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La crisis del agua, el mayor riesgo para el mundo

Los expertos consultados por el Foro de Davos consideran que la crisis del agua es la mayor amenaza que afronta la humanidad en los próximos años

Leer el último informe sobre riesgos globales del Foro Económico Mundial es como adentrarse en un túnel del terror: virus fácilmente modificados en los laboratorios para matar únicamente a ciertos individuos, según sus genes; ciudades demasiado smart que colapsan sin telecomunicaciones; bancos centrales incapaces de conseguir estabilidad en unos mercados azotados por burbujas especulativas; creciente desigualdad social; desempleo estructural; conflictos armados localizados, pero con impacto global; terrorismo; hambrunas; máquinas pensantes en cuestión de décadas? Las amenazas que se ciernen sobre el mundo son muchas y de muy variado pelaje, pero la mayor de todas es la crisis del agua.

Así lo entienden los 900 expertos que todos los años analizan los riesgos económicos, ambientales, geopolíticos, sociales y tecnológicos que afronta la humanidad. Para ellos, la crisis del agua es el principal peligro por su impacto global. Y junto a ella, entre las cinco mayores amenazas, hay otra con la que está íntimamente relacionada: la falta de adaptación de las economías al cambio climático.

La conexión entre el agua, los alimentos, la energía y el cambio climático, es una de las mayores preocupaciones, porque está en la base de otros fenómenos fuertemente desestabilizadores, como las migraciones masivas. El informe Global Risk 2015 recuerda que hoy en día los desastres relacionados con el agua -sequías e inundaciones- ya tienen capacidad de afectar al precio global de los alimentos y resalta que el número de refugiados por catástrofes naturales o conflictos armados es en la actualidad el más alto desde la II Guerra Mundial. Entre 2000 y 2006, los desastres naturales vinculados al agua han matado a cerca de 300.000 personas y han costado más de 422.000 millones de dólares.

En 15 años el déficit hídrico será del 40 por ciento

Y si el escenario ahora es complicado, dentro de muy poco tiempo será notablemente peor: en sólo 15 años, las necesidades de agua dulce de la población superarán la capacidad de recuperación natural en un 40 por ciento en numerosas zonas, especialmente en los alrededores de las megalópolis donde se concentra la población.

A ello hay que añadir que el calentamiento global afectará a los regímenes de lluvias, provocando más sequías y más inundaciones, que reducirán la productividad de las cosechas hasta en una cuarta parte.

Además, estas malas expectativas pueden empeorar si suceden más catástrofes ambientales provocadas por el ser humano, algo en lo que el informe llama la atención, poniendo como ejemplo el hundimiento de la plataforma Deepwater Horizon, en el Golfo de México, o la penosa situación de la central nuclear de Fukushima, en Japón, después del devastador tsunami de 2011.

Otro elemento destacado por los expertos es la poca importancia que se otorga a la pérdida de los ecosistemas y de la biodiversidad, algo tradicionalmente minusvalorado por la economía clásica. Pues bien, de acuerdo con ellos, el 75 por ciento de la población más pobre -unos 870 millones de personas- dependen directamente de los entornos naturales para sobrevivir, tanto por el turismo pudiente que atraen como por las materias primas que les aportan para producir bienes; sólo la destrucción de los arrecifes de coral impacta directamente sobre la base económica de unos 350 millones de personas.

Error de valoración: las cosas no vuelven a ser como eran

Uno de las conclusiones más interesantes a las que llegan los expertos se refiere al modo en que se afrontan los riesgos climáticos, incluidos los asociados con el agua: a pesar de que las amenazas asociadas al calentamiento global son bien conocidas, el modo en que se ha venido actuando para prevenirlas no es el adecuado, porque se parte de un postulado erróneo.

El enfoque tradicional de la gestión del riesgo considera que una situación anómala vuelve a la normalidad una vez que ha concluido la crisis, pero resulta que los riesgos climáticos no siguen ese esquema, esto es, el entorno natural ya no recupera su estado previo. Como consecuencia de este error de partida, no se llega a comprender bien las causas de los desastres ambientales y no se ponderan adecuadamente sus efectos, tanto sociales, como políticos o humanitarios.

Las cosas, no obstante, están cambiando, y el Global Risks 2015 pone el acento en la reclamación hecha por más de 1.000 empresas e inversores a favor de establecer un mercado global de carbono, algo que también respaldan más de 70 países responsables del 52 por ciento del PIB global y del 54 por ciento de las emisiones de efecto invernadero.

Solución a la crisis del agua: mejor gestión de los recursos

Buena parte de la solución de la crisis del agua depende de una mejor gestión de los recursos hídricos. Las nuevas tecnologías permiten un mayor conocimiento de los ciclos naturales y una mejor la adaptación de las regiones vulnerables. La resiliencia, por lo tanto, es clave.

El informe recoge dos ejemplos de buenas prácticas de adaptación al cambio climático relacionadas con el agua. La primera es la transformación del modelo de gestión de los ríos Murray y Darling, en Australia, que se hizo siguiendo el patrón inventado por España en el siglo XIX: la planificación de cuenca, pero ahora aplicando modernas tecnologías para conocer en tiempo real la disponibilidad de recursos. La segunda es la gestión del riesgo de inundación aplicada por la UE, que ahora se implementa en España.

Los principales riesgos en términos de impacto

Los expertos de Davos identifican todos los años los riesgos más importanes que acechan al devenir global. Los cinco más destacados este año son:

Crisis del agua: significativa reducción de la cantidad y la calidad del agua dulce, que perjudicará la salud humana y la actividad económica. En 2025, dos tercios de la población mundial sufrirá estrés hídrico.

Rápida y masiva expansión de enfermedades infecciosas: el impacto de la crisis del virus Ébola está detrás del auge de este riesgo, minusvalorado hasta ahora.

Armas de destrucción masiva: la facilidad de crearlas -basta un laboratorio químico decente, pero pequeño- y la posibilidad de que lo hagan entidades terroristas, aúpan esta amenaza hasta el número tres.

Conflictos entre estados con consecuencias regionales: la situación en Oriente Próximo, con el Estado Islámico ocupando un territorio extenso en Irak y Siria, así como en otros lugares, como Ucrania, amenazan con desbordarse y afectar ámbitos globales. Muy relacionado con el anterior riesgo.

Fallo en la adaptación al cambio climático: estados y empresas yerran a la hora de adoptar medidas eficaces para proteger a la población y a los negocios de los múltiples impactos del calentamiento global.

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