Opinión

Donald Trump juega al ajedrez con sus socios comerciales

La posible imposición de aranceles a determinadas importaciones europeas es un nuevo capítulo en las idas y venidas que en materia comercial está dando la Administración Trump. Con la información disponible hasta la fecha, hay una elevada probabilidad de ser otra amenaza no creíble como las muchas lanzadas en los anteriores meses. Pero en cualquier caso, es un anuncio que tiene un impacto económico significativo y que ayuda más bien poco a vertebrar el futuro de las relaciones entre la Unión Europea y Estados Unidos.

En el nuevo escenario geopolítico, es clave diferenciar entre movimientos tácticos de corto plazo y la estrategia de largo plazo. Esta diferencia fundamental puede contemplarse en las formas y el fondo de la política exterior americana: mientras Trump profiere discursos incendiarios, su secretario de Estado Pompeo negocia nuevas relaciones con los socios tradicionales y con otros que han participado en menor medida del proceso globalizador. Clave es, por ejemplo, el enorme esfuerzo negociador de Corea del Sur, China y Estados Unidos para acabar con un quebradero de cabeza que ya dura medio siglo como es el del Paralelo 38 (Corea del Norte).

Hábil moviendo ficha

En este sentido, Trump está jugando al ajedrez con sus socios comerciales, especialmente con China y ahora con la Unión Europea. Como en otro tiempo le ocurrió a Napoleón, Trump no es especialmente brillante pero si hábil a la hora de mover ficha, cogiendo desprevenidos a socios comerciales como la Unión Europea que intenta mantener un statu quo comercial agotado en forma de "tratados multilaterales".

Tras años de paralización total de las negociaciones multilaterales de libre comercio en el seno de la Organización Mundial de Comercio (OMC), era necesario desencallar un proceso en "vía muerta" y darle un sentido diferente. Evidentemente, siempre que se habla de comercio, pueden surgir tensiones proteccionistas pero a día de hoy el proceso globalizador tiene una robustez extraordinaria que es muy difícil de parar.

Por ello, los ajedrecistas mueven sus peones en el tablero global de tal forma que configuran poderes negociadores asimétricos que ayudan a conseguir acuerdos más favorables en un momento dado. Si esto no se comprende en Bruselas -y todo parece indicar que así es en virtud de la rueda de prensa de la comisaria de Comercio Malmström- la probabilidad de cometer graves errores en la estrategia geopolítica es ciertamente elevada.

Por tanto, la Comisión Europea tiene la oportunidad de mover un peón en aras de ganar poder negociador frente a Estados Unidos a través del endurecimiento de la prohibición de ayudas de Estado al carbón y al acero. No sería razonable utilizar una "doble vara de medir" oponiéndose a los aranceles americanos, mientras hace menos de un año Europa establecía unos aranceles "muralla china" a la importación de acero proveniente del gigante asiático, acusándoles de ayudas de Estado. Mientras que el arancel anunciado por Estados Unidos es del 25 por ciento al acero europeo, el que la Comisión puso al acero chino en 2017 fue del 35,9 por ciento.

No es casualidad que los productos que pueden ser sometidos a arancel y los que ya lo han sido en lo que va de 2018, tienen una importante subvención pagada o bien por los Estados nacionales o bien por políticas europeas. Es el caso de los 1.100 millones de euros denunciados por ayuda ilegal de Estado concedidos por el Gobierno italiano a la siderúrgica Ilva que es el tercer fabricante de acero más importante de Europa (de los cuales finalmente se han reclamado 84 millones en diciembre de 2017) o los 211 millones de euros reclamados a Bélgica en 2016 también por ayuda ilegal a la distribuidora acerera suiza Duferco.

Otro caso es el de los productos agrarios, especialmente la polémica con la aceituna negra. En este caso, el arancel del 17 por ciento impuesto por el Departamento de Comercio de Estados Unidos cuantifica aproximadamente la distorsión que en precio de origen provocan los pagos directos de la Política Agraria Comunitaria (PAC).

Por último, hay una cuestión no menos importante. El centro de la controversia comercial es el acero y otros metales básicos. No hay que confundir la tendencia ni la evolución del comercio global con "batallas" particulares como la de este sector que se encuentra en una crisis profunda. En vez de acometer una reconversión industrial, los políticos europeos, americanos y chinos prefieren seguir subvencionando al sector para evitar el coste político y social derivado de su reestructuración.

Principio de reversión

En suma, si algo hay evidente en la práctica económica es el principio de reversión a la media, también en materia de acuerdos comerciales y de inversión. Por ello, es de esperar que en un plazo razonable, los jugadores alcancen un acuerdo que va a depender de la habilidad con la que Europa coloque a sus peones. Siguiendo el ejemplo histórico, Europa debería aprender a jugar como lo hacía el hombre que se escondía bajo la famosa maquina "El Turco" que derroto por tres veces al hábil Napoleón.

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