Opinión

Luis Crespo: Su recibo de luz y las renovables

Si le preguntasen a usted, lector, si prefiere que sus pagos por la electricidad se queden en salarios en España o que engrosen las cuentas de los países exportadores de gas y petróleo; si le preguntasen a usted, lector, si le gustaría que se eliminase la vulnerabilidad de nuestra economía ante las subidas descontroladas de los precios de los combustibles fósiles; si le preguntasen a usted, lector, si desea que el transporte, las industrias y los hogares, así como la generación eléctrica redujesen las emisiones de CO2 y que el abastecimiento energético estuviese exento de riesgos de catástrofes; no me cabe ninguna duda que usted, estimado lector, igual que el conjunto de la ciudadanía y la mayor parte de las organizaciones internacionales relacionadas con la energía, apoyaría que las renovables pasasen a cubrir la mayor parte de nuestras necesidades energéticas.

Las únicas dudas que podrían entrarle serían si los costes de las renovables representan una barrera infranqueable a corto plazo o que pensase que estas tecnologías de aprovechamiento son todavía inmaduras y no tienen la fiabilidad de las tecnologías convencionales.

Respecto a la primera duda, son muchos los estudios objetivos realizados por consultoras de reconocido prestigio que demuestran que, a nivel macroeconómico, son mucho mayores los beneficios económicos que las energías renovables retornan a la sociedad que las ayudas que reciben para su instalación.

Pero, incluso comparando costes de generación eléctrica, hay tecnologías, como la eólica, que tras diez años de apoyo decidido a su implementación a nivel mundial ya presenta costes competitivos con la generación convencional en determinados emplazamientos, y lo mismo va a ocurrir con la fotovoltaica y las centrales solares termoeléctricas en breve.

Respecto a la segunda duda debe tranquilizarle pensar que en muchos periodos de 2010 las energías renovables han generado alrededor de la mitad de la electricidad consumida en nuestro país sin ninguna incidencia en la calidad del suministro.

La historia de las revoluciones tecnológicas que han ido transformando el mundo nos muestra que siempre ha habido intentos de rechazo por parte de los núcleos económicos de poder, defendiendo sus intereses establecidos.

Así, la Revolución Industrial de finales de siglo XVIII, con la invención de la máquina de vapor, no se libró de la presión de los lobbies aristócratas para mantener el antiguo sistema de producción que se veía amenazado por las máquinas.

El tren como medio de transporte soportó boicots y amenazas a mediados del siglo XIX, pero no pudieron impedir su desarrollo ni que hoy contemos con la avanzada tecnología de la alta velocidad.

Aprovechar el cambio

Así, también la introducción de la electricidad a principios del siglo XX o de las tecnologías de la información y las comunicaciones en el último cuarto del siglo XX despertaron innumerables temores, pero se abrieron paso y no podríamos imaginar actualmente nuestro mundo sin ellas. Y ahora, al principio del siglo XXI, ha comenzado el cambio imparable del modelo energético gracias a las tecnologías de aprovechamiento de las energías renovables, que son sostenibles, de potencial infinito y de coste predecible.

Estas tecnologías, maduras pero con capacidad de seguir perfeccionándose y abaratándose -a diferencia de la subida progresiva que tendrán los combustibles fósiles con su disminución de reservas y la internalización de sus impactos medioambientales- ponen no sólo en peligro la utilidad de inversiones realizadas en escenarios de crecimiento insostenibles, sino la propia distribución del poder, eliminando la vulnerabilidad de las economías de países, tanto industrializados como en vías de desarrollo.

España puede presumir de una posición de vanguardia en estas tecnologías, particularmente en la eólica y la termosolar, en un momento en el que en el mundo entero se están acometiendo ambiciosos planes de expansión.

Esta oportunidad histórica sólo podrá ser aprovechada por nuestras empresas si se mantienen en primera línea gracias al desarrollo de nuestro mercado interior en el que poder implementar las innovaciones y referencias más avanzadas para su posterior exportación.

Pocos sectores industriales pueden presentarse como un caso de éxito del apoyo continuado a la I+D, de la excelente formación en nuestras universidades y de la respuesta de nuestras empresas a un marco normativo que ha permitido su despegue y cuyos apoyos recibidos están siendo retornados a la sociedad con creces.

Las renovables ya no son una utopía. Representaron un 35 por ciento de la generación eléctrica en España en 2010 y son un floreciente sector por el que han apostado las principales compañías de nuestro país.

Su contribución al déficit tarifario es discutible, ya que rebajan sustancialmente el precio del pool en mayor medida que las primas que reciben, mientras que su contribución a la reducción del déficit público es muy positiva, ya que las inversiones son todas privadas, ahorran importaciones de gas y carbón, exportan tecnología, reducen el coste por emisiones y generan mucho empleo. En definitiva, una excelente apuesta por el presente y el futuro de la economía de nuestro país.

Luis Crespo. Patrono, Fundación Renovables.

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