Opinión

En busca de la superinteligencia

  • El 80% de los trabajos actuales serán robotizados y automazitados por la IA

En el horizonte de la innovación tecnológica, la inteligencia artificial (IA) se erige como la protagonista indiscutible de una nueva era. Su influencia se extiende por todos los sectores, desde la automoción hasta la medicina. Sin embargo, en este avance hacia una sociedad cada vez más automatizada, nos encontramos frente a una encrucijada que demanda reflexión y acción: ¿hasta dónde estamos dispuestos a ceder terreno a la superinteligencia?

La creciente penetración de la IA en nuestras vidas trae consigo riesgos y desafíos significativos. Uno de los más prominentes es el riesgo de deshumanización, donde la omnipresencia de algoritmos y sistemas automatizados podría erosionar nuestra conexión emocional y social. Además, existe la amenaza de que las decisiones impulsadas por la IA estén sesgadas por factores como la geografía, el sexo, la raza o la religión, lo que podría exacerbar las desigualdades y generar resultados injustos o incluso peligrosos.

A pesar de estos desafíos, es innegable que la tecnología de IA ha democratizado el acceso a la innovación como nunca antes. Plataformas como ChatGPT están permitiendo a millones de usuarios aprovechar sus capacidades, tanto a nivel empresarial como personal, en un tiempo récord. Sin embargo, la brecha entre aquellos que pueden generar tecnología y aquellos que simplemente la consumen sigue siendo considerable; con una concentración significativa de innovación en países como Estados Unidos y China.

En esta carrera hacia la superinteligencia es crucial reconocer que el camino hacia una IA verdaderamente consciente y ética es complejo y está lleno de desafíos. Sin embargo, con la colaboración internacional y un enfoque centrado en el bien común, podemos allanar el camino hacia un futuro donde la IA mejore nuestras vidas de manera significativa. En este sentido, el papel del Órgano Consultivo de Alto Nivel sobre IA de las Naciones Unidas es fundamental. Este organismo debe desempeñar un papel central en la definición de estándares éticos y en la supervisión de la implementación de la IA a nivel global. Solo a través de un enfoque colaborativo y orientado al consenso podremos mitigar los riesgos y maximizar los beneficios de esta tecnología.

Con todo ello, IA ofrece oportunidades transformadoras, especialmente en los países menos desarrollados. La creación de nuevos ecosistemas de economía de datos puede generar nuevos mercados y oportunidades de empleo en industrias emergentes. Sin embargo, para garantizar que la revolución de la IA beneficie a todos, es imperativo establecer un marco de supervisión global que regule el uso ético y equitativo de los algoritmos.

Aproximadamente el 80% de los trabajos actuales son susceptibles de ser automatizados y robotizados a diez años vista. Eso dará lugar a nuevas profesiones que hoy no existen, y que tengan que ver con la programación, mantenimiento y relación con los mismos. Mucho se habla del ocaso de los mandos intermedios, pero no es algo nuevo, precisamente porque la gestión y la administración de los procesos se ha delegado en herramientas tipo ERP o CRM o SCADAS (herramientas informáticas de gestión empresarial) que son los que verdaderamente monitorean las actividades. La IA definitivamente acaba con ellos porque democratiza la toma de decisiones y la hace alcanzable a todos los puestos.

Por tanto, vamos encaminados a reducir nuestras horas de trabajo, flexibilizar horarios, trabajar por retos y con contratos de trabajo mucho más flexibles. Las legislaciones laborales tendrán que ajustarse rápido a la realidad para que no supongan una traba. Trabajar por retos hará que organicemos mejor nuestro tiempo, nuestra vida, y que dispongamos de más tiempo para el ocio. Por tanto, ocio, turismo, cultura, entretenimiento y alimentación serán sectores de gran crecimiento. Habrá estados y gobiernos que elevarán los impuestos para disponer de rentas mínimas para una gran parte de la población, lo cual significará la eliminación de la pobreza o, al menos, limitar el umbral mínimo alcanzable.

Permite también a ser más competitivos a las empresas y el mundo de los negocios, facilitando la mejor elección de productos, los mercados, los clientes… Es decir, a casar mejor oferta y demanda al mejor precio. Desaparecen los procesos lentos y los ineficientes, de manera que el consumidor tendrá el mejor producto al mejor precio.

Además, es importante recordar que la IA no es un fin en sí misma, sino un medio para mejorar nuestras vidas y construir un futuro más próspero y equitativo. Al aprovechar sus capacidades para tomar decisiones más informadas, promover la innovación y abordar los desafíos globales, podemos facilitar el camino hacia una sociedad justa y sostenible. De modo que el planeta también se beneficiará al poder disponer de indicadores más precisos de impacto y de seguimiento real de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. La IA ayudará a salvar el planeta, no lo duden. Pero para ello aún debemos definir unas reglas claras y un campo de juego donde no se salga el balón.

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