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El traje femenino, la tendencia que empodera a la mujer

  • En la década que empieza el traje femenino será protagonista
  • "Muchas mujeres nos sentimos muy cómodas en un traje"
  • "Un traje bien hecho da más confianza y nos empodera, está claro"
Blanca Bleis, de Bleis Madrid. Foto: Nacho Martín.
Madrid

Ralph Lauren ha recuperado su colección femenina de otoño-invierno 2019/2020 con una apuesta decida por el traje femenino, ya sea en smoking, con lentejuela o en tercio pelo. La actriz Nicole Kidman eligió está misma semana un traje para la presentación de su última película, Bombshell. Y la firma Mango, en su colección otoño/invierno 2020 coincidiendo con las marcadas fiestas navideñas, presentó también un nuevo armario para la mujer en la que el elemento principal son los conjuntos de chaqueta y pantalón: "El traje femenino tiene que ver con la esencia de Mango y por eso ocupa un papel relevante en nuestra colección", explica a este medio. Es decir, el traje femenino está de vuelta, de hecho, lleva varias temporadas. Se trata de un elemento que ha formado parte de la historia del vestuario femenino, pero que en estos tiempos sirve de empoderamiento a la figura de la mujer.

Lucía Serrano, de Sastrería Serna. Foto: Ana Morales

Blanca Bleis, fundadora de la sastrería femenina Bleis Madrid, así lo cuenta a Evasión: "Muchas mujeres nos sentimos muy cómodas en un traje y muy empoderadas". Lo cierto, ella fundó su firma en 2017 porque en su etapa como profesional de la banca y el marketing echaba en falta trajes con siluetas diferentes, que fueran más modernos y que huyesen de lo rancio. Lucía Serrano, que se está formando como sastre en Sastrería Serna, en Madrid, cuenta a este medio que observa como las mujeres se han ido alejando del concepto de sastrería femenina, pensado que era un terreno exclusivo del hombre. "La cuestión es que, tradicionalmente, la mujer no considera el sastre como una figura para vestir ellas. Creo que es algo que culturalmente debemos ir cambiando". Lucía, al igual que Blanca, también opina que el traje empodera: "Un traje bien hecho sienta bien y da más confianza, que es muy importante actualmente y que nos empodera, está claro". Ese momento rancio que mencionaba Blanca no es inherente a esta prenda de ropa, porque la historia de la vestimenta femenina ha estado íntimamente ligada al traje, aunque no libre de polémica. 

Historia traje femenino

El traje con falda fue la norma de vestimenta de la mujer durante el siglo XIX y comienzos del XX. De hecho, era lo más utilizado entre las féminas de clase social media y alta y que, además, fueron las que se animaron a quitarse la falda y llevar pantalón. Una costumbre polémica, pero que se fue generalizando durante la Segunda Guerra Mundial, momento en que algunas mujeres empezaron a vestir pantalones o monos para asumir, con mayor comodidad, trabajos más prácticos en fábricas.

La diseñadora Coco Chanel mucho tuvo que ver en ese uso del pantalón femenino en la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, la utilización de esta prenda por parte de la mujer no estuvo bien visto hasta que alcanzó su mayor difusión en los 60. De hecho, fue en 1966, cuando Yves Saint Laurent presentó Le Smoking, un traje pantalón elegante de noche. Un hito de la historia de la moda que mantiene su legado en la actualidad.

La época en que el traje femenino adquirió un matiz más político fue en la década de los setenta y ochenta, tiempo en que las mujeres comenzaron a incorporarse a puestos de trabajo de poder y propios del sexo masculino, como el terreno de las finanzas, la banca o la política. Imágenes concretas de esta tendencia son el particular estilismo de chaleco, corbata y zapato bajo que vestía el personaje interpretado por Diane Keaton en la película Annie Hall (1977). Una estética masculina para la mujer que dejó mayor impronta en los ochenta gracias a la actriz, que mantuvo ese estilo en la vida pública. Y que se extiende hasta comienzos de los noventa. Otra imagen contundente fue el traje de hombre que llevó Julia Roberts a la gala de los Globos de Oro de 1990 para recoger su galardón como Mejor Actriz de Reparto por Magnolias de Acero.

Fue en la década de los 2000 cuando el traje comenzó a adquirir un matiz más clásico y rancio. Quizá el boom de la moda fast-fashion y el acceso más fácil y rápido a las diferentes tendencias y estilos relegó al traje, una prenda de ropa más atemporal, a un segundo plano.

Por fortuna, el traje está de vuelta y en un momento, además, en que el movimiento feminista está más fuerte que nunca y que tiene como objetivo dar a la mujer la cuota de poder que se merece, un 50 por ciento. Un buen traje, aunque a veces a la moda se le de menos importancia, puede ser de gran ayuda para conseguir esos objetivos. Además de empoderar, esta prenda aporta elegancia y no sexualiza.

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