Opinión

Suecia o el inicio del Estado de Bienestar

En numerosas ocasiones escucho alusiones a Suecia como un modelo a imitar de Estado de Bienestar. Sin embargo, tengo la impresión, por los autores que hacen estos comentarios, de que desconocen por completo cómo está construido ese modelo, alejado por completo de la vieja utopía de la expansión estatal.

El eficiente modelo sueco actual está basado en privatizaciones, reformas y competencia. Bienvenido al mundo real, querido lector. Además, se ha transformado en uno de los países más capitalistas del mundo. Es lo que algunos autores han calificado como el capitalismo del bienestar. Sé que en nuestro país la palabra capitalismo aún levanta ampollas injustas, pero si profundizamos en esa herida, llegamos a la conclusión de que el vocablo está relacionado aún con un capitalismo rancio, insolidario y concretado en golfos, que no empresarios, cuya actividad ha sido "coge el dinero y vete".

El modelo de bienestar sueco funciona porque está basado en la colaboración entre organismos públicos y privados, situando al ciudadano en el epicentro y dándole la opción de que escoja en libertad. En aquel país han sabido dejar a un lado ridículos dogmatismos que sólo llevan al empobrecimiento. Con amplitud de miras, han sabido conjugar empresa privada y sociedad del bienestar, porque se han dado cuenta que los políticos pueden favorecer la creación de riqueza y empleo, pero quien las crea realmente es la suma de empresas pequeñas, medianas y grandes.

Hace muchos años, actividades como los servicios de empleo, el teléfono o el correo postal eran objeto de un estricto monopolio estatal. Sin embargo, ahora todo está privatizado o sometido a la ley de la competencia. Pero este nuevo modelo sueco no surgió de forma espontánea, sino tras una profunda crisis que me recuerda cada vez más a la que estamos sufriendo en nuestro país desde finales de 2007. Al contrario que nosotros, los suecos fueron rápidos, buscaron el consenso y construyeron un proyecto nacional integrador. Los socialdemócratas pronto se dieron cuenta de que el modelo creador de riqueza para todos era la empresa y que, por tanto, había que cuidarla, no castigarla. El capitalismo y la socialdemocracia de aquel país, entendieron que unidos ganaban más que a través de la superada lucha de clases.

Los suecos han demostrado que la base más sólida del Estado de Bienestar es la iniciativa privada y que la política debe trabajar para asegurar la igualdad básica de todos los ciudadanos. Es capital incentivar la creación de empleo, porque si los desempleados tienen que sobrevivir con subsidios, se provoca un déficit que llega a ser insostenible tarde o temprano. En estos momentos, resulta necesario el ahorro de prestaciones por desempleo. Y una probada manera de hacerlo, véase el caso sueco, es aunando todos los recursos, tanto públicos como privados, de forma gratuita para el desempleado, que amplíen sus posibilidades de acceder al empleo.

Francisco Aranda Manzano, vicepresidente de la Confederación Europea de Agencias Privadas de Empleo.

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