Opinion legal

¿Es el mercado único digital la solución para empresas europeas?

Foto: Archivo

Hace unos días, en un diario de difusión nacional, se señalaba que Europa se está quedando atrás y que necesita que las reglas del juego sean lo más claras y abiertas posibles para que emprendedores y empresarios puedan crear empleo, innovar y construir un mercado digital de verdad. Porque los mercados necesitan reglas, pero nacen y crecen gracias a la colaboración, a la oferta y la demanda, y se formulaba esta pregunta: "¿Por qué no hay un Google, o un Facebook o un Amazon europeo?"

Como respuesta a esta cuestión se argüía que la solución a esta situación se encontraba en la llamada estrategia del Mercado Único Digital, que trata de ser un compendio de medidas para atajar las dos posibles explicaciones: los problemas internos que impiden el desarrollo y crecimiento de gigantes tecnológicos, o bien la competencia desleal y el abuso de los norteamericanos. Bruselas cree que ambos factores van de la mano en este caso y para eso reacciona o sobre reacciona ahora. Y por ello cabe afirmar que la falta de coherencia y de armonización legal en la Unión está suponiendo un auténtico lastre que está perjudicando muy seriamente a los consumidores, y genera barreras infranqueables a las empresas para poder competir con las foráneas en una situación de igualdad.

Por ello, cabe cuestionarse si los modelos jurídicos existentes son los más adecuados para propiciar este necesario desarrollo empresarial. Siempre se ha señalado que el modelo regulatorio europeo, excesivo a todas los luces, está suponiendo un freno al desarrollo empresarial, frente a los esquemas seguidos por otros países, donde se cree más en el autogobierno de las empresas, sobre la base de una serie de principios, sometidos a una regulación mucho más benigna o atenuada.

Ante este planteamiento, surge la más que tradicional controversia entre garantías y controles. La protección de los derechos fundamentales constituye una base irrenunciable de actuación, aunque, con toda probabilidad, el modo conceptual con el que se está llevando a cabo su defensa no sea el más adecuado, y de ahí el lastre empresarial que se arrastra frente a nuestros competidores extranjeros.

La Comisión Europea ha tratado de poner término a esta preocupante situaciónde desequilibrio que determina que la brecha económica derivada de la implantación de las tecnologías digitales sea cada vez mayor entre Europa y Estados Unidos, y siempre en detrimento de nuestros consumidores y empresas. Para ello, debe partirse de que existen unas importantes oportunidades derivadas de las tecnologías digitales, pero este desarrollo económico es necesario consolidarlo mediante importantes reformas legislativas, que se concreten en ámbitos tan determinados como la regulación de las telecomunicaciones, los derechos de propiedad intelectual, la legislación sobre protección de datos de carácter personal y del derecho de la competencia, los aspectos contractuales más básicos o el tratamiento fiscal del IVA, completamente diferente entre unos Estados de la Unión y otros.

Esta es la posición de la Comisión Europea, y su voluntad de crear un mercado único digital conectado, que abarque a todos los sectores de la economía, con un diseño de carácter transversal, y que mejore el acceso de los consumidores y de las empresas a los bienes y servicios en línea, creando las condiciones adecuadas para que las redes y los servicios digitales prosperen, aprovechando, en todo caso, el potencial de crecimiento de la economía digital europea y del sector público. Todo ello conlleva una importantísima inversión en infraestructuras de las TIC, en tecnologías de computación en la nube, en el tratamiento de datos masivos y en el desarrollo de internet de las cosas a los efectos de impulsar la competitividad industrial. En este sentido, se sostiene que los datos constituyen el catalizador del crecimiento económico, la innovación, y la digitalización de todos los sectores económicos, especialmente en lo que se refiere a las Pymes.

En paralelo, no pueden desdeñarse, tal como se ha indicado, los beneficios derivados de la mejora y el incremento de los servicios públicos basados en tecnologías digitales. Para este desarrollo económico, factores tales como la interoperatividad y la normalización constituyen, ciertamente, cuestiones esenciales que tienen que ser abordadas.

Del mismo modo, es importante mencionar que esta estrategia del Mercado Único basado en las TIC, trata de impulsar el comercio electrónico, impidiendo las discriminaciones actualmente existentes contra los consumidores y las empresas, cuando las mismas intentan acceder a contenidos o comprar bienes y servicios en línea en la UE. Y todas estas medidas, al parecer serán presentadas por la Comisión Europea antes de finalizar el primer semestre de 2016.

Y ante esta batería y aluvión de propuestas y mejoras que se avecinan, cabe preguntarse, ¿Son suficientes las reformas que se proponen?, ¿Conseguirán su objetivo de equiparar a las empresas europeas con las foráneas? ¿Podrán competir nuestras empresas con aquellas en un mercado único?

Las respuestas a estas cuestiones, a riesgo de equivocarse, es de suponer que sean negativas. Las razones de ello no sólo se deben a la mejora y más actualizadas condiciones de regulación, sino a la propia filosofía con la que se aborda la realización de estas reformas, las cuales deben proyectarse sobre un mundo globalizado, eliminando desde la visión empresarial toda clase de barreras y fronteras, incluso las de la propia Unión Europea. Mientras ello no se conciba desde esta perspectiva difícilmente las empresas europeas podrán competir en un marco general de igualdad.

Por Javier Puyol. Magistrado y letrado del Tribunal Constitucional en excedencia. Socio de Ecixgroup 

WhatsAppTwitterTwitterLinkedinBeloudBeloud