Opinión

Una Europa a dos velocidades

Imagen: Getty.

Dudas, incertidumbre, indecisión. Hasta zozobra. Juncker, el presidente de la Comisión europea ha planteado para Europa diversas alternativas. Una de ellas es la de la Europa de las dos velocidades. Los Estados más ricos van a ir más deprisa. Los más pobres deben tomarse su tiempo. La integración no corre prisa. No sea que los deseos o las ansias por alcanzar unos objetivos, nos hagan perder el equilibrio.

¿Dos velocidades? La cuestión no es nueva. Se ha discutido en el pasado largamente sobre ello. Pero por parte de la Comisión la actitud era severa, inapelable. La vía era única. Todos los países debían cumplir unas mismas normas, hacer unos mismos deberes. ¿Cuáles? Pues la ortodoxia en el ámbito económico y presupuestario. Freno a los déficits. Establecimiento de unos límites que no podían superarse, sin arriesgar unas sanciones importantes.

El resultado de esta política es ya conocido. La austeridad, la contención han conducido al populismo. En Grecia, en Italia, en España. ¿Valía la pena el sacrificio? Pues a lo mejor no. Y podría ser más contundente.

Y ahora Juncker se plantea el nuevo panorama. Como si nada. Lo que hace unos años habría sido una herejía, ahora se contempla como una alternativa. Sí, alternativa para "salvar" a la Unión. Si Juncker no estuviera muy convencido que el proyecto europeo, puede empezar a desvanecerse, no habría recurrido a las diversas fórmulas para que el invento siga adelante. Lo de los británicos fue una especie de traición. Una traición de los que nunca creyeron en la Unión europea. Pero que le infligieron un daño enorme. Que aún no ha podido superar.

Pero la Europa de dos velocidades, no va a ser posible manteniendo la moneda común. El Euro tendrá que quedarse con Alemania, con Holanda, quizá con Francia. Difícil que una moneda pueda subsistir con unos Estados que despliegan políticas económicas diversas. El mismo Banco Central europeo tendría que replantearse su papel en este nuevo escenario. Es pronto aún para adelantar acontecimientos. Pero las palabras de Juncker y el encuentro en París de Hollande, Merkel, Rajoy y Gentiloni, transmiten un mensaje claro. El convencimiento de que el futuro de la Unión Europea está ahora en juego.

Y que por el momento, nadie sabe o nadie se atreve a pronosticar cuál va a ser el camino a seguir. Invierno en Bruselas. Invierno en la Comisión. Frío. La primavera, aún muy lejos.

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