Opinión

La inteligencia artificial, factor decisivo para la conducción autónoma del vehículo eléctrico

Hoy en día, un número cada vez mayor de nuevos participantes está empezando a remodelar la industria del automóvil debido al auge en las ventas del vehículo eléctrico -creciendo de 3 millones en 2020 a más de 6 millones en 2021-, el camino hacia la sostenibilidad, la digitalización empresarial y la dependencia tecnológica; todo ello unido al aumento de expectativas por parte del cliente, que exige que el vehículo esté más hiperconectado dentro del ecosistema digital.

Ante la avalancha de reclamos que prometen lo último y lo mejor en materia de vehículos conectados, los fabricantes de automóviles se ven condicionados a sacar al mercado a toda velocidad nuevos e innovadores productos y servicios. Asimismo, existe una presión añadida por todas las partes interesadas para que sus actividades y productos sean más sostenibles mientras trabajan para reducir la huella de carbono de la industria.

Como consecuencia, los objetivos empresariales están cambiando, ya que, tras haber pasado a un segundo plano durante la pandemia, la sostenibilidad ha vuelto a encabezar la lista de prioridades estratégicas. La escasez de recursos naturales se está convirtiendo en un factor determinante para el éxito económico; de ahí que los fabricantes de automóviles ya estén adoptando una perspectiva holística en la cadena de valor.

Independientemente del negocio y retos ante nuevas oportunidades de las organizaciones, todas tienen una característica común: dependen de la tecnología para abordarlos como parte integrante de la ecuación del cambio. La tecnología y las operaciones empresariales se han mezclado tanto que cada vez están más intrincadas, y, como consecuencia de ello, la IA debe verse como un colaborador potencial.

Añadir la IA a las operaciones empresariales resulta una pieza clave para acelerar la toma de decisiones y crear una relación simbiótica y armónica entre los usuarios y los dispositivos. Por ejemplo, para que los vehículos tomen decisiones por sí mismos y, en última instancia, se conduzcan de forma autónoma, necesitan algoritmos de IA. En la gran cantidad de datos generados por los sensores y otras herramientas, los algoritmos eficaces son la única forma de obtener la información y los conocimientos necesarios en el tiempo disponible. Aprovechar al máximo los datos entrantes es una de las áreas en las que la IA será fundamental para la conducción autónoma.

La IA genera que las operaciones TI –disciplina que busca integrar eficientemente tres factores: personas, procesos y tecnología, con el propósito de que estos estén alineados con los objetivos de negocio de la compañía– sean fluidas, proactivas y resistentes, mejorando la eficiencia y la fiabilidad mientras el automóvil aprende en su camino hacia la autonomía total y sin manos.

Sin embargo, aún queda un largo camino por recorrer hasta que los vehículos eléctricos predominen en el mercado. Aunque la industria ha puesto foco en el dominio de los VE, los fabricantes de automóviles deben reconocer que esto puede no ser factible ni apropiado para todas las regiones. En los últimos tiempos, varios procesos clave de esta industria se han puesto en el punto de mira: desde la disponibilidad de materiales para las baterías, las capacidades de sostenibilidad de toda la cadena de suministro y la necesidad de más estaciones de carga, hasta las capacidades de reciclaje.

Hasta que lleguemos a la nueva era en la que los viajes sean personalizados, automatizados y sin interrupciones, es muy posible que las empresas tengan que seguir desarrollando los vehículos convencionales para que sean lo más sostenibles posible, buscando combustibles complementarios y soluciones innovadoras para facilitar esta transición.

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