Opinión

Jesús Fernández-Villaverde: Hay mejores maneras de ahorrar

El Gobierno ha anunciado una reducción de la velocidad máxima en autovías y autopistas a los 110 kilómetros por hora. El objetivo es el ahorro de combustible. En palabras de Rubalcaba: "Lo hacemos para ahorrar petróleo, un 15 por ciento en gasolina yun 11 por ciento en gasóleo.

Estamos hablando de una medida que pretende reducir el consumo de carburantes". Es más, la medida no afectará al carné por puntos, porque "no tiene nada que ver con la seguridad vial".

A los economistas nos encanta hablar de este tipo de medidas pues sirven para ilustrar las diversas maneras en las que una sociedad afronta el problema de la escasez, en este caso de energía. Si el mercado del petróleo funcionase sin imperfecciones y sin intervención de los gobiernos, la caída en la oferta mundial de energía causada por las revoluciones en el mundo islámico y el incremento de la demanda causado por el crecimiento económico de Asia no tendría más secreto.

La subida de precios llevaría a la entrada en línea de nuevas fuentes de producción (o el uso más intensivo de las existentes) y una reducción del consumo. El porcentaje de ajuste que corresponde a cada lado del mercado depende de lo fácil que se operen estos cambios y, además, pueden variar con el tiempo.

Por ejemplo, el consumo de energía responde poco en el corto plazo a los precios, pero mucho en el largo. Piense en este ejemplo: su coche ahora consume x litros por 100 km, así que aparte de conducir menos y más despacio, poco puede hacer al respecto; pero cuando en un par de años lo cambie, si el combustible sigue caro, es probable que el consumo de su nuevo vehículo sea un factor clave en su elección de modelo.

Pero claro, el mercado de la energía (y sus usos) no funciona así, sino que está bastante intervenido. Algunas de las intervenciones son lógicas. Por ejemplo, los límites de velocidad en la autopista intentan corregir el hecho de que yo, cuando corro mucho, causo dos externalidades (contaminación y riesgo a terceros conductores) más elevadas, y que estas externalidades no las contabilizo en mi cálculo de beneficios y costes de elegir una velocidad de viaje.

Otras intervenciones, como la titularidad pública de muchas compañías energéticas, tienen más que ver con el deseo de políticos y grupos de presión de apropiarse de rentas. Todas estas intervenciones tienen un efecto sobre los precios.

Por ejemplo, la decisión de Arabia Saudí de aumentar o no su producción en las próximas semanas tendrá consecuencias de primera magnitud sobre los precios y los cálculos de Aramco al respecto poco pueden tener que ver con los de un maximizador del beneficio de la economía tradicional.

Por tanto, debemos ser cuidadosos con el análisis e intentar considerar los efectos del encarecimiento de la energía de una manera más global. Aun así y tras estas advertencias, mi presunción es que la medida del Gobierno no es la más adecuada. Si, como sociedad, hemos decidido que España tiene que consumir menos combustible (lo cual no es obvio para mí, pero para centrar el debate voy a asumirlo), el limitar la velocidad en las autopistas no es la manera mejor de hacerlo.

La medida no es productiva

Déjenme que les explique. La idea básica es que queremos eliminar aquellos usos de energía que aportan menos a la sociedad. Y aunque conducir más deprisa pueda ser un candidato a ello, no es seguro que así lo sea, ni es claro que el Gobierno tenga la información para tomar esta medida. ¿Debemos reducir el consumo de energía obligando a un ingeniero que viaja de una ciudad a otra para que las factorías de su empresa funcionen bien a ir más despacio? Los costes de tal medida son que al ir, aproximadamente, un 10 por ciento más despacio, al final del mes habrá visitado, pongamos, una factoría menos y no haber resuelto los problemas de ésta (o haberle obligado a trabajar más horas para compensar desplazamientos más largos).

Los beneficios son la reducción en el consumo, en la contaminación y la mejora de la seguridad vial. ¿Por qué no, en vez de ello, limitar los viajes de placer durante los fines de semana aunque estos se hagan a 110 kilómetros por hora? Esto también reduce el consumo, la contaminación y los accidentes. ¿Quién nos dice que la sociedad valora más estos viajes de fin de semana que las horas de trabajo del ingeniero? Puede que sí, puede que no, pero el regulador no lo sabe (y yo, como economista, tampoco).

Es más, puede hasta tener efectos paradójicos. Por ejemplo, imagínese una familia que tiene dos coches, uno pequeño y uno grande que consume mucho más.

Bien puede ser que esta familia, al obligarles a conducir más lentamente y por tanto pasar más tiempo en el vehículo, prefiera coger el coche grande que es más cómodo y con ello gastar más gasolina.

O, en el ejemplo del ingeniero, que ahora este tome un avión en vez de conducir y termine consumiendo todavía más combustible. Y aunque estos efectos paradójicos puedan ser pequeños, ilustran lo que estoy intentado explicar de malas decisiones de la sociedad.

Solución más sencilla

Una solución más sencilla es utilizar el mecanismo de precios. El Gobierno podría introducir un recargo temporal al impuesto sobre la gasolina. Unos precios más altos inducen a tomar las medidas de ahorro que la sociedad valore más.

Volvamos al caso del ingeniero. Si es un ingeniero muy productivo, probablemente le compense pagar el coste adicional de la gasolina. Si no lo es, simplemente conducirá más despacio. Con una gasolina más cara, algunas familias no saldrán de fin de semana y se irán a pasear al parque.

Déjenme que enfatice esto: la subida de la gasolina no implicará que usted lector utilice menos el coche o gaste menos en gasolina. Implica que el usuario marginal, el que está más cerca de la indiferencia, utilice menos combustible.

Quizás sea su hijo que vaya a la universidad mañana en autobús, pues prefiere tomarse una cerveza más este fin de semana a pagar la gasolina. Quizás sea su vecino, que se salte el viaje del fin de semana. Quizás sea su primo, que finalmente decida que es el momento de comprarse un Mini y jubilar el todoterreno. En todo caso cada persona tomará la decisión más adecuada dadas sus preferencias, habilidades e información y, en general, la sociedad española ahorrará gasolina de una mejor manera.

Argumentos contra los recargos

Hay dos argumentos típicos contra este tipo de recargos. Uno que favorece a aquellos con mayor nivel de renta. Otro que una mejor medida sería potenciar el transporte público. Ninguna de las dos objeciones es adecuada.

La primera porque el Estado recibe unos ingresos adicionales que son utilizados para pagar pensiones, sanidad, educación, etc. (o reducir otros impuestos). Básicamente, intercambiamos el uso de combustible a aquellos que lo valoran de manera más alta a cambio de que financien cosas que queremos como sociedad.

Asignar de manera incorrecta el uso de combustible, como lo hace la limitación de la velocidad, reduce los bienes y servicios que tiene la sociedad. Es mucho mejor producir la mayor cantidad posible de bienes y servicios (en mi definición de bienes y servicios incluyo ocio, parques, etc.) y repartirlos de una manera correcta.

Es decir, al final un sistema bien diseñado de recargos favorece más a las personas de renta baja (que reciben los bienes públicos adicionales que podemos financiar o las reducciones de impuestos centradas en esos grupos) que a las personas de renta alta, por mucho que estás sean las que conduzcan más.

La segunda objeción tiene un problema conceptual. Como decía antes, no está claro cómo queremos reducir el consumo de combustible en la sociedad. ¿Al ingeniero o a la familia que se va de fin de semana? Lo mismo pasa con el trasporte público, ¿queremos que la familia vaya de fin de semana en tren o que se quede en casa? ¿Que la gente viva cerca del trabajo o lejos pero tenga un buen metro?

En tanto que el transporte público significa que el tren o el metro va a estar subvencionado, la familia no internaliza por completo el coste de su viaje de fin de semana y el trabajador el coste de sus desplazamientos y por tanto, como sociedad, de nuevo no empleamos los recursos de la mejor manera posible.

Esto no quiere decir que no haya que tener unos buenos transportes públicos o que éstos tengan que mejorar (por ejemplo, para reducir la congestión). Simplemente que no es obvio que ésta sea la manera en la que la sociedad quiera responder a la escasez de combustible.

A más y a mayores, un recargo sobre la gasolina puede ser destinado a subvencionar, pongamos, los trenes de cercanías y con ello encarecer el coche y abaratar el transporte público. Al final, una buena política de transportes públicos no es el sustituto del recargo sino un complemento en una política nacional coherente de ahorro energético.

Seguridad vial

Tenemos, finalmente, una objeción a la que le doy más peso: el que la reducción de la velocidad máxima mejore la seguridad vial y que esto compense los costes de mala asignación de tiempo de conducción (la reducción de la contaminación también se logra con un recargo, que además también baja otra externalidad a la que me referia antes, la congestión). Esto bien puede ser así, pero aquí me fio de las palabras de Rubalcaba que indican que no es lo importante.

En resumen, y con todas las advertencias anteriores, mi opinión es que existen mejores maneras de ahorrar combustible.

Jesús Fernández Villaverde. Univesridad de Pensilvania-Fedea. Nadaesgratis.es

WhatsAppWhatsApp
FacebookFacebook
TwitterTwitter
Linkedinlinkedin
emailemail
imprimirprint
comentariosforum10

Algarrobo
A Favor
En Contra

No es frecuente ver un artículo de esta calidad en este periódico. Tengo curiosidad por leer los comentarios de la parroquia que pasa el día aquí.

Puntuación 9
#1
Milton Friedman
A Favor
En Contra

Brillante como siempre el señor Villaverde. Este es un verdadero economista, no Niño Becerra.

Puntuación 3
#2
no se hizo la miel para esto
A Favor
En Contra

Pero hombre de Dios...

¿Usted de verdad pretende que todo lo que ha expuesto, que es sencillamente razonable y lógico, lo entienda una estabulacion de asnos?

Empecemos por decir que en Venezuela son desde hace mucho tiempo una democracia y eligen a Chavez. ¿Que espera de la predicación de la Investigación Operativa como herramienta en los barrios de Caracas? Pues ya se lo digo yo, cero.

El problema que tiene España no es energético, ni de liberalización de mercados y servicios, ni de reduccion y agilización del dinosaurio público, ni de liberalización del merdado de trabajo, no. Es algo diferente y muy anterior a esto, es llegar al estadío de educación, civismo, sensatez y madurez social que tiene una sociedad civilizada europea. A partir de ahi todo viene ya rodado porque la sociedad misma penaliza las payasadas demagogicas y asume los sacrificios sensatos y razonados.

Gobiernos socialistas en Europa Occidental: Grecia, Portugal y España. ¿Tiene esto algo que ver o es una simple casualidad?

Esto un parche, una payasada y un hacer que hago porque no sé qué hacer.

Y una más.

Puntuación 19
#3
arturo
A Favor
En Contra

En otros paises planteandose aumentar la velocidad maxima en ciertos casos y hasta suavizar los excesos en las leyes antitabaco y aqui la de siempre.

Este gobierno esta muy acabado y deberia empezar a plantearse que no va a remontar y que cuanto mas siga peor, no solo para nosotros sino para ellos que van a caer muy, muy abajo.

Puntuación 2
#4
Racional
A Favor
En Contra

Los recargos son buenos recaudando impuestos cuando se aplican a productos como la gasolina con demandas rígidas, y por lo mismo no son buenos para reducir el consumo hoy y ahora, como el mismo Villaverde reconoce cuando dice que nos adaptaremos a largo plazo a la subida de la gasolina. Si queremos ahorrar ya es mejor la medida de reducir la velocidad máxima permitida, no quita que se suban los impuestos además. De hecho me parece una medida muy moderada, yo lo pondría a 80 kms/h. Sr. Villaverde, la gasolina ya tiene muchos impuestos y no tiene más que respirar el aire de Madrid para comprobar que no son eficaces para, por ejemplo, eliminar la contaminación (no hablo de reducir). Es mucho más eficaz establecer un precio por usar el coche, por ejemplo: un peaje más alto cuanto más corto sea el trayecto. De eficacia probada en Londres. Y, por favor, la medida es civilizatoria precisamente, no demagógica, la prueba de de ello es que es impopular.

Puntuación 1
#5
Eugenio
A Favor
En Contra

LO QUE NECESITAMOS ES QUE ESTE GOBIERNO NEFASTO ACABE DE IRSE DE UNA VES, YA A LOGRADO QUE SEAMOS LOS PRIMEROS EN TODO LO MALO Y AHORA DE PASO LOS MAS LENTOS, VÁYANSE POR FAVOR.

Puntuación 4
#6
órdago
A Favor
En Contra

Pues yo, para validar el argumento de algún anterior, que seguro que será un crack como aquel crack lógico de Buridan, pondría la velocidad máxima a 20 Km/h, de tal forma y manera que como sería mucho más práctico ir en bici o corriendo evitariamos no solo el consumo de hidrocarburos para automoción sino de paso el derivado de la producción de vehículos a motor, que no es moco de pavo.

Todo lo que no sea eso es promover el despilfarro y los muertos en carretera, que hay que ser muy antipatriota para asumir velocidades tan peligrosas y antipatrioticas como los 80 Km/h.

Ordago.

Puntuación -3
#7
Racional
A Favor
En Contra

Órdago, has llegado tú solo a la conclusión. Sin duda es más práctica la bici, pero decirlo en un país de paletos "enriquecidos" (mejor endeudados) sí suena antipatriótico.

Puntuación 0
#8
pttres
A Favor
En Contra

Poner la gasolina a 2€/litro, por ejemplo, no asegura mayor recaudación o menos consumo. Si utilizase el coche el mismo número de personas que antes del recargo, recaudaríamos más y consumiríamos más. Si utilizase menos gente el coche, habría una reducción en consumo que no sabemos si compensaría la recaudación por el recargo, pagado eso si por quienes llenen el depósito sin mirar su bolsillo.

Pero a 2 €/litro, quien sale beneficiado, es quien puede pagarlo. Quien no, o no emplearía el coche, o conduciría a 90km/h para optimizar y compensar precio y gasto.

Si buscamos que todos aquellos que lo necesitan sigan conduciendo, y queremos ahorrarnos algo, aliviar algo la factura del Estado, reducir la velocidad funciona. Quizás sólo en un 3% (datos del Ministerio de Industria), pero al menos es algo.

Ahora, en un País donde el vecino nos importa lo justo y donde sólo miramos por nuestro enriquecimiento personal, yo pondría la gasolina a 5 €/litro y el que no aguante el tirón, que emigre y se marche.

Puntuación 1
#9
achilipu apu apu
A Favor
En Contra

Con deciros que soy un trabajador de la DGT y la medida ha pillado de nuevas a todos.. ha sido pura decisión política, nada de estudios que avalen la reducción de consumos, ni 15% ni 11% ni gaitas..

Es más, ahora es cuando estamos haciendo informes sobre consumos para ver si el ministro se ha dado un piscinazo con las cifras de ahorro, o no.

Así nos luce el pelo.

Puntuación 2
#10