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7 estampas clásicas que resumen la riqueza y el poder del verano en los Hamptons

  • Desde hace décadas, es el refugio preferido de las clases acomodadas de EE UU
  • Forman la línea de costa del este de Long Island, a una hora en coche de Nueva York
  • Sus mansiones a pie de playa representan el símbolo del poder y el triunfo
Faro de Montauk, en la punta este de los Hamptons.
Madrid

Tengamos las ideas claras. Los Hamptons son una serie de pequeños pueblos, al este de Nueva York, que se distribuyen a lo largo de la línea de costa Long Island (aunque en realidad es más un estado mental que otra cosa).

Futuras princesas. La niña Jacqueline Kennedy, futura primera dama de los EE UU, monta a caballo junto a su padre, el 'aristocrático' John Bouvier, en un club hípico de los Hamptons.

Si tenemos que poner un nombre al 'estilo Hamptons', está claro que éste se destila de varias maneras gracias a los ilustres apellidos con los que se identifica (ya sea en la moda, la arquitectura, la gastronomía, o simplemente algo tan difícil de describir como es 'el saber estar').

Imperios 'de moda'. El famoso diseñador Ralph Lauren, junto a su esposa e hijos, pasea en un jeep por las playas de East Hampton en 1977.

En el mundo de la moda existe el Hamptons de Ralph Lauren, el de Tommy Hilfiger y hasta el de Calvin Klein, todos ellos inventores del fashion business a finales de los años setenta y principios de los ochenta. Se busca, por tanto, la elegancia más relajada desde el desayuno (huevos benedict y tortitas suele ser la norma) hasta el after party a la luz de la luna, pasando por la tradicional barbacoa del sábado por la mañana (lo último son los perritos y hamburguesas veganas) o el primer cóctel de martini de la tarde.

Dejémonos llevar entonces por el american way of life (que es realmente lo que representa el estilo de vida internacional, con todo lo que esta frase conlleva), mucho menos afectado que los otros grandes bastiones de la 'moda relajada' para unas vacaciones en un entorno lujoso (como lo son la manida Riviera francesa o la lluviosa campiña inglesa).

Clase y estilo. La Edad de Oro de los Hamptons comienza ya en los años veinte. Edith Beale (en la imagen, con apenas 18 años) fue una famosa modelo, socialité del ambiente pijo de Nueva york y todo un símbolo de la escena Hamptons.

Pero seamos sinceros, si algo tienen los norteamericanos es que saben reciclar como nadie. Y es que, aunque la costa este de Estados Unidos ha mostrado a hombres y mujeres europeos las reglas esenciales de cómo vestir de manera sublime y descansada cuando suben las temperaturas, lo cierto es que ellos han sabido robar las mejores ideas de St Tropez o la ribera del Támesis, y filtrarlas luego por una batidora de estilo de excelente y apetitosa factura.

En esta prolongación de la élite de Manhattan, donde las mansiones junto a la playa pasan de generación en generación (con un look donde prima la madera como material esencial, el blanco y el azul como los tonos de rigor y la inspiración marinera como el toque de personalidad), los pocos alquileres que se reservan de año en año-con muy poca posibilidad de alojarse temporalmente en una propiedad, por mucho dinero que se tenga- son una especie de Disneyland para ricos, poderosos y famosos, con inquilinos de renombre internacional, y con varias demarcaciones en la cima del metro cuadrado más caro de los cincuenta estados de la unión

Ricos herederos (los años 20). John Jacob Astor VI, caminando por un club de los Hamptons durante los años veinte del siglo pasado. Heredó una inmensa fortuna de su padre, quien había muerto curiosamente en 1912, en el hundimiento del Titanic.

Los Hamptons no son sólo un reto para el bolsillo, también para la maleta y el guardarropa. Bajo el aparente desasosiego del 'todo vale', el entorno del idílico lugar de vacaciones no permite descuidar ningún aspecto de la apariencia.

Para ellas, dependiendo de la moda de la temporada, siempre hay un must: los vestidos son los reyes del look Hamptons, con joyería (de corte étnico o naturaleza no trazable de día y de piezas de familia para la noche). Eso sí, lo más difícil es conciliar la elegancia para las primeras horas de la mañana con la playa o el brunch (un clásico de la zona).

Suave es la noche (los años noventa). La proliferación de 'gente guapa' por metro cuadrado provocaba que las fiestas veraniegas de la alta sociedad se sucedieran prácticamente cada noche. Aquí vemos a Alec Baldwin (que por entonces salía con Kim Basinger) en una instantánea de 1993, durante un evento celebrado en la localidad costera de Sag Harbor.

No hay que olvidar que esto es el noreste de Estados Unidos y aquí no hay siesta. Las horas fluyen tanto como el estilo. Y la playa que es un caso aparte. Se vive como un evento social en todo el área de Long Island (y no tiene mucho que ver con el estilo que se profesa en el Mediterráneo de Ibiza o Mikonos). Aquí 'más es mejor'. Bañadores vintage, grandes pamelas o sombreros y sandalias o cuñas de un diseñador desconocido.

Donde veranea el poder. Mucho antes de convertirse en presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump (por entonces, un poderoso y rico hombre de negocios) ya acostumbraba a pasar largas temporadas en los Hamptons. Aquí le vemos, en una foto de 1996, jugando al voley (o, al menos, intentándolo) sin demasiado estilo en la popular playa de Amagansett.

El trascurso del día y el estilo masculino parece un estudio de 'las edades del hombre' Desde los primeros rayos priman las prendas y la actitud más juvenil y fresca con camisa o polo,y también camiseta (pero siempre untucked, es decir 'por fuera'), acompañados de bermudas de colores (que nos sean muy cortas). Pero a partir de la caída del sol, el preppy canónico es la norma a seguir: blazer, camisa o polo, chinos y calzado cómodo (si puede ser italiano, ¡mejor!).

Bellos y malditos (los años ochenta). Cualquier estrella de Hollywood que se precie debe poseer una mansión (mejor si es al lado de la orilla) en esta zona exclusiva del país. En esta imagen, de 1989, vemos al actor Christopher Reeve (famoso por dar vida a Supermán en la saga de los años ochenta), en pleno esplendor físico, en un partido de béisbol benéfico entre artistas y famosos.

Sigamos soñando al fresco de la sombrilla y dejémonos llevar por la imaginación. ¡Quién pudiera estar pasando un largo y cálido verano en los Hamptons ahora mismo!

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