Retail

El drama de la inflación se ceba con la hostelería

Estamos ante un sector espectacular. La hostelería es sin duda el motor de muchas almas en nuestro país. No hay quien no se reúna en torno a una caña, o a una buena mesa con amigos o familiares para celebrar, o simplemente para charlar del día a día.

Somos el sector de la cotidianidad, que aporta un toque de felicidad encapsulado en nuestros sabores, ambientes. y reflexiones casi terapéuticas de barra de bar. Sin embargo, la restauración lo está pasando mal: muy mal. El Covid ha sido un varapalo brutal que ha dejado en la cuneta a cientos de negocios del sector estos dos años atrás, pero sinceramente creo, que lo que nos trae 2022 es aún peor.

Durante la pandemia (que todavía continúa, no se nos olvide) la mayoría de las empresas de hostelería lograron adaptarse a la situación, activaron protocolos, adecuaron fórmulas de trabajo, y finalmente se logró una cierta normalidad con la que se pudo "tirar para delante". Dijimos adiós a gran parte del turismo internacional que no podía desplazarse, pero nuestro público local se volcó en consumir dentro de nuestro país. Una decisión ésta, que nunca podremos dejar de agradecer a nuestros clientes.

Los costes laborales no paran de crecer con la técnica del "yo invito y tú pagas" de quienes nos gobiernan

El 2022 está siendo, como dice el chiste, el que está "pidiendo que le sujete la copa" a 2021 y 2020. Cabe recordar que la restauración es un sector en el que los márgenes reales finales no suelen superar el 8% o el 10% en los mejores casos. Pues bien, la subida del IPC del 6,5% ha hecho que los alquileres de los establecimientos suban como la espuma de una cerveza bien tirada. Y no hay noticias esperanzadoras de momento, ya que parece que este indicador sigue al alza. Los ingredientes con los que se elaboran las delicias que servimos a nuestros clientes han subido una media del 20%. Los costes laborales no paran de crecer con la técnica del "yo invito y tú pagas" de quienes nos gobiernan. ¿No sería más justo, en un momento de recaudación casi récord por parte del Estado, que se ayudara a los trabajadores a tener mayor nómina, bajándoles la retención? Ellos cobrarían más, y a la empresa no le supondría un mayor esfuerzo, que es un suma y sigue a la situación actual.

Las ayudas deberían ir encaminadas inicialmente a paliar la situación actual, y después a fomentar el nuevo arranque de una economía por supuesto más sostenible

Luego están las ayudas europeas, tan necesarias y urgentes, pero que no llegan: que no permeabilizan realmente en el sector. Es de agradecer que existan ayudas para mejorar la eficiencia energética, tan necesaria precisamente en estos tiempos de dependencia exterior, pero se nos está olvidando quizá ir en orden. Si ves a un niño desnutrido ahogándose en un río, no se le puede decir que salga él solo del río, y que luego le vas a dar bien de comer. Habrá que ir en orden y primero lanzarle un salvavidas, llevar a cabo un rescate, y ya en tierra, darle de comer convenientemente. Con ello quiero decir que las ayudas deberían ir encaminadas inicialmente a paliar la situación económica actual, y después a fomentar el nuevo arranque de una economía por supuesto más sostenible. De lo contrario, muchos se ahogarán en el río.

En definitiva, la situación es asfixiante para el sector, al que sólo le queda reinventarse de nuevo, ajustando márgenes, principalmente subiendo precios, ya que los costes están al alza de manera imparable. Con estas certezas, casi sólo nos queda una duda que a su vez es una esperanza: todo esto, ¿hasta cuándo? De lo mucho o poco que tardemos en salir de esta crisis, dependerá el futuro de todos.

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