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Arranca la cuenta atrás de 6 semanas para cerrar el acuerdo entre la UE y Mercosur

  • El sector público, el agroalimentario y el automovilístico, los últimos escollos

La Unión Europea (UE) parece haber asimilado la necesidad de reaccionar ante el proteccionismo planteado por Estados Unidos, y la estrategia es clara: más apertura comercial y más acuerdos con regiones importantes para el intercambio de bienes y servicios.

Con esta idea se afronta la negociación que los representantes de la Comisión Europea y del bloque de Mercosur mantendrán esta semana en Bruselas, y donde se pretende cerrar los últimos flecos de un pacto comercial que en el 95% de su contenido ya está encauzado.

Según confirman fuentes oficiales de la negociación, la idea es que las conversaciones no se prolonguen más allá de "cuatro o seis" semanas, justo antes de que se inicie el ciclo electoral en Latinoamérica, habida cuenta de que la votación del mes de octubre en Brasil llevaría el inicio de la campaña a los primeros días de agosto, una fecha para la que se pretende tener cerrado el documento final.

De otro modo, la negociación que arrastra con 20 años de ida y venidas se podría estancar hasta el final del ciclo electoral en la región, el cual se prolongará hasta el mes de diciembre con los comicios presidenciales de Venezuela.

Como explican fuentes comunitarias, la de esta semana durará cinco días y será la primera de las últimas tres, o un máximo de cuatro, rondas de negociación que la estrechez de los plazos permitirá mantener a los grupos de ambos bloques antes de entrar en periodo de turbulencias.

En este punto, son tres los elementos de discrepancia. El primero de ellos es la exportación de carne de vacuno a Europa, donde el bloque de Mercosur busca una mayor cuota y el bloque comunitario ha ofrecido un incremento de toneladas respecto a lo estipulado hasta ahora. Una oferta que no ha terminado de convencer de un lado a los países de Mercosur y del otro a los mayores productores de vacuno en la UE, Francia e Irlanda.

El segundo ámbito de divergencia son las exportaciones de automóviles hacia Latinoamérica, donde Europa pide una mayor cuota de acceso al mercado de esta región. Y por último se encuentra el nivel de apertura de servicios públicos por parte de los países de Mercosur, un factor crucial que facilitaría la participación de las grandes empresas europeas en licitaciones públicas de construcción, telecomunicaciones o prestación de servicios básicos.

Como se defiende desde Bruselas, se trata de un factor muy importante ya que las empresas europeas tendrán una ventaja competitiva con otras, como por ejemplo las de Estados Unidos, ya que no tendrán aranceles. Cabe recordar para la UE sería el acuerdo más grande nunca negociado, que por parte de Mercosur sería el primero, ya que no tienen socios preferentes.

No en vano, estas divergencias parecen salvables al calor de un acuerdo que ya está cerrado en la mayoría de su contenido, y que según explican desde la Comisión Europea pretenden solventarse con un "equilibrio" entre los intereses de ambas partes, que no dañe el resto del acuerdo.

Más allá, en el contexto global de tensión comercial internacional la culminación del acuerdo supondría un mensaje parta el resto del mundo de que estos bloques creen en un comercio libre con reglas, toda vez que Estados Unidos plantea la imposición de gravámenes a las exportaciones mundiales de acero y aluminio, donde se incluye a la UE, y además se encuentra en plena contienda arancelaria con China a cuenta del déficit comercial que mantiene con el gigante asiático.

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