ambiente me transporta a otra época... Un viajero sentado frente a mí, exclama felizmente complacido: "Al Lunatic Train, algunos le llamamos Romantic Train". La leyenda continúa.

El menú -tres platos y postre- consiste en: crema de champiñones, tilapia (pescado típico del lago Victoria) en salsa verde, estofado de carne con arroz basmati y finalmente diplomatic pudding. Todo correcto.

Final de trayecto

Durante la cena el tren atraviesa el Parque Nacional de Tsavo, donde otrora estuvieran los míticos leones y donde hoy viven los descendientes de aquellos "demonios de la noche". Antes de retirarme a dormir, fue un placer asomarme por la ventanilla y respirar a pleno pulmón el aire de la sabana africana.

Al amanecer estamos ya llegando a Mombasa, de momento hace fresco pero pronto sentiríamos el calor húmedo de la cercana costa swahili. Miles de barracas de madera, de adobe o de chapa, flanquean ambos lados de la vía. El tren discurre despacio y silba constantemente, muchos niños salen al encuentro del largo convoy esperando que desde las ventanillas lluevan caramelos.

Llegada a Mombasa.

Después de 15 horas de viaje para el tren, casi en el tiempo previsto, aunque nunca sale de Nairobi a las 19:00 y nunca llega a Mombasa a las 8:30. Pero siempre sale y siempre llega, desde hace más de cien años.

El futuro del Tren Lunático está amenazado. Los chinos ya están construyendo una línea paralela para sustituir a los viejos raíles? Así que si quiere vivir la experiencia decimonónica ya puede darse prisa, porque lo mismo en un par de años ponen un tren bala.

Datos prácticos

-El tren efectúa tres viajes semanales en cada sentido Nairobi-Mombasa (530 kilómetros).

-El viaje tiene una duración -teórica- de 13 horas, que habitualmente son más.

-Los precios están alrededor de 32 euros (1ª Clase) y 23 euros (2ª Clase). Incluido cena y desayuno). La 3ª Clase no es recomendable, ni es aventura, ni es romántico; es, simplemente, una paliza.

Más información: www.magicalkenya.com

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