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Iconos de la moda: Tom Ford, el diseñador y cineasta que revolucionó el modo de entender la moda

  • Estuvo al frente de casas de moda como Gucci o YSL
  • Se graduó en arquitectura por la Parsons New School for Design de Nueva York
  • Puso de moda el bronceado y la camisa blanca desabrochada
Tom Ford
Madrid

El diseñador de moda y director de cine Thomas Carlyle Ford (Austin, Texas; 1961), más conocido como Tom Ford, alcanzó su fama mundial al frente de emporios de lujo como Gucci o Yves Saint Laurent cuando consiguió poner la sensualidad en el centro del tablero.

El diseñador nació en Texas, pero cuando tenía 11 años su familia se trasladó a Santa Fe, Nuevo México. Cuando cumplió 17 años, Ford se fue a vivir a Nueva York para estudiar un grado universitario en Historia del Arte, pero solo un año después abandonó sus estudios para dedicarse a la actuación: uno de sus sueños sin cumplir. Tras un tiempo realizando campañas publicitarias y comerciales en televisión, consiguió dinero suficiente para inscribirse en la Parsons New School for Design de Nueva York, una de las escuelas más reconocidas del momento. Pese a que el diseñador se graduó con una licenciatura en arquitectura, el último curso de la carrera lo dedicó a estudiar moda, ya que ese año había estado trabajando en París enviando ropa para sesiones de fotos para la marca Chloé office y otra gran vocación.

Tras graduarse, el primer trabajo que consiguió fue como asistente de diseño en la firma del diseñador estadounidense Cathy Hardwick, donde estuvo como durante dos años. En 1988 empezó a trabajar en Perrys Ellis, donde estuvo otros dos años, pero decidió dejarlo porque creía que era el momento de abrir fronteras más allá de la moda estadounidense.

Una decisión que resultó acertada ya que, al poco tiempo, se le abrieron las puertas del sector europeo de la mano de Gucci, una empresa que estaba en la cuerda floja en aquel momento. El estadounidense, que era todo un desconocido del mundo de la moda, aceptaba el puesto en 1990 de diseñador de la marca prêt-à-porter para mujeres, y al poco tiempo, empezó a diseñar también ropa masculina y zapatos. Su éxito dentro de la marca de lujo fue tan grande que comenzó a liderar casi todas las divisiones, y que consiguió que la empresa resurgiera de sus cenizas con un nuevo concepto estilístico. En 1992, se convertía en director de diseño y en 1994 fue nombrado director creativo de Gucci.

En 1999, la casa italiana, que estaba casi en bancarrota cuando Ford se unió, pasaba a estar valorada en aproximadamente 4,3 mil millones de dólares, y cuando Ford se retiró, en 2004, el Grupo Gucci fue valorado en 10 mil millones de dólares.

En enero de 2000, tras la adquisición de Yves Saint Laurent y YSL Beaute por el Grupo Gucci, Ford asumió el cargo de director creativo de la maison francesa, y siguió el mismo modus: incluir en el mercado unos diseños que rebosaran sexualidad y elegancia. La piel bronceada (en su justa medida), la camisa blanca desabrochada (hasta tres botones, ni uno más ni uno menos) y la chaqueta negra perfectamente entallada se convirtieron en las señas de identidad del estilo de Ford, una nueva forma de entender la estética que se convirtió en un éxito planetario.

En 2004 dejaba YSL y en marzo de 2005 anunciaba el lanzamiento de su compañía de producción de cine, Fade to Black. Además, ese mismo año, Ford volvía al mundo de la moda con su firma homónima, que se hacía hueco en el sector como un amplio catálogo de perfumes y cosmética de calidad suprema. Una vez más, el éxito no tardó en sonreirle y la marca se convirtió rápidamente en la firma de referencia del caballero contémporaneo.

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