Política

¿Machismo, recelo hacia su gestión o simple envidia?: La dura marcha de la mujer en el Ejército

La ministra, durante una visita a las tropas españolas en Afganistán.

La discriminación, que impide conciliar la vida familiar con la militar, convive con el recelo de los altos mandos ante la eficacia gestora de las profesionales en la vida en los cuarteles. Este sábado, la ministra presidía el Día de las Fuerzas Armadas en Hoyo de Manzanares.

Veinte años después de su incorporación a las Fuerzas Armadas y a la Guardia Civil, la mujer sigue sin tener los mismos derechos que sus compañeros de milicia. Una discriminación soterrada impide conciliar la vida militar con la familiar, limita oportunidades y frustra carreras. El machismo, el recelo hacia la eficacia de la mujer como gestora o simplemente la envidia profesional están a la orden del día en los cu- arteles, por más que el discurso oficial y la propaganda traten de ocultarlo. "Se ha hecho mucho, pero aún queda más". Con esta lacónica frase una suboficial del Ejército de Tierra resume la situación.

Un observatorio privilegiado como la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME), con fuerte implantación entre los suboficiales, se expresa con dureza al respecto: las mujeres tienen "formalmente" las mismas oportunidades que los hombres, pero los casos concretos del día a día muestran lo contrario. Quedarse embarazada supone una penalización y amenazas veladas, según revelan en privado las protagonistas, que truncan la permanencia en determinados destinos a los que es difícil volver. De ahí, que se retrase la maternidad durante el mayor tiempo posible.

Bien es verdad, en descargo de la Institución, que hay problemas de compleja solución por las propias exigencias del trabajo militar. Una soldado, por ejemplo, que duerma en el cuartel, cuando es madre tiene que abandonarlo y alquilar un piso al no poder pasar la noche con su hijo dentro del acuartelamiento. En las bases del Ejército norteamericano este tipo de problemas están parcialmente resueltos para que las parejas que han formalizado su relación puedan optar a una vivienda en el propio recinto.

Elementos clave

Cuanto más operativas son las unidades elegidas por las mujeres, es el caso de la Legión, más difícil resulta conciliar la vida personal y profesional. Maniobras, viajes y misiones internacionales la dificultan. Mandos militares explican que hay dos elementos clave para abordar el problema. Primero, el respeto hacia la mujer, tratándolas exactamente igual que a los hombres. Y en segundo lugar, la flexibilidad ante las situaciones. Se logran altos niveles de conciliación de la vida familiar en puestos de despacho donde cada uno sabe el trabajo que tiene que sacar adelante y se administran los tiempos. "En los puestos administrativos, logísticos y en el manejo de sistemas que requieren precisión y atención concentrada, las mujeres rinden más que los hombres", subraya un coronel en activo.

También se recela de la eficacia de la mujer como gestora, quizá por su sentido práctico y por la experiencia en la administración de la economía doméstica. No es éste un tema para el chascarrillo fácil y los lugares comunes.

Presupuesto mal optimizado

Desde la Presidencia del Gobierno hasta el Ministerio de Defensa se ha abierto paso en el último año una percepción que inquieta al Ejecutivo socialista y de la que el Partido Popular también es consciente. Se gasta mucho dinero en cosas inservibles, se duplica el gasto, no se prioriza bien. En suma, el presupuesto de Defensa no está optimizado. Ya no es cuestión de que cada año se acompase con el IPC o unos puntos más. Hay que darle la vuelta de arriba a abajo. Carme Chacón, la primera mujer que ocupa el Departamento de Defensa, está convencida de que no se gasta bien. Este año, con motivo de la crisis económica, ha dado el primer aviso a generales y almirantes.

Muy pocos mandos femeninos

Sería injusto generalizar el problema de la discriminación al conjunto de las Fuerzas Armadas. Si la desigualdad de sexos es más acentuada entre la tropa al ser el colectivo de mujeres más numeroso (18 por ciento) y bastante menos entre los suboficiales al representar sólo 1,1 por ciento. En los oficiales el problema estás más escondido y aflora menos a la superficie, ya que apenas el 5,5 por ciento son mujeres.

¿La explicación? La oficialidad masculina no siente peligrar su poder dentro de la Institución y se ha convencido de que la presencia femenina entre los cuadros de mando medios y altos es una seña de identidad de los ejércitos modernos. La paridad que en política forma parte de la normalidad, no se contempla, hoy por hoy, en lo más alto del escalafón del Ejército español.

Prueba del pobre resultado de dos décadas de presencia de la mujer en las Fuerzas Armadas, en cuanto a la oficialidad se refiere, es que éste es el primer año que se ha convocado a una mujer para realizar el Curso de Estado Mayor. Una sola presencia femenina (Comandante del Ejército de Tierra) entre más de un centenar de hombres. La importancia de este curso viene determinada porque el Diploma de Estado Mayor ha sido uno de los requisitos para hacer carrera y facilitaba, en gran medida, llegar al generalato.

El Ministerio de Defensa prevé que la primera mujer se ciña el fajín rojo de general en 2015, frente al centenar de generales y almirantes varones que integrarán los plantillas en esa fecha. Pero eso no es todo. De las casi 1.100 mujeres oficiales, 619 pertenecen a los llamados Cuerpos Comunes (Jurídico, Intervención, Sanidad y Músicas Militares), personal que se incorpora al Ejército al terminar sus carreras civiles. Los oficiales procedentes de las Academias de las cuatro Armas (Infantería, Caballería, Artillería e Ingenieros) han mostrado tradicionalmente desapego hacia los Cuerpos Comunes, lo que se ha traducido en dotar a la plantilla con un solo general al frente de cada uno de ellos.

Por tanto, apenas 300 mujeres oficiales disputan en estos momentos una carrera de fondo para llegar a la cúpula de las Fuerzas Armadas y de la Guardia Civil frente a 20.000 oficiales varones con los que compiten. ¿Por qué transcienden menos las dificultades de la oficialidad femenina para conciliar la vida personal y profesional? En primer lugar, y con independencia de que representan un porcentaje bastante menor que la tropa, disfrutan de mayor poder adquisitivo frente a las dificultades económicas de las soldados y marineros. Y en segundo lugar, a juicio de militares destinados en Cuarteles Generales, aguantan más las situaciones de mobbing y faenas laborales que puedan producirse porque sienten la vocación militar, han invertido mucho tiempo y esfuerzo y no están dispuestas a tirarlo por la borda. En cambio, el personal femenino de tropa recurre al Ejército en su mayoría a falta de otro trabajo y pierden menos si para estabilizar su vida familiar deben abandonarlo.

Opinión pública

¿Qué opina la sociedad española, que paga con sus impuestos los gastos de Defensa, sobre esta cuestión? Las encuestas y barómetros muestran un apoyo sin reservas tanto a la plena igualdad, como a la presencia de la mujer en las Fuerzas Armadas. Sin embargo, los estudios demoscópicos no parecen interesados en conocer la opinión de los ciudadanos respecto a cuál sería el porcentaje óptimo de mujeres que deberían formar parte del Ejército del siglo XXI en la tropa y el mando. Quienes defienden que se ha llegado al punto de equilibrio se apoyan en que España, con el 12,3 por ciento, está situada entre las tres primeras naciones de la OTAN en número de mujeres. Estudiosos civiles y militares discrepan y creen necesario incrementar este porcentaje, sobre todo, entre los cuadros de mando. Argumentan que con un mayor número de mujeres en los órganos de decisión, las Fuerzas Armadas estarían mejor gestionadas y el gasto más optimizado. El debate está servido y la ministra dispuesta a no dejar pasar la ocasión.

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