Opinion legal

El 'e-commerce' como actividad contaminante

Foto: Archivo

La defensa de la naturaleza es, para las empresas, una obligación que trasciende a la norma escrita. La responsabilidad social empresarial exige que la vinculación entre el desarrollo sostenible y la tecnología requiera por parte de las empresas un compromiso público de su voluntad de cumplir con las exigencias que exigen y determinan el más estricto respecto por el medio ambiente. Para Daly, el desarrollo -que no crecimiento- sostenible supone una gestión de recursos renovables sometida a dos principios: las tasas de recolección deben ser iguales a las tasas de regeneración -producción sostenible- y las tasas de emisión de residuos deben ser iguales a las capacidades naturales de asimilación de los ecosistemas donde se emiten los residuos. Los recursos no renovables se deben gestionar de manera que su tasa de vaciado se limite a la tasa de creación de sustitutos renovables. Otros factores, como la tecnología o la escala de la economía, también tienen que armonizarse con el desarrollo sostenible.

Y tal como pone de manifiesto la OEI, cada día existe un mayor consenso acerca de la necesidad y posibilidad de dirigir los esfuerzos de la investigación e innovación hacia el logro de tecnologías favorecedoras de un desarrollo sostenible, incluyendo desde la búsqueda de nuevas fuentes de energía al incremento de la eficacia en la obtención de alimentos, pasando por la prevención de enfermedades y catástrofes, el logro de una maternidad y paternidad responsables y voluntarias o la disminución y tratamiento de residuos, el diseño de un transporte de impacto reducido, etc. Ello exige superar la búsqueda de beneficios particulares a corto plazo que ha caracterizado, a menudo, el desarrollo tecno-científico, así como la idea simplista de que las soluciones a los problemas con que se enfrenta hoy la humanidad dependen, sobre todo, de tecnologías más avanzadas, olvidando que las opciones, los dilemas, a menudo son fundamentalmente éticos.

Si el desarrollo tecnológico abarca estas y otras cuestiones, en esta breve reflexión se trata de poner de manifiesto una importante contradicción de nuestro tiempo, y que consiste en que el mundo virtual, y concretamente una de sus más evidentes e importantes manifestaciones como es el comercio electrónico, están liberadas de cualquier clase de compromiso con el medio ambiente. Es cierto que el e-commerce vive un momento de explendor. Sus cifras de ventas, cada vez más importantes, reflejan que el comercio electrónico en todas sus formas y manifestaciones se consolida como un canal de venta en constante crecimiento, y al que se le augura un futuro muy prometedor. En este sentido, constituye un hecho plenamente constatable que la mayoría de los ciudadanos no son suficientemente conscientes de su impacto y de las consecuencias que producen en el medio ambiente. Y por ello, tal como se hace eco el diario El País, cuando se consideran las implicaciones medioambientales y ecológicas de cualquier actividad que implique un consumo activo de energía en el transporte -viajar, comprar por catálogo, transportar productos- casi siempre se dice que el comercio electrónico tiene algunas ventajas respecto al tradicional. Principalmente, al no requerir que nos desplacemos personalmente a la tienda o el centro comercial, se evita tener que mover el coche, el consumo de combustibles y la consecuente emisión de gases contaminantes. Algo en lo que las empresas de transporte son mucho más eficientes, y tal como se afirma en dicho Diario, este no es el único aspecto que se debe tener en cuenta a la hora de mantener una huella ecológica del tipo "neutral en carbono" que compense de alguna manera las emisiones derivadas de todo el proceso, que es como suele calcularse su impacto. Hay quien propone que en esta huella se consideren tanto los envases como los materiales de los paquetes y el tamaño del pedido, así como la posibilidad de agrupar compras y la frecuencia con que se realizan en la práctica. De manera consecuente con ello, muchas tiendas de comercio electrónico anuncian la forma en que compensan su huella de carbono global, por ejemplo, invirtiendo en proyectos de reforestación o energías renovables.

Con esta realidad nos encontramos día a día, y la imagen que el ciudadano tiene es que comprando a través de Internet favorece de una manera determinante la protección del medio ambiente, el cese de la contaminación, y el desarrollo sostenible al no tener que desplazarse desde su domicilio o lugar de trabajo al punto de compra para llevar a cabo las transacciones pertinentes al efecto. Sin embargo, como se ha afirmado, esta situación no se corresponde exactamente con la realidad, toda vez que se desconoce todo el proceso por el cual se producen tales transacciones, y las a veces graves consecuencias que dimanan de las mismas. Elementos como la fabricación de los productos, la realización de los servicios, el transporte de aquellos, siguen siendo tributarios de manera singular del e-commerce, con el consiguiente impacto que todos ellos tienen sobre el medio ambiente. Por ello, todos debemos ser conscientes de que pese a tratarse de transacciones aparentemente virtuales, las empresas dedicadas a este ámbito de actividad no sólo deben procurar un desarrollo sostenible, sino que deben compensar su actividad con actuaciones positivas en defensa de la naturaleza. El consumidor debe concienciarse de esta necesidad, y exigir a estas empresas información transparente, así como actuaciones claras en esta dirección.

Por Javier Puyol. Magistrado y letrado del Tribunal Constitucional en excedencia. Socio de Ecixgroup.

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