Sanidad

Conclusiones del seminario Dr. Schär "Trastornos asociados al gluten"

Dra. Gema Castillejo.

El interés creciente que suscitan los trastornos relacionados con el gluten y la dieta sin gluten, haría suponer que los pacientes afectados por estos trastornos han aumentado mucho. Realmente, a nivel médico, no lo sabemos con certeza, ya que existen pocos estudios que indiquen con fiabilidad cuál es la prevalencia real, lo que nos ayudaría a separar el polvo de la paja, en este caso, las personas que siguen una dieta sin gluten por motivos médicos, de las que lo hacen por otras causas (erróneas en todos los casos) como el deseo de adelgazar, rendir más a nivel deportivo, o tener mayor bienestar.

Respecto a las dietas, sabemos que existen modas. Actualmente está extendiéndose en los países anglosajones la dieta fodmap (indicada para algunos trastornos funcionales digestivos, cuadros muy frecuentes, de curso benigno, pero muy molestos, que llevan a las personas que los padecen a buscar remedio fuera de la medicina tradicional, ya que ésta a menudo adolece de soluciones satisfactorias para ellos).

Con la dieta sin gluten pasó algo parecido. A la forma ?tradicional? de ser intolerante al gluten (enfermedad celíaca (EC) que afecta aproximadamente al 1% de la población) se le sumó la sensibilidad al gluten no celíaca (SGNC o sensibilidad al trigo no celíaca), cuadro que parecía ser muy frecuente pero que a día de hoy sabemos que, a pesar de ser más frecuente que la EC (se estima que por cada paciente con EC habría 1,5-2 afectados de SGNC), no lo es tanto como las primeras estimaciones hicieron pensar (se habló de un 6-7% de la población general).

A esta dieta se sumaron personas famosas, como actrices o deportistas de élite, que mal aconsejadas por algunos profesionales no médicos y sin realizar ningún estudio previo, iniciaban la dieta con la promesa de mejoría en el rendimiento, la belleza o en su bienestar, motivos que no han sido demostrados con ningún estudio y en los que la subjetividad juega un papel importante.

El motivo de tanta confusión puede deberse a que a pesar de que sabemos que el gluten del trigo y otros cereales como la cebada y el centeno es el causante de la EC, y otras proteínas del trigo son las responsables de la alergia al mismo, no tenemos tan claro si es el gluten u otro componente de los cereales el responsable de producir la sintomatología en la sensibilidad al gluten no celíaca o en los trastornos funcionales que responden a la dieta fodmap (en la que se excluyen cereales como el trigo o el centeno). Tendremos que esperar a estudios futuros para conocer con certeza qué componente o qué manipulación realizada sobre estos cereales es la responsable de que cada vez haya más personas que afirman tener problemas al consumir estos alimentos.

La característica principal del gluten es la aportar viscoelasticidad, ya que hace que las masas aumenten su volumen y sean elásticas. A nivel nutricional no aporta demasiado porque el intestino humano no es capaz de degradar esta proteína y absorber los aminoácidos que ésta contiene.

La enfermedad celíaca tiene un origen autoinmune, esto significa que el sistema de defensa del paciente, encargado de proteger al organismo de elementos extraños como las bacterias o los virus, identifica el gluten, que hasta el momento había sido tolerado sin problemas, como algo extraño contra lo que hay que reaccionar, iniciando una cascada inflamatoria que provoca la lesión de las células del propio intestino delgado, causando la atrofia del mismo. Tras perder la tolerancia, ésta no se recupera nunca más, por lo que la única manera de parar esta reacción y permitir que el intestino se regenere, es eliminar el gluten de la dieta de forma permanente.

La EC puede afectar a otros órganos, además del aparato digestivo y los síntomas que presentan los pacientes son muy variados; diarrea, dolor o hinchazón abdominal, flatulencia, anemia, dolor articular, cansancio, talla baja u osteoporosis, entre otros.

La sensibilidad al gluten no celíaca es más controvertida porque todavía no sabemos cuál es el componente responsable ni los mecanismos (inmunes o no) responsables de la sintomatología, que además es similar a la de la EC, principalmente dolor e hinchazón abdominal, diarrea, sensación de plenitud, aerofagia o náusea. Se suelen añadir una o más molestias extradigestivas como: malestar general, cansancio, dolor o entumecimiento muscular o ansiedad, entre otras. En ausencia de biomarcadores específicos, el diagnóstico de la sensibilidad al gluten no celíaca se realiza por exclusión. Para ayudar a este respecto, hace un año se publicó un protocolo de actuación para diagnosticar esta entidad obviando al máximo la subjetividad de los pacientes y la posible interferencia con otras intolerancias alimentarias (como la fodmap) y también se ha publicado el estudio GLUTOX que, utilizando esta estricta metodología, ha demostrado que uno de cada cinco pacientes con síntomas gastrointestinales funcionales, que no son atribuibles a enfermedades orgánicas, pueden tener sensibilidad al gluten no celíaca.

En cualquier caso, no se debe retirar nunca el gluten de la dieta sin haber realizado los estudios necesarios para poder descartar la EC que requiere un tratamiento estricto de por vida, con la posible aparición de complicaciones a largo plazo si no se realiza la dieta correctamente. Actualmente se desconoce si la exigencia en la sensibilidad al gluten no celíaca ha de ser igual en duración y la vigilancia de contaminaciones en la dieta que en la EC, por lo que de momento, se recomienda seguirla del mismo modo.

Dra. Gema Castillejo, gastroenteróloga pediátrica en el Hospital San Joan de Reus (Tarragona).

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